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Emilio Campmany

Los topos

Siempre cabe la posibilidad de que los verdaderos topos casadistas sean Rivera y Abascal, y no tengan otra misión que destruir a sus partidos desde dentro.

Emilio Campmany
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Siempre cabe la posibilidad de que los verdaderos topos casadistas sean Rivera y Abascal, y no tengan otra misión que destruir a sus partidos desde dentro.
Cordon Press

Un buen topo no sabotea a quien espía. Se limita a informar a aquel para quien trabaja y deja que sea éste el que frustre los planes de la organización infiltrada. Por eso no se entiende que los topos que el PP tiene en Ciudadanos y Vox se dediquen a plena luz del día a sabotear el futuro de las dos formaciones arriesgándose a ser descubiertos.

Los que dentro de esos dos partidos se empeñan en llevarlos al desastre lo hacen con tal descaro que suponer que están a sueldo de Casado está muy cerca de convertirse en convicción. Si Albert Rivera tuviera cabeza, finiquitaría inmediatamente a Garicano y a Villegas, obvios agentes casadistas que tratan, sin esconderse, de destruir a su partido de la forma más obvia que imaginarse pueda. ¿Cómo afirmar sin sonrojarse que el socio preferente de Ciudadanos será el PP con exclusión de Vox si cualquiera que sepa sumar puede ver que no basta, salvo en Castilla y León? ¿Cómo puede amenazarse con pactar con el PSOE en caso contrario si tampoco suman, salvo la mencionada excepción castellano-leonesa? En el primer caso el necesario es Vox y en el segundo lo es Podemos. Y ambos han sido excluidos de cualquier acuerdo por la misma directiva de Ciudadanos. La conclusión lógica a la que deberían llegar en el partido naranja, si les queda dinero para comprarse una calculadora, es proponer Gobiernos de PSOE, Ciudadanos y PP, que es la única manera de reunir mayorías con exclusión de lo que ellos llaman "populismos". En todo esto, al final, lo que se deduce es un esfuerzo hercúleo por convencer a los votantes de Ciudadanos provenientes del PP de que vuelvan echando virutas a la casa común. Si a Casado le dejaran dirigir el partido de Rivera, no podría hacerlo mejor.

Por su parte, Abascal tendría que hacer con Espinosa de los Monteros lo mismo que Albert debería con Garicano y Villegas, pues se trata, como éstos, de un obvio agente casadista. Alegar que la mejor forma de atraer a los votantes del PP es darle a Carmena la alcaldía de Madrid, acabar con el Gobierno de Andalucía y restituirle la región al PSOE es una operación de sabotaje tan grosera que su responsable no puede ser miembro del partido ni un minuto más.

Se comprende la decepción de Rivera por no haber logrado ser segunda fuerza en casi ningún sitio. Como se entiende que Abascal esté frustrado por ser sólo la quinta. Pero la forma de conseguir los objetivos que se propongan no es fingir que ya se han conseguido, engañándose a ellos mismos y, lo que es peor, defraudando mientras tanto a los votantes. Aunque, claro, siempre cabe la posibilidad de que los verdaderos topos casadistas sean ellos, Rivera y Abascal, y no tengan otra misión que, como Sansón, destruir a sus partidos desde dentro, a ser posible con una tremenda traca final.

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