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VENEZUELA

Pasividad alarmante

''Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía''. Estas palabras las pronunció Simón Bolívar al convocar el Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819.

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Una pasividad alarmante corroe nuestras fibras, mientras el teniente coronel presidente, Hugo Chávez, va imponiendo su plan de colocarnos en el camino por el que transitó Fidel Castro en lo que fuera una Cuba próspera, hoy empobrecida, que ha podido subsistir tras el colapso soviético por su mecenas, el teniente coronel, y el torpe embargo contra la Isla impuesto por los Gobiernos estadounidenses.
 
Tal es el calco chavista de la aberración castrista, que pretenden imponernos el llamado poder comunal, una vulgar patraña igualita a la cubanísima Asamblea del Poder Popular, que lo único que tiene de poder y de popular es el nombre, pues es una célula del poder centralizado al servicio de los Castro. Será la misma mofa del "diálogo", las "consultas" y el "parlamentarismo de calle".
 
Lo grave del poder comunal es que la sociedad venezolana está cayendo en una trampa que hará del nuestro un país de eunucos políticos. Desgraciadamente, no sólo tendremos un teniente coronel al frente de eso que él llama "revolución" y que ni él ni nadie entiende, sino una dirigencia opositora bobalicona que baila al ritmo del autócrata. Hay que ver la abundancia de errores en que incurre Chávez, pero no se escucha la voz de la dirigencia política opositora, dedicada a lo doméstico, a lo parroquial, como si estuviéramos realmente en una democracia.
 
Néstor Kirchner y Hugo Chávez.A ningún dirigente opositor se le ocurrió protestar ante la embajada argentina para criticar al presidente Kirchner por darle tribuna a un jefe de Estado americano a fin de que despotricara, insultara y vejara a otro jefe de Estado, el señor Bush. Kirchner le sacó el cuerpo a la bufonada, pero ¿habría autorizado un acto igual si hubiese sido contra un mandatario latinoamericano? Lo dudo, porque nada más se trata de esa obsesión ridícula antinorteamericana de una parte de Europa y de América Latina, que culpa a los Estados Unidos por el origen de nuestros males desde la colonia, cuando la culpa hay que buscarla en nuestra incapacidad y mediocridad a la hora de lidiar con nuestras vicisitudes. Como decía Octavio Paz, "la verdadera enfermedad de América Latina es el retraso en la reflexión política, económica y social".
 
El teniente coronel ha vendido la idea de la democracia participativa, cuando lo suyo es simplemente un mar de palabras vacías, demagógicas. "Invita" a debatir su  socialismo del siglo XXI, pero ha bastado con que un par de dirigentes de los grupúsculos políticos que le apoyan mostraran alguna discrepancia para que ambos cayeran triturados por el verbo soez del presidente.
 
En Venezuela hay un solo poder, y está en el palacio presidencial de Miraflores; lo demás es pantalla. Si queremos engañarnos a nosotros mismos, no nos lamentemos después. Será ya tarde. ¿Institucionalidad, para qué? Es conocido que el marxismo es el punto de encuentro de la voluntad de todo autócrata. Lo ha sufrido Cuba, y ahora, gracias al teniente coronel, nos toca sufrirlo a los venezolanos, por bucólicos e indiferentes.
 
Puede afirmarse que la reputación internacional del teniente coronel está en descenso, que prestigiosos periódicos latinoamericanos lo han desenmascarado y que otros, como Le Monde, The New York Times y el entusiasmado The Guardian, han arriado banderas, pero somos los venezolanos los que estamos en la candela. Si tememos quemarnos, alejémonos de la cocina. Decía el presidente Truman que quien tiene miedo a la candela no debe acercarse a la cocina.
 
 
© AIPE
 
SAÚL PÉREZ LOZANO, periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque Dearmas.
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