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ESTADOS UNIDOS

¿La esposa de Pinocho?

Hay muchas cosas que se pueden decir de Bill Clinton, pero es un personaje simpático y a su Gobierno lo echa de menos un creciente número de norteamericanos, hartos de Bush y de la fracasada "construcción de la democracia en Irak", la cual ya ha costado la vida de 4.000 soldados estadounidenses y más de 510.000 millones de dólares.

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Todos recordamos la frase famosa del presidente Clinton: "Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky". Pero el carrusel de exageraciones, medias verdades y obvias falsedades de su esposa durante la actual campaña presidencial parece romper todos los récords. Recordemos algunas de esas mentiras y exageraciones que llaman la atención:
– Dijo que se había opuesto, desde el principio, al Tratado de Libre Comercio con México.
 
– Dijo que había sido una pieza vital en las negociaciones de paz en Irlanda del Norte.
 
– Dijo que había comenzado a criticar la guerra de Irak antes de que lo hiciera Barack Obama.
 
– Al recientemente fallecido Sir Edmund Hillary le contó que su madre la había bautizado con el nombre de Hillary por él. Sir Edmund, recordemos, fue el primero en coronar el Everest, en 1953. El problema es que Hillary nació en 1947...
 
– Dijo que había visitado a Bosnia en 1996, y que aterrizó "bajo el fuego de los francotiradores". "Supuestamente, debía haber una ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, pero en vez de eso tuvimos que correr con la cabeza gacha hasta los vehículos que nos iban a llevar a la base". Poco después de efectuar tales declaraciones, la CBS emitió unas imágenes de ese viaje: en él se ve a Hillary y a su hija, Chelsea, entre gente sonriente y recibiendo ramos de flores de un grupo de chiquillas. Nadie corría asustado. Ningún guerrillero andaba por ahí disparando.
La verdad es que, a estas alturas, los políticos no deberían sorprendernos. Hemos leído últimamente a Karl Rove en el Wall Street Journal denunciando el proteccionismo de candidatos y políticos demócratas. Muy cierto. Pero no debemos olvidar que el mismo Rove, en el año 2000, cuando era asesor de la campaña presidencial de Bush y Cheney, insistía en prometer a los electores que el Gobierno republicano protegería a la industria del acero. Así se hizo, con el resultado de que los altos precios internos de dicho producto causaron el desempleo de unas 200.000 personas, puesto que muchas fábricas radicadas en Estados Unidos mudaron sus operaciones al exterior. La industria del acero del país empleaba a 187.000 trabajadores.
 
Palabras similares a las de Rove se le oyen hoy a Obama, en contra del comercio con China, del Nafta, del Cafta y del tratado con Colombia.
 
Con este tipo de posturas los políticos buscan el apoyo de poderosos sindicatos, aunque sus propuestas vayan contra los verdaderos intereses de la mayoría y contra la especialización de la industria nacional en aquellos campos donde existen claras ventajas comparativas y no hacen falta protecciones arancelarias ni subsidios de Washington, que terminamos pagando todos con nuestros impuestos.
 
 
© AIPE
 
CARLOS BALL, director de la agencia AIPE.
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