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CIENCIA

Vida (un poquito) artificial

La gran noticia científica del año ha resultado tan atractiva como el debate que ha generado: la creación de la primera célula basada en un genoma artificial.

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De la mano del gran mago del márketing científico, Craig Venter, la nueva corrió en cuestión de segundos por las redacciones de todo el planeta... a la misma velocidad que empezaban a levantarse las primeras ampollas. "El hombre procede de Dios, pero no es Dios", declaró pocas horas después de conocerse el avance Domenico Mogavero, jurista de la Conferencia Episcopal. Barack Obama encargó al día siguiente un informe específico a la Comisión Presidencial para Asuntos de Bioética. John Horgan arrancaba ayer mismo su crónica para Scientific American con un descreído "Craig Venter es la Lady Gaga de la ciencia"... ¿Demasiado revuelo por un puñado de pares de bases diseñadas por ordenador?

Obviemos la provocación de Horgan, el mismo Horgan que hace una década nos anunció a bombo y platillo que la ciencia tocaba a su fin en un libro que advertía de los límites infranqueables a los que había llegado la investigación: desde entonces, la ciencia se ha entretenido terminando de codificar el genoma humano, realizando una docena de trasplantes experimentales de tejidos complejos, conociendo el genoma neandertal, construyendo un colisionador de hadrones capaz de explorar los límites de la materia, logrando la vacuna contra el virus del papiloma humano... ¡menudo fin es ese! Me quedo con las otras reacciones, las temerosas de Dios (o del hombre), las que vuelven a poner el grito en el cielo y la alarma en los corazones. ¿Tienen motivos para el espanto?

Para empezar, Venter no ha creado vida artificial. Es cierto que su trabajo ha supuesto un paso de gigante en la síntesis de organismos autoorganizados, y que nunca antes se había logrado implantar un genoma fabricado por el hombre en un célula viva para que funcione en ella de manera autónoma. Pero el organismo resultante necesita de vida previa. El ADN del bichito en cuestión tiene que ser integrado en otro bichito nacido, crecido y reproducido de manera natural como Dios manda. Así que, aunque a efectos periodísticos a muchos nos ha venido de perlas el titular, lo que realmente se ha creado es una célula medio artificial, sólo un poquito artificial.

Por otro lado, Venter no ha producido nada que la naturaleza no venga produciendo espontáneamente... y el ser humano provocando durante milenios. Las patatas que hoy comemos, los pollos que alimentamos en las granjas, los geranios que adornan nuestras terrazas, los toros que saltan estos días al coso de Las Ventas... también son un poquito artificiales. Ninguno de ellos estaría entre nosotros si la naturaleza hubiera seguido su curso sin intervención humana alguna.

Desde que el hombre ideó la agricultura, el mundo vegetal y animal no ha dejado de verse forzado a cambiar: hibridación, cruce, selección, injerto...: son todas técnicas artificiales para producir especies inexistentes e imposibles con el devenir libérrimo del orden natural. El colmo parecen los organismos modificados genéticamente, animales y plantas inexistentes que la ciencia fabrica mediante la mezcla artificial de otros animales y plantas.

Todo ello se ha hecho con profusión desde hace siglos o décadas, con el permiso de la Iglesia y de Barack Obama.

El logro de Craig Venter es espectacular, pero no especialmente novedoso desde el punto de vista de la percepción ética. Hay que tener en cuenta que las aplicaciones que se pretenden obtener mediante esta investigación ya son conseguibles por otras vías menos dramáticas. La generación de organismos capaces de desarrollar tareas concretas (limpiar el aceite de un vertido en el mar, generar insulina en el cuerpo de un diabético, reprogramar el crecimiento de un tejido dañado...) ya lleva tiempo con nosotros, y pueden lograrse mediante transgénesis, reprogramación celular o clonación. De manera que el ser humano no está superando una línea roja que no haya superado antes.

Por lo que realmente es fascinante el último logro de Venter es porque nos enfrenta a una nueva dimensión en la definición de qué sea la vida. Una definición que se antoja obsoleta cada vez que se intenta.

Venter nos somete al reto intelectual de explicar por qué la célula que ha salido de su laboratorio es artificial y un grano de arroz BT modificado en los laboratorios de ingenieros agrónomos para combatir una plaga de taladro no lo es. Y con el reto nos propone abrir un debate real sobre el modo en el que nos enfrentamos a los fenómenos vitales complejos.

Nadie tiene la intención de fabricar animalitos por ordenador (ni mucho menos seres humanos). Venter no ha jugado a ser Dios más que el agricultor de Granada que elige sólo los kiwis que le interesan para cruzar con otros y selecciona el aspecto, el color, el sabor y el grado de madurez que tendrán las siguientes generaciones de kiwis de su plantación, y que jamás la naturaleza por sí sola hubiera alcanzado a lograr.

Si Venter es Dios de algo, lo es del marketing. Pero ese es otro tema.


JORGE ALCALDE también tuitea: twitter.com/joralcalde
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