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La homicida

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Una mujer de 28 años ha dado muerte presuntamente a su pareja, un hombre de 58 años, de treinta puñaladas, en Lugones, Siero, Asturias. Ella misma llamó a los servicios de urgencias del 112 para decirles que se había suicidado. Los periódicos han hecho un sitio a la noticia que ha pasado casi de puntillas cuando en otro tiempo habría sido de primera página.

Lo mató mientras estaba en la cama, probablemente dormido y desde luego desprevenido, tan a la chita callando que nadie más se enteró, ni si quiera los padres de ella, en cuya casa sucedieron los hechos. La homicida tiene todos boletos para que se la defina por alevosía, lo que huele a asesinato. El hombre no pudo defenderse.

Los sorprendidos padres escucharon de la mujer, Ana, que había matado a "Michel" "porque si no es para ella es para nadie", esgrimiendo como un trallazo el terrible adagio femenino. La celotipia es una furia asesina frecuente en las mujeres criminales aunque hay profesionales que ahora solo la atribuyen al asesino varón.

Ana y Michel estuvieron discutiendo toda la tarde. El hombre era pareja de la mujer del cuchillo desde hacia relativamente poco tiempo. Y aquella tarde, acostumbrado a su libre albedrio, y a ir de un lado para otro, lo que incluye visitar a su anterior pareja o salir con otras, hizo amago de irse de la casa aunque terminó acostándose en la habitación con la presunta. Más allá de las dos y media de la madrugada debieron empezar las puñaladas. Darle treinta a un cuerpo lleva un rato y necesita de una gran fuerza de voluntad. Cada corte provoca una nueva hemorragia y la peor de todas se produjo cuando le acertó en el cuello. Tampoco entonces se oyó un grito ni un ruido. El cuchillo entra y sale en el silencio de la noche. La habitación se inundó de sangre, la homicida no pudo limpiarla, ni recogerla, pero sí se deshizo del arma del crimen. El hombre apareció desnudo y desangrado.

Algunos vecinos dicen que él era un "buenetón" y que a ella la temían. La camarera del bar, de la localidad en la que el hombre vivía, afirma que "ella lo trataba como un perro" y eso suena a despectivo, pero yo he tenido perro y vivía en la gloria. De modo que lo de Ana era otra cosa: el vicio machista de la dominación, de ser propietario, de "mía o de la tumba fría", que es un mal que tienen todos los sexos, incluso los "trans, Q y más". En derecho, el bien supremo es la vida pero ahora en las noticias, gracias a la política, el bien supremo es la sexualidad.

De modo que Ana, cargada de sus armas de mujer, pese a avanzar decidida hacia los barrotes de la comisaría ha pasado desapercibida entre confusas noticias del Valle de los Caídos y las Caídas, sin tiempo para que el público se plantee que hace que un ser humano prefiera matar a otro, como Pascual Duarte a su madre, antes que dejarlo libre para que ramonee como una mariposa. Claro que Pascual había tratado a su perra como un perro porque le daba rabia hasta quitarle la vida. Pascual era un asesino en serie y terminó en el garrote vil donde por cierto enviaron también a la envenenadora de Valencia, Pilar Prades, que envenenaba a las señoras de la casa para robarles el marido, lo que en un pueblo que entonces cedía el asiento a las señoras, decía piropos por la calle, obtenía permiso para el amor con una caída de ojos, y que era tan caballero y educado supuso una auténtica tragedia nacional. Y además el verdugo era inseguro y borrachín por lo que se le fue la mano y se pasó el resto de la vida lamentando haber tenido que matar a una mujer de aquella cochina manera. Ahora matar no es tanta noticia.

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