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Con miedo no hay democracia

No es la España que escogimos y por la que luchamos para suceder al franquismo.

Enrique  Calvet
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Cuando un Gobierno deja de hacer aplicar la Ley (y las sentencias judiciales) o, aún peor, invierte sistemáticamente sus tácticas y energías en disimular u ocultar la realidad punible, el Estado de Derecho desaparece, y con él la democracia. Cuando un Gobierno politiza y pervierte la Administración de Justicia, o una parte clave de ella, los derechos civiles y las libertades de muchos desaparecen, con la complicidad, eso sí, de los jueces medradores o intimidados. Sin libertades civiles, no hay democracia. Cuando un Gobierno no combate contundentemente, de palabra y obra, la falsedad, el autoritarismo y el acoso a los más débiles, deja que campe por sus respetos el miedo. Y con miedo no hay democracia. No se puede exigir a ningún ciudadano de bien, mero aspirante, como todos, a vivir la búsqueda de su felicidad en libertad, paz, solidaridad y protección, que se comporte como un héroe o como un mártir para ejercer sus derechos más fundamentales. En democracia, no. Y, sin embargo, así llevamos veintitantos años en determinadas regiones de España.

A la chita callando, con miles de enseñantes abandonando la Cataluña hispana, con miles de huidos de las Vascongadas que ven a las alimañas regodearse "sin arrepentimiento ni delación" (sin colaboración con la justicia), con intelectuales autoexiliados de su patria chica con sus bienes y propiedades atacadas, con hinterlands enteros donde no se pueden presentar partidos nacionales por el terror y la opresión, con comerciantes sancionados por utilizar la única lengua común constitucional de su Nación (¡con la aquiescencia pública del presidente Zapatero!), con criminales o cómplices sentados en las instituciones, y con demasiados etcéteras. Zonas entrañables de España se han convertido en lugares muy inhóspitos para las libertades civiles y la democracia. Hace bastante tiempo que en Vascongadas y en la Cataluña ibérica, por ejemplo, las condiciones para unas elecciones realmente democráticas se dan muy poquito. Pero ¡chitón! ¡Que no se sepa, que no se diga, que el mundo no deje de considerarnos políticamente correctos! Ahora se le llama ser moderado y sublimar el diálogo sobre la aplicación del Estado de Derecho. El presidente Rajoy se ha puesto de modelo de gran moderado. ¿Y quién le ha dicho que España, en este periodo abisal, necesita un Gobierno moderado? Churchill lo llamó de otra manera, achacó a Chamberlain indignidad y deshonor. Chamberlain era moderado y dialogante, pero es posible que si Churchill no hubiese sido radical y ético ahora estuviéramos todos desfilando al paso de la oca. Cómo ha sucedido que ETA haya llegado a las instituciones o que dentro de unos años la Cataluña hispana sea un enclave depauperado, aislado y opresivo dónde sólo se hablará catalán. A base de lenidad, permisividad y sacrificio de los más débiles. ¡Pero disimulemos, silencio!, es más cómodo y beneficioso aguantar mirando para otro lado.

Y, sin embargo, de vez en cuando, sí sale alguna víctima, algún héroe involuntario que habla claro y nos revuelve las conciencias. A algunos. Eso me sucedió hace unos días en el Parlamento Europeo en un acto que organicé sobre derechos y libertades civiles en mi circunscripción (toda España) como motivo de reflexión para Europa y para los demócratas liberales europeos, empeñados que estamos en medir y mejorar la calidad real de nuestras democracias. Hubo tres aldabonazos como repiques de campana mayor, que este mismo medio notició, en que tres padres de familia catalanes, tres simples representantes de la sociedad civil expusieron las vicisitudes, vejaciones, amenazas y agresiones que tuvieron que afrontar por pedir el cumplimiento de la Ley que aseguraba a sus hijos un mínimo de educación en español. Y lo que es peor, lo que tuvieron que sufrir sus propios niños, acosados por enseñantes y… por otros pobres niños aleccionados y orientados por sus padres. El fanatismo y el separatismo produce monstruos que hemos conocido no hace tanto… Nos pusieron el corazón en un puño y nos dimos cuenta de que la insoportable gravedad intolerable de la situación era totalmente ignorada y acallada en el resto de España. No digamos en Europa. Los padres y sus hijos eran unos apestados por oponerse a la única verdad secesionista y el Gobierno de Von Papen no tenía el menor interés en protegerles. Y eso no es ideología ni opción política, es aplastar derechos civiles y ningunear el Estado de Derecho en detrimento de unos niños. No es la España que escogimos y por la que luchamos para suceder al franquismo. La inmersión lingüística, por ejemplo, es un fraude totalitarista.

No fueron las únicas voces heroicas y valientes. La profesora Agenjo, única directora de instituto que no se plegó a amenazas y coacciones el 9 de noviembre para facilitar la apertura de su instituto a las organizadas hordas secesionistas que querían simular una consulta ilegal aprovechando dependencias del Estado. Su gran y terrible mensaje fue muy claro: muchos directores de instituto, que conocía bien y directamente, pensaban exactamente igual que ella, pero a nadie se le puede pedir ser un héroe cuando el Estado traiciona, y, sencilla y humanamente, se plegaron a la opresión y coacción para evitar mayores sufrimientos a ellos y a sus familias... Lo que permitió entender mejor el mensaje toral del catedrático administrativista, Señor Betancor, la piedra angular de todos los aldabonazos: la desaparición del Estado en íbero-Cataluña, la dejación de sus funciones de protección y justicia ha permitido la instalación del miedo como motor de funcionamiento civil. El miedo impera, la democracia se desvanece.

A la hora de escribir estas líneas, me informo de que una carpa de estudiantes de Sociedad Civil Catalana ha sido atacada, destruida a navajazos, los militantes amenazados... ¡en sede universitaria! Otrora sede del pensamiento y la razón. El Leviatán se está desbocando.

Es difícil luchar por los ciudadanos españoles en sedes europeas conociendo estas realidades, es difícil luchar por una real democracia liberal en España. Tanto que pienso que solo votaría a un partido de progreso que se comprometiera a abrir colegios públicos en español en cada rincón de España (y que los ciudadanos elijan libremente en condiciones de libertad plena), que denunciara lo que aquí denuncio y que no le tuviera miedo ni pereza a la aplicación fulminante del artículo 155 de nuestra maltrecha Constitución. Y si ese partido no existe, pues habrá que crearlo.

Enrique Calvet, eurodiputado.

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