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NORTE DE ÁFRICA

¿Autonomía para el Sáhara? Marruecos quiere ganar tiempo (otra vez)

Marruecos quiere ganar tiempo. Otra vez. ¿El motivo? En menos de un mes el Consejo de Seguridad debe pronunciarse sobre el Sáhara Occidental, y Rabat tiene muchos motivos para preocuparse. Para hacer frente a la cita y distraer de los muchas cuestiones que la hacen especialmente incómoda, Marruecos ha optado por una táctica hábil y muy vieja, aunque no tanto para que en el Frente Polisario, a estas alturas, no se haya enterado: tomar la iniciativa con una propuesta.

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Da igual que Marruecos no crea en su propia propuesta. Lo importante es "salir bien" de la cita del 31 de octubre. Esto es que lo explica, en síntesis, las declaraciones que el oficialmente número dos, pero en realidad número uno, del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí, Taieb Fassi Fihri, ha concedido a Europa Press.
 
Las palabras de Fassi Fihri  (uno de los tres personajes –junto al jefe de los servicios secretos exteriores,  Mansuri, y el jefe de la seguridad interior, Alí Himma– que mandan en el monarca absoluto Mohamed VI) no constituyen nada nuevo. Lo que ha dicho, en síntesis, es que cuando el Gobierno de Marruecos reciba al nuevo enviado de la ONU para el Sáhara Occidental, Peter van Walsum, entre los días 11 y 13 de octubre, le expresará su disposición a negociar, en el marco de las Naciones Unidas, una autonomía para el territorio y a cumplir con la "exigencia democrática" de someter "a votación" su estatuto.
 
Cabría plantearse un análisis jurídico de esta propuesta, pero creo que eso es perder de vista la intención de la misma. En efecto, a mi juicio, la "nueva" propuesta marroquí se explica por consideraciones de táctica política. Por ello, aquí me detendré en su análisis, dejando de lado las consideraciones legales.
 
Incómoda situación de Marruecos
 
La situación actual del conflicto del Sáhara Occidental es muy negativa para Marruecos. La primera razón es que el territorio ocupado se halla en situación de rebelión desde el 20 de mayo. La causa está en la desesperación provocada por el bloqueo de la solución del conflicto; bloqueo al que el presidente Rodríguez Zapatero y su ministro Moratinos contribuyeron decisivamente abandonando el apoyo que España daba al plan Baker II. Desde entonces hay continuas manifestaciones, a las que siguen continuas torturas y encarcelamientos arbitrarios en prisiones que están en condiciones infrahumanas.
 
Taieb Fassi Fihri.El Sáhara no quiere ser marroquí, bien a pesar de lo que quisieran los elementos del Majzén (el entorno de Mohamed VI) y sus aliados del poderoso lobby promarroquí español. Los presos saharauis han iniciado una huelga de hambre, y en cualquier momento puede fallecer alguno de ellos. La muerte de uno de estos individuos ahora sería algo muy incómodo para la posición de Rabat.
 
A esta primera razón se suma la intranquilidad que existe en Marruecos ante la eventualidad de que este otoño se suscite en la ONU un debate sobre la legalidad internacional del acuerdo de pesca suscrito entre Rabat y la Unión Europea, tras una intensa presión entre los Veinticinco del Gobierno presidido por Rodríguez.
 
Y, por si fuera poco, la liberación de todos los presos marroquíes realizada por el Frente Polisario a instancias de los Estados Unidos ha desbaratado las posibilidades de indagar una solución al conflicto patrocinada por Rodríguez y Chirac, y que sería, sin duda, ventajosa para Marruecos.
 
Es justamente la eventualidad de que el Consejo de Seguridad, en el que se sienta un gran aliado de la República Árabe Saharaui Democrática: Argelia, pueda aumentar la presión sobre Marruecos lo que explica las declaraciones de Fassi Fihri.
 
Una propuesta que no es original
 
La "nueva" propuesta de Fassi Fihri no es original. En absoluto. De hecho, coincide con el llamado "plan Baker I" (que el propio Baker reconoció no era de su autoría, sino de inspiración marroquí). Nunca fue aprobado ni avalado por el Consejo de Seguridad, precisamente porque Rabat no consiguió los votos necesarios. En síntesis, dicho plan establece una "autonomía" en el marco de Marruecos que debía ser sometida a referéndum. Ni que decir tiene que el contenido de esa autonomía es reducido, y que las garantías son inexistentes. Pero esto es una cuestión jurídica que no queremos tratar aquí. Lo cierto es que el Consejo de Seguridad no aprobó la propuesta y cayó en el olvido.
 
En julio de 2003 el Consejo de Seguridad, por unanimidad, y mientras era presidido por España, avaló el plan Baker II. Esto demuestra la increíble falsedad (que nadie en el PP actual parece querer replicar) de que durante el Gobierno Aznar la diplomacia española no tuvo una posición "activa" en el asunto del Sáhara. Este plan preveía una autonomía y, a los cinco años, un referéndum en el que se decidiera sobre la independencia del territorio.
 
Para intentar salvar la tremenda presión existente sobre Marruecos, en diciembre de 2003, en la cumbre de Marrakech, Rabat presentó a Aznar un proyecto articulado de autonomía para el Sáhara. Se comprometía a aprobarlo si España dejaba de presionar para que se aplicara el Baker II. Pocos meses después se produjo el cambio de Gobierno, tras un atentado en el que existen sospechas que salpican a los servicios secretos de Mohamed VI. Una vez Rodríguez Zapatero llegó al poder, se acabó la presión sobre Marruecos y el sultán retiró su proyecto de "autonomía".
 
Una propuesta que no es creíble
 
Sin entrar en disquisiciones acerca de su viabilidad jurídica, la "nueva" oferta marroquí resulta políticamente carente de credibilidad. En primer lugar, porque en las ocasiones anteriores Rabat no siguió adelante con las propuestas que presentó (directa o indirectamente). Pero la razón más evidente de que la oferta es increíble radica en que... ¡en 30 años Marruecos no ha dado autonomía al Sáhara!
 
Desde que lo ocupó ilegalmente, hace ahora 30 años, Rabat, del mismo modo que ha hecho y deshecho a su gusto, sin miramiento alguno por la legalidad internacional (como cuando firma acuerdos pesqueros o promueve exploraciones petrolíferas), podría haber establecido una autonomía en el Sáhara. Pero no lo ha hecho. ¿Por qué? La respuesta es extremadamente sencilla: porque no quiere, bajo ningún concepto, no sólo que el Sáhara sea independiente, sino que ni siquiera sea autónomo.
 
Las razones son múltiples. La primera, y más llamativa, es que una autonomía en el Sáhara invalidaría todo el discurso "nacionalista" y "homogeneizador" que en el interior del país el Majzén ha difundido en estos treinta años, dando a entender que los saharauis son "marroquíes" como los demás. La segunda es que una concesión de autonomía en el Sáhara inmediatamente crearía un agravio comparativo en el Rif y, después, en otras regiones, como el Sus. La tercera es que una autonomía crearía una nueva clase política autónoma de la mafia del Majzén. En definitiva: en una monarquía absoluta, una autonomía es un contrasentido.
 
Por todas estas razones, considero que la oferta es puramente táctica. Pretende cambiar el sentido del debate, distraer la atención del Consejo de Seguridad y evitar que éste condene la represión, declare la ilegalidad del acuerdo de pesca con la UE y exija la aplicación del plan Baker II. Si Marruecos consigue sortear estos problemas, que nadie dude de que la propuesta de autonomía volverá al cajón. Como las anteriores.
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