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El encanto de la fractura

Las tres opciones garantizan que no se perderá un solo voto que, sin ser nacionalista, esté a la derecha del muy radicalizado PSOE. Si tan sólo se presentara uno de los tres partidos, esto estaría muy lejos de estar garantizado.

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Cordon Press

Hay una generalizada preocupación entre los votantes de derechas acerca de la posibilidad de que Sánchez conserve la presidencia del Gobierno con los inquietantes apoyos que hoy lo sostienen a consecuencia del fraccionamiento del voto entre Ciudadanos, PP y Vox. El sistema D’ Hondt castiga, en las circunscripciones pequeñas, que son muchas, al tercer partido. Sin embargo, esto es así sólo en las circunscripciones pequeñísimas. En las que eligen cinco o seis diputados sólo es verdad cuando los dos partidos mayoritarios lo siguen siendo de forma abrumadora.

Pero, PP y PSOE ya no son lo que eran. Y, en la derecha, han cambiado muchas cosas. La traición a los propios electores y la inclinación a ejecutar programas de izquierdas por buscar el aplauso de quienes no les votan, ha hecho que muchos electores de derechas no quieran votar al PP. Mientras Casado no tenga la oportunidad de demostrar su lealtad a los principios del PP desde puestos de Gobierno y no simplemente de boquilla, será para él imposible recuperar los votos de los decepcionados. La única forma que tiene la derecha de aprovechar estos votos, y no perderlos en la abstención, es ofreciendo una alternativa creíble al PP. Los electores que, sintiéndose moderados o centristas, estén preocupados por las amenazas a la unidad de España y crean que el PP ha sido excesivamente tibio ante ellas, tienen a Ciudadanos. Los de derechas que estén igualmente preocupados por la unidad de España y piensen del PP lo mismo que los anteriores, disponen de la opción de Vox. Y quienes, siendo también de derechas, crean que Ciudadanos es demasiado izquierdista y Vox excesivamente dogmático, pueden seguir votando al PP confiando en que Casado no les decepcionará como hizo Rajoy.

Las tres opciones garantizan que no se perderá un solo voto que, sin ser nacionalista, esté a la derecha del muy radicalizado PSOE. Si tan sólo se presentara uno de los tres partidos, esto estaría muy lejos de estar garantizado. Puede que sea perjudicial en las circunscripciones muy pequeñas. Pero, en éstas, la sabiduría del electorado evitará con el voto útil parte del daño. Y, en las circunscripciones medianas, donde se elijan más de cinco escaños y no digamos en las grandes, el efecto será beneficioso porque no habrá en la derecha más abstención que la de aquellos que, por cualquier circunstancia, no puedan votar. Esto es lo que pasó en Andalucía, donde la primera vez que el PSOE fue derrotado fue cuando la derecha se presentó fracturada.

En cualquier caso, lo que no puede hacerse al día siguiente de las elecciones, en caso de ganar el PSOE, es calcular lo que hubiera pasado si votantes de Ciudadanos y Vox en circunscripciones medianas hubieran optado por el PP porque en la mayoría de los casos se tratará de votantes muy reacios a respaldar al PP y que, de no haberse presentado a las elecciones ni Ciudadanos ni Vox, habrían caído probablemente en la abstención o, en el caso de algunos centristas, en las sacas del PSOE. Este fraccionamiento de la derecha no es tan malo como parece, ni mucho menos.

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