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Los errores de Ciudadanos

Desde que se negociaron los presupuestos, el partido de Albert Rivera no deja pasar ninguna oportunidad de equivocarse.

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Albert Rivera | EFE

Desde que se negociaron los presupuestos, el partido de Albert Rivera no deja pasar ninguna oportunidad de equivocarse. La última es especialmente importante porque es consecuencia de una decisión que parece muy meditada. Me refiero a la de concurrir a las elecciones europeas en una plataforma conjunta con el Francia en Marcha de Macron y el Partido Democrático de Renzi.

La equivocación no está tanto en el hecho de aliarse, sino en la elección de los aliados. El primero de ellos, el partido de Macron, es una escisión del Partido Socialista Francés y, aunque está escorado a la derecha en relación con los socialistas, no deja de ser un partido de centroizquierda. El segundo, el de Renzi, es el sucesor del Partido Socialista Italiano y, si bien está también desplazado a la derecha, hasta el punto de haber provocado una escisión por la izquierda, no deja de ser también un partido socialdemócrata.

Con esta actitud, Ciudadanos revela una estrategia que es a todas luces perdedora. Su voluntad de homologarse con partidos de centroizquierda europeos significa que pretende presentarse ante el electorado español como un partido que quiere disputar al PSOE sus electores más moderados. Lo peor de ese planteamiento no es que condene a los naranjas a ser como mucho tercer partido, una plaza que el sistema electoral español castiga de forma inclemente, sino que revela que se quiere renunciar a la pátina liberal con la que en origen se había vestido. De esa manera deja huérfanos a amplios sectores del centroderecha desencantados de un PP que en política económica se ha hecho de centroizquierda y en materia de valores está completamente vacío.

Para colmo de males, el Gobierno de España está en manos del PSOE y cualquier oposición a él estará abocada necesariamente al fracaso si se basa en reconocerse ideológicamente próximo al Gobierno sin más diferencia sustancial que la disposición a defender la unidad de España con mayor firmeza. Es una actitud que, por un lado, desilusiona y expulsa a los votantes de centroderecha que en su día eligieron a Ciudadanos por las políticas socialdemócratas del PP y que, por otro, obliga a disputar a un Gobierno socialista el favor de los votantes socialistas. Ciudadanos debería, en la medida en que siga creyendo en la libertad, hacer oposición al Gobierno con un programa alternativo genuinamente liberal y claramente diferenciado del socialista.

Pero Rivera se ha debido de creer que para conservar el voto de centroderecha le sobra con poner el acento en la unidad de España, y que para captar votos socialistas le basta reconocerse como tal. Se equivoca. Es muy difícil conservar los votos de quienes han huido de las políticas socialdemócratas del PP presentándose como socialista. Y tampoco es probable que le robe muchos al PSOE llamándose socialista, porque, en la tesitura de tener que elegir entre el original y la copia, el electorado suele preferir al original. Urge despedir en Ciudadanos a quién esté al cargo de la estrategia.

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