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Emilio Campmany

Sánchez, gurú políglota de sí mismo

Tiene toda la pinta de que Sánchez se ha cansado de gurús y de que a partir de ahora será él quien decida qué patochadas hará.

Emilio Campmany
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Tiene toda la pinta de que Sánchez se ha cansado de gurús y de que a partir de ahora será él quien decida qué patochadas hará.
MSNBC

Cuando hace unos días Sánchez apioló a Iván Redondo, la pregunta inmediata fue quién sería a partir de ahora su gurú. El oficioso cargo se pensó que había recaído en Félix Bolaños, tan inteligente como Redondo y con la ventaja de ser militante del PSOE. Lo primero que dijo Bolaños en su toma de posesión del lunes de la semana pasada fue que no llevaría inmediatamente al Consejo de Ministros el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática porque quería estudiarlo en profundidad. Sin embargo, lo ha llevado al siguiente sin apenas modificaciones. ¿Quién le ha dado la orden de hacerlo? Sea quien sea, es evidente que él no es el nuevo regidor del teatrillo de la Moncloa.

Algunos pensaron que quizá fuera Óscar López el nuevo brujo. Como sucesor de Redondo en la jefatura del gabinete, parece lógico que así fuera. Pero en realidad es imposible. López, como coordinador de la campaña del PSOE en las elecciones generales de 2011, además de facilitarle la mayoría absoluta al desaborido de Rajoy, cuando quiso dar tres argumentos de peso para votar al PSOE, sólo se acordó de dos. Tal grado de torpeza lo invalida para ser gurú de nadie, ni siquiera de alguien tan huero como Sánchez.

El inconsistente viaje del presidente a Nueva York, sin la compañía del ministro de Exteriores ni la de la ministra de Economía, permite sospechar que Sánchez ha decidido que se ha hecho mayor, que no está dispuesto a cometer más errores inducidos y ha decidido asesorarse a sí mismo. El viaje tiene toda la pinta de ser una especie de autorrecetado bálsamo de Fierabrás con el que sanar la herida que causó la imagen del presidente dándole la brasa a Biden en un pasillo de Bruselas por consejo de Redondo.

Por un lado, está su imagen, paseando por una avenida de Nueva York con un séquito más nutrido que el del príncipe de Zamunda, con escoltas apartando a molestos viandantes que obstaculizaban el paso del serenísimo bajo la mirada estupefacta de algunos dignos miembros de la clase trabajadora. Por otro, Sánchez se ha presentado como el adalid de una política de Estado, por completo desideologizada, sometido al suplicio de tener que padecer una oposición cerril sin altura de miras. Ha afirmado que ha ido a allí a atraer inversiones para España y que por eso sólo se ha entrevistado con magnates norteamericanos. Sin embargo, en la entrevista que le han hecho en la MSNBC, cuando la muy inteligente Mika Brzezinski, hija de Zbigniew, le preguntó por qué, teniendo previsto visitar tantas ciudades de Estados Unidos, no iba a Washington, el espabilado dirigente del PSOE no contestó, no fuera a hacerse evidente que no iba a la capital porque allí nadie quería recibirlo.

Tiene toda la pinta de que Sánchez se ha cansado de gurús y de que a partir de ahora será él quien decida qué patochadas hará. Y qué mejor manera que empezar mostrándose ante el electorado español con su don de lenguas, hablando inglés por los codos y asombrando con su guapura al público norteamericano. Ojalá sea así. Nos dará días de gloria.

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