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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Póquer de ases

El modelo socialdemócrata sueco que –sin llamarlo así– propone Zapatero en las Cortes anuncia desastres. Además, Z. ni se ha enterado de que los suecos –socialistas o no– lo han abandonado hace ya unos treinta años, porque su política de Todo por el Estado condujo Suecia a la quiebra. Daré un solo ejemplo: allí, el monopolio estatal de las pensiones no existe; hoy, los suecos pueden elegir entre el sistema estatal, el privado y el cooperativo o sindical.

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Todo el mundo recuerda el escándalo que produjo Ingmar Bergman cuando huyó a Alemania porque la Hacienda sueca le exigía pagar, en concepto de impuestos, ¡el 120% de lo que había ganado! Todo eso ha terminado, y en Europa son pocos los países –gobiernos, parlamentos, partidos, sindicatos– que siguen defendiendo una política de Todo por el Estado, o de Estado Todopoderoso, como la que defiende Zapatero.
 
El modelo de rebelión liberal sigue siendo el encarnado por Margaret Thatcher, quien logró sacar al Reino Unido de la ruina en que le había sumido el viejo laborismo: antes de llegara ella no se luchaba contra el paro, se subvencionaba a los parados (y no se pagaban ciertos alquileres, si se votaba laborista), etcétera, como quiere hacer Zapatero. Hasta cierto punto, Sarkozy intenta imitar a Thatcher, pero de forma tan timorata que los resultados no están a la vista.
 
Una vez más, en este debate de investidura, por lo que he leído y visto en la tele –no todo: me aburría demasiado–, ni Zapatero, ni Rajoy ni nadie habló teniendo en cuenta la realidad. Aparte de algunas frases rituales sobre la crisis financiera mundial, por culpa de los USA, no faltaba más, y de algunas, aún más rituales, plegarias sobre el "medio ambiente" (¿qué será eso? ¿Significa que hay que comprar agua del Ródano para que Jordi Pujol pueda, al fin, bañarse?), todos hablaron de España como si fuera una fortaleza aislada y fuera del mundo, como si no acamparan en nuestras calles no sólo inmigrantes clandestinos, sino todos los problemas económicos, sociales, culturales y militares (la guerra antiterrorista) del mundo.
 
Rubalcaba.Esa ceguera es impresionante. Lo vean o no Sus Señorías, nuestros problemas son mundiales: aislarse, encerrarse, es suicida. Ni siquiera la lucha contra el terrorismo etarra es un asunto exclusivamente nacional; y menos mal, porque los franceses nos ayudan más eficazmente que Rubalcaba.
 
Hay que decir las cosas como son: con la paulatina transformación de la socialdemocracia europea en socialburocracia, el tan cacareado "modelo social europeo" copia, cada vez más abiertamente, a la sociedad soviética. Pese a ese ejemplo histórico, pese a que los países comunistas se han aferrado al capitalismo para salir del bache –un capitalismo peculiar, demasiado estatal aún, pero comparado con la "planificación socialista de la economía"... ¡una panacea!), en varios países europeos los socialburócratas siguen defendiendo ese modelo buocrático en que el Estado controla o dirige todo, desde la familia al cine, desde la economía a la salud, y mientras tanto el paro aumenta, los "nuevos pobres" también, la economía se estanca; pero, pese a todos los controles estatales, los calzoncillos y las camisetas chinas en los supermercados crean crisis comerciales.
 
Esto fue cierto en el Reino Unido hasta Thatcher, en Alemania hasta Schröder, y ahora Merkel, en Francia hasta Sarkozy, pero aún persiste, y en España es peor que nunca: a más crisis, más Estado, piensan nuestros señoritos.
 
Los que opinan y declaran que, precisamente por eso, la Europa unida es cada vez más necesaria se equivocan rotundamente. Si el Mercado Común tuvo aspectos positivos, las instituciones comunitarias se caracterizan por su gigantesco despilfarro e ineficacia, la Comisión por su arbitrariedad e incoherencia; y de todas formas Europa se ha convertido, desde del punto de vista económico, en una lejana provincia semisubdesarrollada del mundo. (Dicho sea paso, la India comenzó su despegue cuando abandonó su política soviética y adoptó una mucho más liberal).
 
En cuanto a la Europa política y de defensa, ¡no hablemos! Para la defensa ya está la Alianza Atlántica, y para la política ya están los hechos. Desde el Tratado de Roma, las grandes potencias europeas quieren crear, de forma demagógica y autoritaria, un superestado europeo... que controlen ellas. El sueño nazi de la Nueva Europa, pero, claro, sin el Terror. Hemos tenido recientemente una nueva peripecia: Sarkozy encontró resistencias por parte de Merkel a sus ambiciones bonapartistas y se precipitó a Londres para buscar el apoyo de Brown. Lo encontró, de boquilla. Pero eso no quita que mañana Brown y Merkel se alíen contra Sarkozy, el último de la clase en materia de déficit estatal.
 
No hay solución global y definitiva (salvo la muerte). La buena sociedad, el hombre nuevo, la justicia social son sólo máscaras de los totalitarismos, y cierto "pragmatismo científico", o sea, basado en la experiencia, me parece necesario. Yo creo que la experiencia, precisamente, ha demostrado que en Europa, y en cada una de sus naciones, una política a la vez más liberal que el "modelo social europeo" y más internacional, o sea abierta al mundo, es lo menos malo.
 
En este sentido, me pareció magnífica la conferencia de Esperanza Aguirre en el Foro ABC. Sabemos que el tema de su intervención fueron las elecciones, sus resultados, la política del PP y sus críticas a esa política. Como, desde Aznar, el PP no tiene política internacional propia, es lógico que Aguirre no abordara el tema. Lógico, pero triste. Lo que aplaudí (desde mi butaca) fue que dijera que el PP debería ser un partido más moderno, abierto y liberal. Y de paso señaló a Gallardón que liberal es lo contrario de conservador, porque él, paleto conformista, se cree que ser progresista es ser progre, y centrista, sociata descafeinado. ¿Por qué no se pasa de una vez al PSOE? Seguro que le darían un cargo en las caballerizas del Reino.
 
En cuanto a lo que dijo Esperanza Aguirre sobre el PP, sus defectos, sus lastres y las posibles soluciones, merece capítulo aparte. Me reservo el derecho a comentarlo pausadamente uno de estos días. En relación con lo que tanto se comenta, y a tantos irrita, actualmente, sobre su futura candidatura, yo, claro, no tengo ni idea. Sólo, tal vez, una discreta esperanza.
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