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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Eunucos en celo: qué no podrán ser éstos del PP

Es difícil encontrar en el panorama político mundial un partido siquiera la mitad de pusilánime que el popular, cuyos complejos sólo son equiparables a las ansias de su sanedrín por situar a su líder en La Moncloa. Los dirigentes del PP decidieron hace tiempo que en el tren del progresismo se viaja muy bien, aunque sea arrumbado en el vagón de los tontos útiles, papel para el que, por lo que parece, la derecha política española se cree predestinada.

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A los genoveses les da pánico que alguien los identifique con alguna idea decente, un principio noble o tal valor ajeno al cotarro izquierdoso en que los sorayos se mueven con tanta soltura, razón por la cual prefieren no hacer alarde de otras convicciones que las incluidas en la agenda de la izquierda; eso sí, previamente diluidas para marcar un poquito las diferencias de cara a una galería que ya no les soporta.

¿Por qué se avergüenza MR12 de sus votantes? ¿Acaso no se da cuenta de que son ellos los que, diariamente, deben avergonzarse de él y de sus secuaces?

Detengámonos un momento en el caso del famoso movimiento norteamericano Tea Party, una sencilla conjunción de ciudadanos anónimos que se han declarado hartos de soportar la basura marxistoide que Obama quiere imponer a aquella sociedad.

Difícilmente un partido de derechas medianamente serio resistiría la tentación de celebrar esta rebelión pacífica, puesta en marcha contra unas ideas repugnantes que supuestamente los partidos conservadores y liberales deben combatir. Sin embargo, cuando le preguntan a Mariano en el periódico de referencia de la izquierda alfabetizada, el tipo se arruga como una piltrafa y sólo balbucea algunas excusas para negar que su partido tenga algo que ver con esa parte de la sociedad civil norteamericana, casualmente responsable del mayor éxito político que los defensores de la libertad individual han obtenido en las últimas décadas en una gran nación.

Por supuesto que el PP no tiene nada que ver con el Tea Party, porque el partido de Rajoy es una formación ni-ni: ni tiene identificadas las ideas que debe llevar a la práctica ni coraje para defender nada presentable en la oposición, lo cual no puede, afortunadamente, decirse de ese movimiento de masas. En esencia, el PP no puede tener un Tea Party porque es un partido que comparte en gran medida la basura doctrinal consagrada en la vulgata de su adversario político, como se puede comprobar examinando las declaraciones ambiguas de sus dirigentes y los silencios atronadores de sus candidatos en todos aquellos asuntos susceptibles de suscitar polémica.

Gallardón, otro pepero ni-ni, ha actuado una vez más de portavoz plenipotenciario del partido al manifestar su contrariedad por que la sociedad civil norteamericana haya propinado a su adorado Obama un bofetón electoral de dimensiones casi bíblicas. Es muy probable que González Pons, Moragas, Mariano y el resto de la alegre muchachada obamita del PP estén pasando también un trago amargo con la derrota de su referente político, y por eso no quieran oír hablar de un grupúsculo de ciudadanos libres que ha contribuido a devolver a Norteamérica su orgullo fundacional.

Aún no han dicho que el Tea Party es una ultraderecha con vínculos nazis porque los grandes medios patrios de izquierda no les han pedido que se pronuncien al respecto. En el momento en que la prograda mediática les exija –una vez más– que acrediten su limpieza de sangre progresista, ya verán cómo los dirigentes del PP se pegan por ver quién profiere el insulto más desdeñoso.

Sólo hay una cosa peor que ser un eunuco ideológico, y es estar permanentemente en celo, dolencia al parecer muy extendida en la sede nacional del PP. Que Dios nos libre.

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