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Asesinato en el hipódromo

El único aspirante capaz de derrotar a Rubalcaba en unas primarias es José Bono. Quizá él sea el asesino.

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La joven estaba tendida en la hierba, justo en el centro de la pista central del hipódromo. Allí yacía "La Niña de González", inevitablemente sin vida, boca abajo, herida por una única y certera puñalada. La Policía deduce un suicido por la carta que ha dejado la interfecta. "Hoy considero que mi mejor aportación es esta decisión en pro de la unidad de mi partido" se lee en ella. Sin embargo, ha sido un asesinato. Uno de los más difíciles porque el problema no es que no hay sospechoso, es que hay muchos.

Si se abriera una investigación, las primeras pesquisas se dirigirían contra Rubalcaba, el obvio beneficiario de la muerte de la finada. Ahora no hace falta un congreso que ganar porque, aunque haya primarias, será el único candidato.

Pero Rubalcaba quizá no haya sido. No necesitaba mancharse las manos de sangre. Le hubiera bastado forzar la mano de Zapatero e imponer en el Comité Federal la convocatoria de un congreso extraordinario en el que no sólo se le habría elegido candidato, sino que también saldría de él como secretario general.

El crimen podría haberlo cometido Zapatero. Empeñado en seguir siendo presidente de Gobierno hasta marzo, prefiere unas primarias porque no cuestionan su jefatura del partido ni del Gobierno hasta que toquen las elecciones. Algunos creyeron que su empeño se debe a que apoya a Chacón. Pero no. Zapatero quiere primarias y no congreso por disimular la evidencia de que lo echan. Puesto ante la amenaza de un congreso que podría obligarle a dimitir o a convocar elecciones anticipadas, ha preferido eliminar a la joven promesa para que ya no tenga sentido insistir en un congreso y Rubalcaba se conforme con unas primarias a las que ahora sólo se presentará él.

No obstante, antes de descartar a Rubalcaba y acusar al presidente por el asesinato de Carme Chacón, no estaría de más asegurarse de que el culpable no ha sido un tercero. Es posible que quien tenga interés en que Rubalcaba acepte unas primarias y se olvide de lo del congreso sea alguien que quiere presentarse a ellas, que sólo tiene una oportunidad razonable de vencer si no se presenta Chacón, y que sólo dirá que va a estar en la carrera cuando haya sido convocada. El único aspirante capaz de derrotar a Rubalcaba en unas primarias es José Bono. Quizá él sea el asesino.

O puede que Rubalcaba haya obrado por cuenta de otro, alguien que, oculto en la maleza, espera saltar a la yugular de Zapatero en un congreso o tras unas primarias. Tendría que ser un nombre con un prestigio tan abrumador que fuera capaz de intimidar a cualquier competidor. A cualquiera, menos a Chacón, quien parecía estar dispuesta a presentarse en cualquier caso. Por eso yace hoy inerte en la yerba.

En fin, un asesinato, desde luego, pero ¿quién es el asesino?

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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