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Enrique Navarro

De la OTAN al cielo

Existe una entente global tremendamente peligrosa para Occidente. Ni Rusia se detendrá en Ucrania ni China se quedará quieta en los próximos años.

Existe una entente global tremendamente peligrosa para Occidente. Ni Rusia se detendrá en Ucrania ni China se quedará quieta en los próximos años.
El Cadillac One que ha llevado a Biden a la Moncloa | EFE

Ha querido la casualidad que hayan coincidido la cumbre de la OTAN en Madrid con la creación del Ejército del Espacio, y que la alianza rebelde capitaneada en España por Pedro Skywalker haya decidido dejar la comodidad de su refugio remoto para unirse a las huestes de Obi Biden Kenobi y resistir frente a Putin Vader y al emperador chino.

Lo de los españoles es de análisis; los mismos del "OTAN no, bases fuera ahora" claman ahora por ser los más atlantistas y están dispuestos a asignar cuantiosos recursos para la compra de armamento y salir en la foto hoy, en la esperanza de que el declive no sea tan acelerado o brusco.

Lo cierto es que España y sus tres cuartos de gobierno hacen muy bien en la apuesta nacional por la Alianza Atlántica y en revertir el tremendo déficit de equipamiento, sostenimiento y entrenamiento que padecen de forma crónica nuestras Fuerzas Armadas, que deben colaborar con los ejércitos mejor preparados del mundo en unas condiciones materiales muy inferiores solo compensadas, como nos suele gustar a los españoles, con fe y resignación cristiana. Hay tres razones de gigantesca importancia que aconsejan este cambio de posición.

La cumbre de la OTAN, la primera que se celebra en guerra contra el enemigo para la que se creó, ha percibido que existe una entente global tremendamente peligrosa para Occidente. Ni Rusia se detendrá en Ucrania ni China se quedará quieta en los próximos años. La razón es el nuevo colonialismo Los dos grandes potencias autoritarias, como todas en la historia, necesitan su expansión o la alternativa es su muerte. China requiere recursos naturales para revertir su creciente crisis económica y mantener a la población adocenada. Rusia solo será importante en el nuevo mundo si está dispuesta a dominar a Europa, y éste es su empeño. A ello dedicará fuerzas convencionales, la amenaza nuclear, las guerras híbridas y las externalizadas en ejércitos privados que solo sirven para engrosar las fortunas de los jerarcas amigos de Putin Vader. Así que el nuevo concepto estratégico es claro: Occidente está bajo una amenaza global y la respuesta debe ser global.

El mundo está a las puertas de la mayor crisis económica desde 1929. Se trata de una repetición acelerada del proceso de los años veinte que siguió a la Primera Guerra Mundial. Mas autoritarismo y populismo, inflación, imposibilidad de cortar de forma brusca la fiesta para evitar la caída de las democracias, más inflación, impago de deudas, default de decenas de países y el final ya lo saben.

Pero a la tremenda crisis económica se añaden dos elementos totalmente nuevos:

  • La disrupción de los suministros críticos para el desarrollo industrial y tecnológico. El 85% de las tierras raras del mundo están en China; sin ellas no hay móviles, ni ordenadores ni sistemas de defensa; mientras, España ha decidido suspender su explotación por consideraciones medioambientales. El otro gran productor de tierras raras en Rusia; y los terceros están en África bajo el creciente control de Rusia y China; en definitiva, no es el petróleo, pero nuestros enemigos nos tienen rodeados. El 85% de los chips de nueva generación se fabrican en Asia, particularmente en Corea del Sur y Taiwán, y aquí tenemos los dos primeros grandes objetivos militares de China. Ahora queremos traer la producción de chips a Occidente, pero con los sueldos europeos bajo mínimos los costes se encarecerán y toda la tecnología sufrirá una presión inflacionista brutal. A ello se añade la crisis energética con Rusia, que presionará al alza los precios de la energía. Es decir estamos ante una previsible inflación de dos dígitos con el añadido de un enorme déficit de combustible y de elementos tecnológicos. Los bancos centrales pretenderán administrar con prudencia los tipos de interés ya que la deuda de los países es una losa política y económica enorme sobre la capacidad de la política monetaria. Cada punto de incremento de tipos de interés supone un coste financiero de 14.000 millones para España al año, y si encima tenemos que salir al mercado a financiar nuestra deuda, el efecto puede ser de tipos de interés en el entorno del 5%. Solo este fenómeno traerá la quiebra de los PIGS, y Latinoamérica; solo los países con recursos naturales podrán mantenerse a flote, y estos son China y Rusia. La deuda de las familias será inasumible, con la paralización de la inversión y el desempleo.
  • La crisis alimentaria proporciona más incertidumbre; no sabemos qué vamos a dar de comer a nuestros ganados este invierno; con Rusia y Ucrania fuera del mercado, el racionamiento será inevitable; por mucho que corramos en negociar acuerdos con Argentina, Brasil y otras alternativas, se tardarán años en compensar la pérdida de producción y para entonces ya quedará muy poco que alimentar.

Finalmente y para acabar de cubrir de nubarrones el planeta, está la amenaza del cambio climático. Las guerras y la necesidad de cambiar el modelo económico hacia uno más contaminante para sobrevivir provocará unos cambios de paradigmas en muchos países, acelerando la desertización en unos lugares y las inundaciones en otras, el deshielo, contaminación y enfermedades.

En definitiva, nos abocamos a un mundo desconocido pero que barruntamos que se llevará por delante muchas de las conquistas del mundo post 1945. España solo sobrevivirá si se nos liga a los grandes países de Occidente y todos marcan una ruta común para sobrevivir en bloque o morir. Entonces surgirán con fuerza las voces subsidiadas por el Imperio que implorarán una vez que lo mejor para España es salirse de la OTAN; no los escuchen, solo pretenden nuestra derrota.

Lo de Ceuta y Melilla cubiertas por la OTAN es una nimiedad frente a lo que realmente nos jugamos. El gran problema que tiene Sánchez, y en consecuencia todos nosotros, es que le pasa como a Oliver Hazard Perry, que envió un mensaje al presidente en 1813 en plena guerra de Estados Unidos contra Inglaterra : "Hemos encontrado al enemigo y son nuestros".

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