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IBEROAMÉRICA

Asedio a la libertad en Ecuador

Luego de ásperos debates, los ecuatorianos votarán en un referendo, programado para el próximo día 28, si aprueban una gigantesca Constitución de 444 artículos que permitiría al presidente, Rafael Correa, rediseñar el país bajo su visión socialista.

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En lugar de proteger las libertades civiles, religiosas y económicas, la Constitución propuesta auspiciaría todo lo contrario. Muchas de sus cláusulas reducen la libertad de empresa y el libre intercambio, tanto en teoría como en la práctica. Declara, por ejemplo, que la economía ecuatoriana será "social y solidaria", lo cual significa dar prioridad absoluta a las empresas estatales.
 
El texto garantiza el bienestar de todos los ecuatorianos, pero no explica cómo, en un país donde el 39% de la población vive en la miseria. Gobiernos populistas de derecha y de izquierda tratan de alcanzar esa meta manipulando la oferta de dinero e ignorando las consecuencias inflacionarias; pues bien, la nueva Constitución le permitiría hacer lo propio al presidente, pues le cedería el control absoluto del Banco Central.
 
Medidas como las referidas servirán, según Correa, para evitar el "neoliberalismo".
 
Como sucede en otros países con gobiernos izquierdistas, la principal oposición proviene de la Iglesia Católica. Aunque los obispos ecuatorianos no apoyan un modelo económico en particular, están muy preocupados por esa nueva ley fundamental, que abriría las puertas a ataques directos contra la vida humana, el matrimonio y el derecho de los padres de educar a sus hijos como mejor les parezca.
 
Los obispos critican el texto sometido a consulta por su conexión con el estatismo y porque, al hablar de derechos, hace derivar muchos de éstos del Estado. Para ellos, el Estado simplemente reconoce los derechos humanos, no los crea.
 
Esta posición ha hecho que resurja el antiguo anticlericalismo de la izquierda, más de acuerdo con la Teología de la Liberación que con la doctrina ortodoxa de la Iglesia.
 
Hasta hace poco Correa decía que era el único líder izquierdista latinoamericano que tenía buenas relaciones con la Iglesia Católica. Ya no es así; y, al igual que su amigo Hugo Chávez, ahora insulta públicamente a la Iglesia, a la que acusa de querer mantener al pueblo ecuatoriano "en la oscuridad". Incluso ha dicho que los obipos le han dado "una cuchillada en la espalda" con su cuestionamiento de la Constitución. Nada de esto debiera extrañarnos, si tenemos en cuenta que Correa es un tipo que dice que la dictadura comunista que padece Cuba es una "democracia".
 
El arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui, ha recibido amenazas de muerte. Además, pretenden llevarle ante los tribunales sobre la base de que sus críticas a la nueva Constitución violan el acuerdo suscrito entre Ecuador y el Vaticano en 1937, según el cual el clero debe abstenerse de intervenir en política. En respuesta, los obispos han recordado que ese mismo convenio reconoce la libertad del clero para defender públicamente la doctrina cristiana y la moralidad.
 
La publicidad gubernamental que se pasa por televisión ataca día tras día a los obispos católicos por cuestionar la Constitución propuesta. Por otra parte, se han profanado iglesias. Correa está embarcado en una campaña de intimidación similar a la emprendida por Chávez.
 
El llamado socialismo del siglo XXI reconoce que tiene que cercenar la libertad de religión y la libertad económica para lograr sus objetivos. He aquí un importante y oportuno recordatorio de que la libertad es indivisible.
 
 
© AIPE
 
SAMUEL GREGG, director de investigaciones del Acton Institute.
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