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ARGENTINA

Kirchner y el fascismo del siglo XXI

Mi abuelo materno accedió al máximo grado castrense por mérito profesional, no como Perón, que llegó por cuestiones políticas. Camaradas en el colegio militar, pasaron muchas horas juntos. Mi abuelo decía que su compañero, al que apreciaba, se volcó definitivamente hacia el nazi-fascismo al volver de la Italia de Mussolini.

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Siendo ya presidente, Perón habló con mi abuelo en varias oportunidades. Finalmente, éste le pidió el relevo, porque no coincidía con las ideas antidemocráticas de aquél ni pensaba incurrir en la ironía de participar en un golpe militar. Mi abuelo falleció cuando Argentina se hundía en el fascismo, ideología militarista donde las haya.
 
El Estado, jefe supremo, ordena militarmente toda la sociedad y nada deja librado al "caótico" mercado ni al "caos" de la democracia, donde todos disienten. Congreso y jueces deben responder a las directivas. En este ordenamiento jerárquico, empresarios y obreros se agrupan en verdaderas "brigadas militares" (las corporaciones: los sindicatos y cámaras empresariales), y el mercado (las personas) no habla por sí mismio, sino "a través de las corporaciones", que son obligatorias (hoy, los obreros son obligados a aportar dinero a los gremios). Este orden es un diseño racionalista del gobernante, que pretende suplantar el ordenamiento natural de las cosas. El Intento (¡contra la naturaleza no se puede!) termina en caos.
 
Perón fue echado por un golpe que, de suyo, tenía un vicio: era militarista, incapaz de desarmar el fascismo, que, si bien fue suavizado, ha subsistido hasta hoy, que los Kirchner lo reviven.
 
Mostrando la esencia militarista de su democracia, Cristina Kirchner declaró, a propósito de la guerra de las Malvinas: "Sin nación, sin industria, sin trabajo y sin democracia es muy difícil tener triunfos militares". Y como no existe ningún propietario, salvo el Estado central, que concede propiedades, pidió a los agricultores que "se piensen" como "parte de un país, no como propietarios". Pero la propiedad es algo natural y, por tanto, todos deben quererla.
 
El reciente paro agropecuario lo realizaron las corporaciones rurales, hartas de un Estado que pretende cobrarles retenciones que, sumadas a los demás impuestos, representan más del 75% de sus ingresos. Los ruralistas cortaron rutas, impidiendo el libre tránsito. Se extendieron los cacerolazos espontáneos, y el Gobierno respondió enviando a sus fuerzas de choque (sindicalistas y piqueteros oficialistas), que produjeron incidentes violentos. Ante tanta espontaneidad popular, los Kirchner organizaron un acto en defensa de su gestión al viejo estilo peronista: en Plaza de Mayo y con organización corporativa.
 
Frente al desabastecimiento provocado por la protesta ruralista, el secretario de Comercio aumentó la represión. Por unos días prohibió la exportación de carne; incluso ordenó a un hacendado que "preparara la hacienda": le envió cincuenta policías y se obligó a los camioneros a cargar el ganado.
 
Uno de los mantras del peronismo ha sido ése del "asistencialismo estatal"; sin embargo, mientras que el Estado, vía retenciones agropecuarias, se queda con el equivalente a la alimentación para 120 millones de personas, nunca hubo tanta hambre en el país.
 
En 2007 cayeron en la pobreza 1,3 millones de personas, según la Sociedad de Estudios Laborales, lo que ha provocado que el nivel de pobreza se elevara hasta el 30,4% de la población. En promedio, el ingreso familiar per cápita habría tenido un aumento interanual del 22%, pero el valor de la canasta básica se elevó un 37,5%, y no el 11,1% oficial.
 
El panorama empeora rápidamente. El paro agropecuario (que en cualquier momento recomienza) y el desabastecimiento que provocó contribuyeron al aumento de la inflación, principalmente debido a una subida del 4% en la canasta básica. La proyección anual supera el 30%, el mayor índice inflacionario de la región, por encima del registrado en la Venezuela de Chávez.
 
Los Kirchner se irritaron con la prensa, y la presidente Cristina lanzó el Observatorio de Discriminación en los Medios, con el cual –según la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas– el Gobierno pretende enmascarar el control sobre la prensa. Además, la señora ve conspiraciones por todas partes.
 
 
© AIPE
 
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI, analista político argentino.
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