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RAMIRO VALDÉS

El Carnicero, en Venezuela

A los venezolanos les debería preocupar que Ramiro Valdés se encuentre en su país. El Carnicero de Artemisa ha sido el principal organizador de la represión en la larga y sangrienta historia de la revolución cubana. Fidel Castro lo ha destituido más de una vez por corrupto e ineficiente, pero siempre ha vuelto a recurrir a él cuando ha considerado necesario incrementar la represión.

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Dentro de la mentalidad de Castro, Ramiro es lo más cercano a un hombre de confianza. Estuvo a su lado en el asalto al Moncada, en la cárcel, en el exilio mexicano, en la expedición del Granma y en la Sierra Maestra. Fidel lo nombró ministro del Interior por primera vez en 1961. Lo encargó de la represión cuando en Cuba había una oposición masiva a la instauración de una dictadura totalitaria. Y, efectivamente, la ahogó en sangre. Era el hombre para el cargo. Se sabe que es un admirador de Beria, el siniestro jefe de la NKVD de Stalin.

Ramiro tiene 78 años. Nadie discute que, en Cuba, tiene una enorme autoridad. No es para menos, teniendo en cuenta su sangriento historial y que puede mandar a matar a cualquiera impunemente, algo que ha hecho muchas veces.

¿Qué hace Ramiro Valdés en Venezuela? Decir que está allí para mejorar el sistema de servicio eléctrico es como decir que Himmler fue a Polonia para resolver los problemas de la industria del gas.

La realidad es que Fidel desconfía profundamente de las fuerzas armadas venezolanas. Es natural. Después de todo, la principal razón de su prolongada permanencia en el poder ha sido que la revolución cubana llevó a la disolución de las fuerzas armadas de la república y su sustitución por un aparato creado por Fidel desde la misma base. Es por eso que insistirá, una y otra vez, en la depuración de las fuerzas armadas venezolanas. Y es por eso que nunca se sentirá satisfecho hasta que toda la plana mayor de las mismas sea sustituida, no por supuestos partidarios de Chávez (cualquiera puede decir que lo es), sino por hombres que no eran nada y deban al caudillo bolivariano absolutamente todo.

Ramiro Valdés, en la Plaza de la Revolución de La Habana.Por el momento, el papel de Ramiro consiste en persuadir a las FFAA venezolanas de la necesidad de una represión implacable –y, de ser necesario, sangrienta– de la oposición. Los que se destaquen en esas tareas serán bien vistos (momentáneamente) por los cubanos. Ese es su papel. No pretendo que los mandos militares venezolanos crean lo que digo; simplemente quisiera que reflexionaran sobre ello.

El gobierno de Hugo Chávez está en crisis. No es de extrañar, pues el estatismo es esencialmente ineficiente. Aquél se ha mantenido en el poder por los extraordinarios precios del petróleo y porque, al igual que otros líderes populistas de América Latina, ha buscado una relación con las masas marginales. Los partidos tradicionales han ignorado esa realidad y ahora tienen que pagar la cuenta. Sin embargo, Chávez y otros líderes populistas son víctimas de una contradicción fundamental. Han denunciado una realidad que se ha querido ignorar, y conseguido por eso el aprecio de multitudes esperanzadas. Sin embargo, no pueden eliminar esos bolsones de miseria sin un enorme progreso económico. Y eso sólo se puede conseguir estimulando la empresa privada. Lamentablemente, Chávez & Co. están haciendo todo lo contrario. Quieren imitar a Cuba, cuando el 87 por ciento de los venezolanos no quiere seguir ese modelo. Están siguiendo el camino de la miseria y el desastre.

No es de extrañar que el 61 por ciento de los venezolanos crea que el país está mal encaminado. Esto es terrible para Chávez, cuya legitimidad está basada en el apoyo popular. Es por eso que considera indispensable mantener ese apoyo, y por lo que se vuelve, frenético, contra los medios de comunicación que lo critican y le hacen perder popularidad. Sin embargo, nada menos que el 78 por ciento está en contra de la decisión de eliminar la emisora RCTV del sistema de TV por cable.

El apoyo popular de Chávez se está desmoronando. Su único respaldo estratégico está en los represores cubanos. Eso le da a Castro la posibilidad de, prácticamente, gobernar Venezuela. Eso, por supuesto, tiene que provocar un profundo disgusto dentro de las fuerzas armadas venezolanas. Algo que inclusive afecta a los generales cubanos que están allí. Es por eso que Fidel manda a Venezuela a Ramiro Valdés, el tercer hombre de la revolución, para que controle a los cubanos e influya en los mandos venezolanos.

Ramiro va a Venezuela a organizar la represión contra los estudiantes, contra todos los que están protestando por el cierre de RCTV y, con el tiempo, contra todos los que no apoyen la instauración de una dictadura totalitaria. Por supuesto, muchos lo dudan. A principios de los años 60, tampoco en Cuba nadie creía que se pudiera instaurar una dictadura. Este es el momento de protestar y rebelarse. El tiempo rompe a favor de Chávez. La presencia de Ramiro Valdés es una declaración tan clara como ominosa. Los venezolanos sólo pueden ignorarla a su propio riesgo. El carnicero está en Caracas.


© AIPE

ADOLFO RIVERO CARO, editor de En Defensa del Neoliberalismo.
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