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TRES PROPUESTAS

Para calmar los nervios

No parece que puedan ser peores las noticias respecto de los zafarranchos que crean los aparatos estatales en distintas partes del mundo. Es cierto que siempre hay lugar para algo peor, pero el hecho es que el Leviatán, paso a paso, está carcomiendo los recovecos de libertad que aún existen. 

Alberto Benegas Lynch (h)
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Tarde o temprano vienen los cortes de luz, la falta de medicamentos, el deterioro de las viviendas, la merma en la calidad de los alimentos; hay mal humor, gritos, manifestaciones iracundas. Pero lo peor, lo realmente aterrador, es la asfixia, la degradación y el aplastamiento de la condición humana. El atropello inmisericorde de la libertad pone en grave peligro el futuro de nuestros hijos y nietos.

Salvo honrosas excepciones, en América Latina, Europa y Estados Unidos (para no decir nada de lo que viene ocurriendo en la mayor parte de los países africanos y asiáticos) los valores y principios de la sociedad abierta se resienten de las heridas que con particular saña le infligen los detractores de los derechos individuales. El asunto es cómo enfrentar mejor estos problemas.

Para ponerlo en una cápsula, sugiero una triada que puede cambiar el horizonte para bien. Hay tres vías que, simultáneamente adoptadas, permiten no solo abrigar esperanzas en la reversión de esos problemas, sino que arrojan paz interior e infunden una gran calma al sistema nervioso. 

1) Hay que proceder siempre y en toda ocasión a contribuir al enderezamiento de la situación con la mayor honestidad intelectual, sin dejarse amedrentar por lo que otros dicen ni ajustar las propias convicciones a la corriente central para quedar a bien con la opinión mayoritaria. 

En este sentido, conjeturo que el mal de nuestro tiempo no es tanto cuestión de los que comulgan con tradiciones de pensamiento contrarias a la sociedad abierta como de los indiferentes y distraídos y, sobre todo, de los deshonestos intelectuales, de los timoratos que no resisten las presiones y están siempre dispuestos a la componenda.

2) En lugar de quejarnos porque otros no entienden ni comparten la filosofía liberal, resulta más fértil preguntarse por qué somos tan ineptos en la transmisión de nuestro mensaje.

Al trasladar el foco de atención hacia nosotros mismos, estamos obligados a pulir el mensaje y, consecuentemente, a hacer mejor nuestros deberes. Y como tendemos a ser más benévolos con nosotros mismos que con el prójimo, este enfoque conduce a que se aquieten nuestros ánimos.

3) Tomar con la debida seriedad la sabia sentencia de T. S. Eliot: "For us there is the trying, the rest is not our business".

Esto realza la soberbia superlativa que significa intentar la corrección del mundo. Nuestra misión es mucho más modesta: se circunscribe a las personas a que tenemos acceso, sea a través de nuestras conversaciones cotidianas, sea en la cátedra o en los medios. 

Para poder mirarnos al espejo con tranquilidad de conciencia en el corto camino que recorremos en este mundo –sin tomarnos demasiado en serio, y con la capacidad de reírnos de nosotros mismos– debemos apuntar a que las cosas hayan resultado un poquito mejor gracias a nuestra infinitesimal contribución. Nada más y nada menos, lo cual nos inyecta serenidad, alegría, y, sobre todo, nos calma los nervios.


© Diario de América

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