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CIENCIA

El Hombre de Flores se marchita

Hace dos años los paleoantropólogos hallaron en la isla de Flores, en Indonesia, los restos fósiles de una suerte de humanos diminutos que fueron catalogados como una nueva especie: el Homo floresiensis. Un estudio apunta ahora que tal vez no estemos ante una nueva estirpe, sino ante unos hombres modernos afectados por una enfermedad que se conoce como microcefalia.

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Para quienes nos interesamos por los enigmas de la evolución humana no hay nada más gratificante para el intelecto –y el divertimento– que asistir a un debate científico sobre el origen y la evolución de la Humanidad. En las últimas semanas la polémica ha subido de temperatura, para ponerse al rojo vivo, a raíz de los recientes hallazgos: la separación más reciente de lo que se creía entre el chimpancé y los ancestros del género Homo, al cual pertenecemos, los nuevos fósiles de homínido encontrados en la región etíope de Afar y el análisis del cráneo del Hombre de Flores, que pone en duda su clasificación como una nueva especie.
 
Cuando sus restos fueron encontrados, en 2004, parecía cosa de ciencia ficción. Hace 18.000 años la isla estaba habitada por unos personajes de un metro de altura que fabricaban útiles de piedra y cazaban elefantes enanos. Las mentes más imaginativas bautizaron a esta gente menuda como hobbits, en referencia a los personajes de baja estatura de la novela y película El señor de los anillos. Los expertos nos explicaron que el aislamiento en la isla fue el detonante evolutivo que hizo que los hombres de Flores menguaran, y nos aseguraron que eran una versión de bolsillo del Homo erectus, un antecesor nuestro que vivió hace 1,8 millones de años y que de algún modo llegó y se instaló en la isla indonesia.
 
Ya entonces algunos antropólogos escépticos plantearon la posibilidad de que fueran humanos modernos afectados por alguna forma de enanismo, pero esta hipótesis no encontró eco en la comunidad científica. Ahora este argumento empieza a cobrar fuerza. En concreto, el antropólogo Robert D. Martín y sus colegas del Museo de Ciencias Naturales Field, en Chicago (EEUU), acaban de anunciar en la revista Science que probablemente los huesos del Homo floresiensis pertenecieron a un homínido de nuestra especie, esto es, el Homo sapiens, que sufría microcefalia, un trastorno congénito que se caracteriza por que los afectados tienen una cabeza más pequeña en comparación con la de una persona normal de la misma edad y sexo. Normalmente, el resto del cuerpo también es de menor tamaño, y la mayoría padece retraso mental.
 
Se supone que el Homo Floresiensis tenía este aspecto.Para llegar a esta conclusión, el equipo de Martín analizó la relación entre el tamaño de la cabeza y el cuerpo de diferentes mamíferos, incluidos los elefantes enanos de la isla de Flores, y aplicaron los resultados de los datos comparativos a los restos fósiles de uno de los hobbits encontrados en la cueva de esta isla conocida como Liang Bua. El resultado es sorprendente: si el cráneo del Homo erectus se hubiera encogido hasta alcanzar el tamaño del de un Homo floresiensi, éste sólo pesaría ¡11 kilos!; vamos, poco más que un tití.
 
Entonces, si los primitivos habitantes de Flores no eran una nueva especie, ¿qué eran? Martin cree ver en el cráneo de Liang Bua a un tipo moderno con microcefalia. La polémica no es nueva. En otro artículo que apareció en Science unos meses antes, Dean Falk, de la Universidad de Florida, en Tallahassee (EEUU), argumentaba que esta calavera no muestra las profundas huellas patológicas que pueden observarse en los cerebros microcefálicos. Sin embargo, Martin sale al paso de esta investigación diciendo que no siempre son fácilmente identificables, y menciona como ejemplo el caso de una mujer de 32 años que tenía el cuerpo de una niña de 12. En declaraciones a Science, Martin advierte de que no está diciendo que el cráneo que ha analizado sufra microcefalia con una certeza del 100%, sino que el tamaño del cerebro que alojaría es "simplemente demasiado pequeño" para ser normal.
 
Muchos científicos han recogido con escepticismo el estudio de este investigador, incluido el método para recoger las escalas corporales, y sostienen que todavía es pronto para asegurar que los hombres de Flores sufrieran este trastorno neurológico. William Jungers, de la Stony Brook University, ha comentado públicamente que la hipótesis de Martin implica que hace 18.000 años la isla estaba habitada por una población de "idiotas microcefálicos".
 
Otro asunto pendiente es la industria lítica asociada a los hobbits indonesios. Para James Phillips, antropólogo de la Universidad de Illinois, las herramientas tan avanzadas del Hombre de Flores no podrían haber sido talladas por alguien distinto al Homo sapiens.
 
Ahora bien, quienes se sitúan en la otra hipótesis, esto es, que el Hombre de Flores no tiene nada que ver con nosotros y que constituye una especie diferente, también cuentan con argumentos científicos. Sin ir más lejos, en la última reunión de la Sociedad Paleoantropológica estadounidense, que se celebró el pasado abril en Puerto Rico, la anatomista Susan Larson, de la Stony Brook University, presentó una investigación que concluía que el omóplato del Homo floresiensis es muy distinto al del hombre moderno y que, por el contrario, recuerda tanto en forma como en su posición anatómica al del Homo erectus.
 
G. Philip Rightmire, un experto en estos homínidos de la Universidad de Binghamton, en Nueva York, apoya esta idea y sostiene que cada vez está más claro que los hobbits indonesios no son una suerte de enanitos de nuestra especie. La polémica está abierta.
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