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ESTADOS UNIDOS

JFK, ¿un modelo para los demócratas?

En la Convención Nacional Demócrata salió a colación varias veces el legado de John F. Kennedy. Pero lo mismo habría que preguntarse si, de contarse entre nosotros, JFK se consideraría siquiera demócrata.

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Kennedy era partidario de adoptar un enfoque "beligerante" –por emplear la terminología actual– de la Guerra Fría; un enfoque como el que adopta en nuestros días George W. Bush. Una vez le dijo al célebre Walter Cronkite, de la CBS, que sería "un gran error" retirarse de Vietnam. Y en su discurso de toma de posesión proclamó:
Que todas las naciones –nos quieran bien o mal– sepan que pagaremos cualquier precio, soportaremos cualquier carga, afrontaremos cualquier dificultad, apoyaremos a cualquier amigo, nos opondremos a cualquier enemigo, con tal de asegurar la supervivencia y el triunfo de la libertad.
¿Qué pensaría un hombre así de la lucha contra el enemigo global de esta hora, el islamofascismo?
 
A Barack Obama le gusta citar la reunión que mantuvieron Kennedy y Jruschev en 1961 para legitimar su deseo de celebrar encuentros "sin condiciones" con los gobernantes de países enemigos como Irán o Corea del Norte. El caso es que el secretario de Estado de Kennedy, Dean Rusk, dio la voz de alarma sobre ese tipo de encuentros, y que el propio Kennedy confesó que aquello había sido lo peor que le había podido pasar. "[Jruschev] me ganó por completo", confesó; y añadió: "Tengo un problema tremendo si piensa que ni tengo experiencia ni tengo agallas". Y sí, el jerarca soviético pensaba que JFK era un débil bisoño. De hecho, tras la cumbre de marras levantó el Muro de Berlín e instaló misiles en Cuba, lo cual llevó al mundo al borde de un conflicto nuclear.
 
Kennedy creía, profunda y fundamentalmente, en las bajas de impuestos. Antes de que él llegara a la Casa Blanca el tipo máximo estaba por encima del 90%; él lo dejó –lamentablemente, a título póstumo– en el 70%: esa reducción fue, en términos porcentuales, mucho mayor que la de Bush. En 1962, ante el Economic Club de Nueva York, dijo:
Es una verdad paradójica que los tipos fiscales son muy altos y la recaudación fiscal muy baja, y que la manera más saludable de subir ésta a largo plazo pasa por bajar aquéllos hoy, como lo demuestran la experiencia de Japón y de buena parte de Europa... y la de los recortes fiscales aplicados en nuestro país en 1954. Y es que sólo el pleno empleo puede equilibrar el presupuesto, y los recortes fiscales pueden allanar el camino hacia dicho objetivo. El fin de los recortes fiscales no es incurrir en déficit presupuestario, sino conseguir hacer de la nuestra una economía más próspera y floreciente, que nos permita disfrutar de superávit presupuestario.
Poco después, en enero de 1963, se dirigirá al Congreso en los siguientes términos:
Unos impuestos más bajos estimularán la actividad económica y, así, empujarán hacia arriba los ingresos de las personas y las empresas, lo cual redundará en una mayor, y no menor, recaudación pública.
Y en éstos unos días más tarde:
Nuestro sistema tributario sigue desviando del sector privado un porcentaje muy elevado del poder de compra de los individuos y las empresas, y reduce el incentivo al riesgo, la inversión y la iniciativa, con lo cual aborta nuestra recuperación y sofoca nuestro ritmo de crecimiento.
Apenas dos meses antes de caer asesinado lanzaría por televisión este mensaje a sus compatriotas:
Una rebaja tributaria significa más renta en manos de las familias, más beneficios para las empresas... y un presupuesto federal equilibrado. Tras pagar sus impuestos, los contribuyentes y sus familias dispondrán de más dinero para comprar un coche nuevo, una casa, lo que les parezca; o para invertir, o para dedicar a la educación. En cuanto a los empresarios, podrán conservar un porcentaje mayor de sus beneficios e invertirlos en mejorar o expandir sus compañías. Dado que los ingresos nacionales crecerán, el Gobierno federal acabará, en última instancia, recaudando más.
A diferencia de Obama, Kennedy se oponía a la discriminación positiva por cuestiones de raza. En una entrevista que concedió en 1963, declaraba confiar en que los negros no se dejaran seducir por las voces que pedían que fueran objeto de un trato preferente:
La comunidad negra no quiso cuotas laborales para compensar la discriminación pasada. Lo que creo que les gustaría a los negros es ver a sus hijos bien formados, para que puedan tener trabajo (...) y verse aceptados como miembros iguales de la comunidad (...) No creo que podamos deshacer el pasado. De hecho, el pasado nos va a acompañar durante muchísimos años en forma de hombres y mujeres que perdieron su oportunidad de tener una formación decente. Hemos de hacerlo lo mejor que podamos. Y eso es lo que estamos intentando hacer.
El 35º presidente de los EEUU tenía igualmente reparos a distribuir cargos o conceder ascensos sobre la base de lo que hoy se denomina "presencia insuficiente":
Creo que es un error empezar a asignar cuotas en función de la religión, la raza o la nacionalidad (...) Por otro lado, creo que tendríamos que hacer un esfuerzo por dar a todo el mundo la oportunidad que se merece, pero no a través de un sistema de cuotas, sino examinando nuestros registros de empleo, las áreas en que se está contratando gente, y asegurándonos de que al menos estamos dando a todo el mundo una oportunidad. Pero no mediante cuotas inflexibles e intocables (...) Estamos demasiado mezclados, en esta sociedad nuestra, como para empezar a dividirnos según el color o la raza.
Así las cosas, cuando se levanta la bruma, ¿qué vemos? Pues un hombre partidario del Gobierno limitado, los impuestos bajos y la firmeza en materia de defensa que rechazaba la redistribución dirigida por el Estado. O sea, un tipo que encajaría perfectamente en el Partido... Republicano.
 
 
© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.
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