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Guillermo Domínguez

Disfrutemos del presente, disfrutemos de Vinicius

Ya vendrán Mbappé y Haaland (o no), pero la única realidad es que Vinicius es futbolista del Real Madrid. Y parece que por muchos años.

Guillermo Domínguez
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Ya vendrán Mbappé y Haaland (o no), pero la única realidad es que Vinicius es futbolista del Real Madrid. Y parece que por muchos años.
Vinicius, en el último partido contra el Celta. | Cordon Press

Mbappé, Haaland… y Vinicius. Muchos madridistas sueñan (soñamos) con un equipo de fantasía para la temporada 2022/23, cuando ya habrán terminado las obras del Santiago Bernabéu y el club espera poder presumir de un magnífico equipo jugando en el que promete ser el mejor estadio del mundo. Pero, como escribía Calderón de la Barca, "los sueños, sueños son".

Vivamos, pues, el presente. Aparquemos las conjeturas de la (más que) posible llegada de Kylian y el no tan factible fichaje de Erling, y centrémonos en el hoy. Disfrutemos de Vinicius de Olivera Júnior, un jugador que hasta hace no mucho estaba en la rampa de salida y, en apenas unas semanas, ha pasado a convertirse en el nuevo ídolo de la afición madridista junto a Benzema y Luka Modric.

Se lo ha ganado a pulso el chico. Con su velocidad y desparpajo –virtudes que siempre ha mostrado–, pero ahora también con goles. No es asunto baladí, pues la falta de puntería sigue siendo uno de los grandes males del Madrid porque eso no cambia de la noche a la mañana, por mucho que en este club se viva cada acontecimiento a una velocidad de vértigo.

Vini define ahora como los ángeles. Ha pasado de ser un monitor VGA 640 x 480 píxeles –perdón por la frikada– a una televisión 8K. El despertar goleador del fenómeno de Sao Goçalo no parece ser flor de un día: cuatro goles de todo tipo, en las cuatro primeras jornadas de Liga, en los que Vinicius ha demostrado no sólo acierto de cara a portería, sino también una palpable mejoría técnica y, sobre todo, una gran madurez a la hora de tomar la mejor decisión ante el marco rival.

Sospecho que el gran culpable de esta resurrección es Carlo Ancelotti. Al principio de curso, el brasileño parecía estar en desventaja con Hazard y Bale y, si me apuran, hasta Asensio y Rodrygo. Ahora se ha convertido en el dueño indiscutible de la banda izquierda. Con el galés fuera de combate y Hazard todavía lejos de su mejor nivel, Vini se ha asentado en el once junto a Benzema. No hay guapo que se atreva a soñar con quitar a Vinicius y Karim de la titularidad.

Pese a su perenne sonrisa, le ha cambiado para bien el semblante al brasileño, un futbolista que siempre ha tenido una excelente comunión con la grada, aunque el domingo pecara de imprudente en la celebración de su gol contra el Celta —como él, imprudentes también los aficionados apiñados en la grada y sin mascarilla—. Es otro jugador con Carletto porque Zidane no acababa de apostar por él y, cuando lo hacía, sorprendía a propios y extraños colocando al 20 blanco de carrilero derecho, como en la ida de semifinales de la pasada temporada contra el Chelsea. Desde luego que no seré yo el guapo que se atreva a discutirle a Zizou sus decisiones, más aún teniendo en cuenta su palmarés, pero si en algo pudo fallar el francés fue en su obcecación por la vieja guardia y en una gestión un tanto discutible de la plantilla.

Pero eso ya es agua pasada. Lo dicho: disfrutemos de Vini. Ya vendrán Mbappé y Haaland (o no), pero mientras tanto siguen siendo jugadores del París Saint-Germain y el Borussia Dortmund, respectivamente. La única realidad es que Vinicius es futbolista del Real Madrid, y parece que por muchos años. Amén.

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