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Emilio Campmany

Moderada inconstitucionalidad

Sánchez podrá presumir de haber moderado al líder de la oposición hasta hacerle despreciar el imperio de la ley casi tanto como él.

Emilio Campmany
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Sánchez podrá presumir de haber moderado al líder de la oposición hasta hacerle despreciar el imperio de la ley casi tanto como él.
Pablo Casado y Pedro Sánchez. | PP

Recién condecorado con la laureada a la moderación, Casado ha comprendido que su flamante cargo de Moderado Mayor del Reino no incluye entre sus competencias la defensa de la Constitución. Sus atribuciones son distintas. Ahora, su oficio es mucho más importante que eso porque le toca la delicada misión de moderar las violaciones de la Carta Magna que el Gobierno se proponga. De este modo, ante la voluntad gubernamental de imponer un estado de alarma durante varios meses sin control parlamentario, Casado propone que el período de ‘haz lo que te dé la gana’ del Gobierno dure tan sólo algunas semanas. Tan inconstitucional es una cosa como la otra, pero al menos la conculcación que propone Casado es mucho más moderada. Que un estado de alarma impuesto por tantísimo tiempo, da igual que sean dos u ocho meses, es inconstitucional queda paladinamente probado para cualquiera sin necesidad de conocimiento jurídico alguno. Basta caer en la cuenta de que, durante esta primavera, cuando la anterior alarma, Sánchez se sintió obligado a recabar el apoyo del Congreso para las sucesivas prórrogas de quince días que fue decretando. ¿Lo hubiera hecho de no existir una obligación constitucional? Naturalmente que no. Ahora, percatado de lo engorroso que es gobernar supervisado por un Parlamento en el que no se tiene mayoría absoluta, pretende zafarse del mismo apoyándose en una interpretación retorcida del artículo 116 de la Constitución. Y Casado, en vez de denunciarlo, lo respalda con la única condición de que se limite a un plazo que es tan inconstitucional como el que el Gobierno propone.

Lo más gracioso es que Sánchez, por ahora, ha agradecido la disposición de Casado a acordar con él el modo en que van a saltarse la Constitución despreciando la generosa oferta del nuevo miembro del club que preside de políticos no sometidos a la ley. Lo más probable sin embargo es que, al final, pacten una violación intermedia que no será ni de ocho meses ni de dos, ni para ti ni para mí, que se quedará en tres o cuatro. Casado podrá alardear entonces de haber moderado el espíritu groseramente inconstitucional del Gobierno hasta reducirlo sólo a inconstitucional a secas y Sánchez, de haber moderado al líder de la oposición hasta hacerle despreciar el imperio de la ley casi tanto como él.

Veremos a los grandes medios de comunicación, de derechas y de izquierdas, saludar con júbilo lanzando sus sombreros al aire el nuevo espíritu de colaboración que Gobierno y oposición habrán encontrado en ese punto intermedio donde el Gobierno se zafa del control del Legislativo, dando nuevamente al traste con la separación de poderes, pero no por tanto tiempo como se proponía. Se dirá que no es momento para tiquismiquis jurídicos, que se trata de salvar vidas y, como diría la ministra Darias, de no poner palos en las ruedas. Y todo el mundo celebrará el nuevo ambiente de entendimiento en la ilegalidad.

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