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DROGAS

Otro aniversario de una guerra fracasada

Se cumplen 40 años desde que Richard Nixon anunció en un discurso que declaraba la guerra a las drogas. En aquel entonces los políticos creían que el castigo severo de los involucrados en la producción, distribución y consumo de drogas acabaría por reducir la oferta y la demanda de las mismas. Creían en la utopía de un mundo sin drogas.

Gabriela Calderón de Burgos
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A principios de mes, la Comisión Global de Política sobre Drogas –conformada por destacados pensadores, expertos y expresidentes como Mario Vargas Llosa, César Gaviria, Kofi Annan, Richard Branson y Ernesto Zedillo– publicó su último informe, cuya primera oración dice:

La guerra global a las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para individuos y sociedades alrededor del mundo.

El documento indica que entre 1998 y 2008 el consumo mundial de cannabis (marihuana) aumentó un 8,5%, el de cocaína un 27% y el de opiáceos un 34%.

Hay países que han adoptado enfoques alternativos, trasladando el problema del consumo de drogas al ámbito de la salud pública. Alemania, Australia, Reino Unido y Suiza, que adoptaron tempranamente estrategias de reducción de daños, como la entrega de agujas limpias, han conseguido reducir la tasa de transmisión del VIH entre consumidores de droga a menos del 4%. En cambio, los que se han negado a adoptar este tipo de medidas mantienen las tasas más altas de transmisión: hasta de un 40% en Tailandia y Rusia.

Más importante para Latinoamérica es el hecho de que la aplicación más estricta del régimen prohibicionista parece generar más violencia y corrupción. Consideremos el caso de México, donde han muerto 35.000 personas desde que, hace cinco años, se intensificó la guerra contra las drogas. Hace ya más de 20 años, el Premio Nobel de Economía Milton Friedman dijo:

La ilegalidad genera ganancias obscenas, que a su vez financian las prácticas letales de los capos de la droga. La ilegalidad conduce a la corrupción de las fuerzas del orden.

El costo es demasiado alto como para no tomar en consideración políticas alternativas. El informe arriba citado destaca los casos de Suiza, Reino Unido y Países Bajos, donde se ha experimentado una reducción global del consumo o de los daños colaterales. Además está el caso de Portugal, donde se despenalizaron todas las drogas y, como reportó un estudio del Cato Institute, no se disparó el consumo y se redujeron los problemas relacionados con las drogas.

La guerra contra las drogas no ha reducido el consumo; en cambio, ha generado enormes costos a la sociedad, empezando por el representado por las vidas perdidas en el fuego cruzado entre los narcos y la fuerza pública, que se ha convertido en una amenaza más a la vigencia del Estado de Derecho en varios países de América Latina.

La adicción es una enfermedad con raíces profundas que tienen poco o nada que ver con la legalidad o ilegalidad del consumo. El enfermo requiere tratamiento, no estigmatización o, peor aún, ser encerrado en la cárcel.

En este nuevo aniversario, recordemos el fracaso de la guerra contra las drogas y abramos un debate basado en los hechos, no en miedos injustificados, sobre las alternativas a la prohibición.

 

© El Cato

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