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PNV: ¿nos escandalizamos por lo que sabemos desde 1978?

El Plan Ibarretxe vuelve a ser protagonista destacado en los editoriales de prensa tras el discurso del presidente del PNV, Xabier Arzalluz, en el Alderdi Eguna. ABC señala una “realidad incómoda, dura pero cierta: El PNV y el lehendakari sólo cuentan con ETA para dar una salida al plan soberanista. La prueba está en que el plan del lehendakari no ha ganado un solo adepto fuera de las filas nacionalistas y, sin embargo, el nacionalismo sigue adelante con la propuesta. Sólo la expectativa de lograr el aval de la banda terrorista infunde ánimos a la estrategia fracasada del lehendakari”.

ABC señala además que “la confianza del lehendakari en que su plan será aprobado por el parlamento vasco no es ilusión sino certeza de que la banda terrorista acabará ordenando a Otegi y compañía que voten a favor de la propuesta”. “El nacionalismo vasco —concluye un poco más adelante el editorial— otra vez por su propio y exclusivo interés, como hiciera en 1998, ha vuelto lanzarse al rescate de la izquierda proetarra y de ETA, en vez de colaborar con el Estado en el golpe definitivo a la banda terrorista”.

Por nuestra parte, sólo podemos añadir al comentario de ABC que la evidente confianza del lehendakari en que su plan será aprobado no sólo radica en el hecho de que la banda terrorista ordenará a Otegui que lo respalde en el parlamento vasco, sino también en la confianza de que el Gobierno central seguirá tolerando de facto ese respaldo y esa representación parlamentaria de la banda terrorista. Porque, ¿se acuerdan los lectores de una llamada “ley de partidos” que fue ya aprobada hace un año y que dejaba supuestamente sin representación política a ETA? ¿Se acuerdan que los nacionalistas vascos dijeron que no acatarían esa legislación? ¿Y que nos dicen de la persecución “con toda la firmeza de la ley” de la apología del terrorismo que, treinta años después, nos había prometido llevar a cabo los partidos constitucionalistas? ¿Acaso está Otegui encarcelado por las reiteradas muestras de apoyo que, tras esa advertencia gubernamental, ha venido brindado a los “combatientes” y a los “patriotas” de ETA?.

Los hechos son los que son: Los nacionalistas vascos han hecho caso omiso —tal y como advirtieron que harían— de la ley de partidos y, constatada la persistente impunidad de Atutxa, una periódico constitucionalista como ABC no tiene otro remedio que calibrar la confianza de Ibarretxe en que su plan salga adelante en la cámara vasca, únicamente en lo que decidan hacer soberanamente los representantes de ETA. Por nuestra parte, no nos cabe duda alguna de que ETA respaldará en el parlamento —y con una tregua si hace falta— el secesionismo del PNV. Ciertamente, no hace falta tener esa información de primera mano que brindaba ayer Otegi en Gara para saber que su banda “no pondrá obstáculos a una consulta que es la culminación del trueque que ETA pactó en Lizarra con el PNV”. Pero el Gobierno, en lugar de abortar ya ese engendro con la aplicación efectiva de una legislación aprobada ya hace un año —no digamos ya del artículo de la Constitución que contempla la suspensión temporal de las instituciones autonómicas— parecería que está dejándolo crecer para intervenir justo en el momento del alumbramiento.

Sin embargo, y por seguir el lenguaje ginecológico que usara Otegui hace un año y ayer repitiera Arzalluz, cuanto más se tarde en abortar el engendro nacionalista, más traumática y arriesgada será la operación. El Mundo, sin embargo, insiste en esperar para intervenir, pues “el embarazo de Arzalluz terminará en aborto político”.

En realidad incluso el futurible de El Mundo no es tan taxativo, pues considera que “podría ser que este parto acabara mal”. Así, este diario nos tranquiliza informándonos, como si de algo sorprendente se tratara, de que el PP y el PSOE “volvieron a pedir a Ibarretxe que retire sus propuestas”.

Menos mal. Lo que ya faltaba ya es que el PP y el PSOE se ofrecieran a Arzalluz como comadronas. Sin embargo, la cuestión que no plantea El Mundo es cómo y cuando debe intervenir el Gobierno para inducir el parto e impedir que el proyecto secesionista continúe, vista la coherencia y la determinación con la que los nacionalistas lo están gestando. Por ejemplo, ¿El Mundo considera que la asignación de fecha concreta para el referéndum nacionalista debería ser ya motivo para la aplicación inmediata del artículo 155 de la Constitución? ¿O debería el Gobierno central dejar que la consulta secesionista se produjera para no hacerle caso después?

La legión de sesudos y pretenciosamente sensatos comentaristas constitucionalistas —los mismos que aplaudieron los “procesos de paz” con los terroristas— seguro que confían en que la criatura secesionista abortará de forma natural. Sin embargo, cuando hay una manifiesta y reiterada voluntad de no acatar el imperio de la ley, hay que señalar el recurso a la fuerza que este exige, y los que se mueven con cálculos de oportunidad política, deberían saber que este recurso será mucho más respaldado ahora que en un escenario de tregua por parte de los pistoleros del nacionalismo.

El Mundo, sin embargo, congela cuando no retrotrae hasta lo esperpéntico su análisis. En lugar de adelantarse y prevenir el futuro nos sale con algo tan requetesabido como que “el problema es que los nacionalistas anteponen su proyecto soberanista a la convivencia de todos los vascos”. Esta observación sería muy clarividente y oportuna si se hubiera producido en 1978 tras la decisión del PNV de abstenerse en el referéndum constitucional. Pero, no, El Mundo la utiliza como para abrir los ojos a un Zapatero que ha respondido al Plan Ibarretxe diciendo que “si gana las elecciones, intentará unir a todos los demócratas en la defensa de los valores constitucionales y la convivencia”...

Patético. Un cuarto de siglo después, es evidente que Zapatero ya sabe que los nacionalistas vascos “anteponen su proyecto soberanista a la Constitución”. Siempre lo han hecho. Las declaraciones de Zapatero —que para El Mundo “suenan bien”— no muestran candidez alguna respecto al PNV, sino una despreciable y nada velada puya al Gobierno del PP al que se le culpa de no haber “unido a todos los demócratas en defensa de los valores constitucionalistas”.

Está visto que El Mundo insiste en hacerse el inocente con quien cortó la cabeza a Redondo Terreros. Zapatero, puede muy bien desaparecer de la escena política tras las elecciones generales, pero el que no lo hará seguro es su partido ni el desafío de los nacionalistas vascos a la legalidad constitucional. Flaco favor haremos al PSOE para que finalmente tome claramente la opción de los constitucionalistas si tratamos al PNV como si no lo conociéramos desde hace treinta años...Y eso por no retrotraernos a los tiempos de don Sabino.

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