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PROGRESISMO

O como matar de hambre al pueblo

¿A cuántos pobres han matado de hambre los progresistas desde 1917? Es una buena pregunta y alguien debería investigar y publicarlo. Rusia fue la despensa de Europa hasta que los progresistas se hicieron con el poder ese año y comenzaron a instituir políticas “para compartir la riqueza”. Durante los siguientes 70 años hasta que el socialismo colapsó, Rusia fue en importador neto de comida, siempre al borde de la inanición.

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En los años 30, Stalin instigó una hambruna en Ucrania, calculada para liberarse de aproximadamente unos 10 millones de enemigos políticos. Su crimen fue protegido por los progresistas del New York Times y el Comité del Premio Pulitzer (controlan ambas instituciones hasta la fecha).
 
Estas atrocidades continúan porque los progresistas moderados son la coartada de los progresistas duros como Stalin, Castro y otros monstruos políticos – prefieren demonizar a George Bush y John Ashcroft en su lugar.
 
La incapacidad de la izquierda a la hora de entender el hecho económico más básico –que la gente necesita un incentivo para producir– ha causado la muerte innecesaria de decenas de millones de personas –sobretodo pobres– en los últimos 75 años. Pero gracias a unos medios de comunicación y a un sistema educativo políticamente corruptos, su búsqueda cabezona de fantasías socialistas continúa.
 
Hace algunos años, cuando Robert Mugabe, el dictador izquierdista de Zimbabwe, comenzó su carrera armamentística contra los granjeros blancos para regocijo de los progresistas de aquí (incluyendo a lumbreras de la causa de la justicia social tales como Jesse Jackson o Al Sharpton), mantuve correspondencia con un periodista negro amigo mío que escribe en todas las agencias de noticias izquierdistas que aparentan preocuparse por el pueblo negro, pero que en realidad se preocupan solamente de sus destructivas agendas de izquierdas. Le sugerí que podía hacer que sus amigos protestaran ante el racismo sangriento de Mugabe y el marxismo de encefalograma plano antes de que el pobre pueblo negro comenzara a morirse de hambre en Zimbabwe como resultado de estas políticas criminales que se cebaron en el segmento más productivo de la economía de Zimbabwe.
 
Mi amigo naturalmente defendió a los asesinos y chorizos como “justicia social”, y dio la espalda al racismo, dado que solamente se dirigía contra los blancos, cuyos padres, por supuesto, habían sido “imperialistas”. Al hacer esto expresaba la opinión de la mayoría del mundo progresista, por ejemplo la de los dictadores y organizaciones radicales que asistieron a la Conferencia orwelliana de la ONU contra el Racismo de Durban del 2001, una orgía de ataques racistas contra blancos y judíos.
 
América y Gran Bretaña, que llevaron al mundo a terminar con la esclavitud e incluso intentaron (en vano) terminar con ella en África, donde atracaron en la ONU y solicitaron "compensaciones" mientras el Sudán musulmán, que mantiene la esclavitud, o la Liga de Estados Árabes, cuyos ancestros esclavizaron a más africanos negros que todos los europeos y norteamericanos juntos, no las solicitaron. Israel, la única democracia de Oriente Medio, cuyos ciudadanos árabes tienen más derechos que los árabes de todos los estados árabes, fue atacado por racismo, mientras los estados árabes que prohíben a los judíos poner un pie en su territorio, no.
 
Hoy las vacas progresistas se están quedando famélicas en Zimbabwe. La pasada Nochebuena, el Wall Street Journal publicó una noticia a toda página acerca de las condiciones en el estado policial marxista de Mugabe. El título de la noticia del Journal lo dice todo: "Antaño una despensa, hoy Zimbabwe no puede alimentarse a sí mismo”. La producción de maíz – la dieta básica -- ha caído dos tercios en los últimos tres años, y 6 millones de de personas en Zimbabwe están a punto de morir de hambre.
 
El embajador norteamericano, Tony Hall, lo expresó acertadamente cuando dijo “Zimbabwe es único como ejemplo de cómo un país puede ser arruinado por una única persona”. En realidad, Zimbabwe es tan sólo uno de tales países, y no fue arruinado por una única persona, sino por una única persona apoyada por un movimiento global de archireaccionarios que se autodenominan progresistas, y que han matado a 100 millones de personas en el último siglo en nombre de la “justicia social”, y que no han aprendido nada en el proceso.
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