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Pero seguimos sin Ley de Huelga

Hay que destruir las bases legales y judiciales que petrifican esta situación terrorífica. Sin eso, no habrá Oposición respetable ni Gobierno decente

Federico Jiménez Losantos
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La Huelga General contra el Gobierno de Rajoy ha fracasado por segunda vez en un año, aunque ya la realizada contra Zapatero, su bienhechor, fue un fracaso sin paliativos, según la medición más fiable: la variación entre el consumo eléctrico previsto para ese día del año y el que al final se produce. Sin embargo, como en todas las encuestas y en las elecciones autonómicas recientes, el hundimiento de la Izquierda no supone el éxito de la Derecha. Desde el Poder, se considera un éxito que, en plena crisis, la Oposición no tumbe al Gobierno en la calle o no logre arrebatarle el gobierno de Galicia. Pero también desde el Gobierno y el PP, si se prescinden de las anteojeras partidistas, debería reconocer sque su política económica sigue siendo un fracaso, y que está perdiendo la ocasión de hacer las grandes reformas que necesita España y que deberían suponer el final de la hegemonía absoluta de la Izquierda en sectores clave de la vida nacional.

La Huelga General del 14N ha supuesto la demostración, otra más, de los límites en la capacidad de acción de la Izquierda, del desprestigio de los sindicatos, de su escasísima representatividad social y de su achatarramiento ideológico. Pero el Gobierno, en vez de aprovechar la ocasión para dar el golpe de gracia a estas bandas vociferantes y violentas, acabando con sus innumerables privilegios y permitiendo la creación o recreación de un sindicalismo nuevo, más acorde con la España actual, se va a recrear en el fracaso ajeno para no cumplir con la obligación propia.

El caso de la comerciante que debe aguantar siete minutos de agresiones verbales de una pandilla granujienta sin que la policía haga algo más que interponerse entre los agresores y la agredida ejemplifica a la perfección la indolencia de un Gobierno que lo tiene todo para hacerlo bien y se empeña, en el mejor de los casos, en hacerlo a medias. La segunda Huelga General en un año era y es la ocasión de hacer una Ley de Huelga, y allá el PSOE si no la apoya, y de revisar a fondo el funcionamiento de los Juzgados de lo Social, enemigos de la libre empresa y obstáculo esencial para la mejora del mercado laboral español, el peor de Europa y uno de los peores del mundo.

Hay que acabar con la subvención a los sindicatos y con la tolerancia –la política de brazos cruzados- dispensada a los salvajes que atropellan las libertades cívicas más elementales. Hay que destruir las bases legales y judiciales que petrifican esta situación terrorífica. Sin eso, no habrá Oposición respetable ni Gobierno decente. Porque los sindicatos, con todo a favor, habrán vuelto a fracasar; pero lo cierto es que seguimos pagándoles y sin Ley de Huelga.

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