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MODERADAMENTE YO

"Tolerancia o muerte"

La prensa, española y mundial, muestra un empeño digno de mejor causa en señalar que las peores opciones políticas y éticas a las que se enfrenta Occidente, desde la barbarie islamista hasta la narcoguerrilla, no pueden ser consideradas como conjuntos, sino que se dividen siempre en dos alas: la moderada y la radical. Extremos y extremismos moderados o radicales. Así, hubo que tragar con que aquel señor iraní que no quería saludar a la reina Sofía porque a él le pasaba algo con las mujeres: era el ala moderada de su amenazante régimen.

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Y hubo que tragar con la dichosa formulita del "jeque Yasín, líder espiritual de Hamás" –porque, como se sabe, una organización terrorista siempre tiene un aspecto espiritual, aunque resulte en el suicidio en nombre de Alá–, adelantando la posibilidad, el día de mañana, de llamar "líder espiritual de ETA" a Ternera o a Otegui. Hasta ahora, el único que ha cosechado algún beneficio de esa imagen de Yasín es el ministro Moratinos, que pretende que Hamás sea excluida de la lista de organizaciones terroristas porque, imagino que argumenta, si tiene líder espiritual, tiene ala moderada.
 
Los dirigentes de la izquierda que metieron en la cabeza ingenua de varias generaciones la ridícula consigna según la cual "la sangre derramada jamás ser[ía] negociada" simplemente mentían, y a sabiendas. La sangre se derrama sólo para negociar desde posiciones de fuerza. ETA lleva muchos años derramando sangre ajena para eso. Y el ala moderada del socialismo, moderadamente socialista, moderadamente nacionalista, desea contactar con el ala moderada del terrorismo vasco para sentarse a discutir la posibilidad de que algún asesino perdonable se siente en algún Consistorio o en algún Parlamento en pie de igualdad con sus víctimas. No se puede ser radical, hay que dialogar.
 
La palabra "diálogo" se las trae: sirve para disimular la negociación de la sangre, el desmembramiento de la nación sobre el cual sienta sus orondas posaderas presidenciales el señor Zapatero, y permite eludir el enunciado de unos objetivos a alcanzar por ambas partes. Los moderados dialogarán con los moderados, obviarán moderadamente la mención de España porque molesta a los otros moderados y se entregarán al Estado moderadamente libre de Euskadi, que sólo por moderación desea ser asociado. Una moderada independencia, pues.
 
Hugo Chávez y José Luis Rodríguez Zapatero.Pero salgamos de lo inmediato y veamos cuáles son nuestros moderados oponentes en la batalla por el desarrollo social y productivo en las sociedades abiertas: los ecologistas, gente de bien donde las haya, moderadamente deseosos de invertir las relaciones tradicionales entre el hombre y la naturaleza, poniendo el primero al servicio de la segunda al luchar por impedir que la tal vez nación aragonesa ceda un poco de agua a las tal vez naciones valenciana y murciana; las y los feministas, moderadamente convencidos de la necesidad de abolir la condición de ciudadanos de los españoles y las españolas, dividiéndolos en dos categorías bien diferenciadas, una de las cuales siempre es víctima de la otra, y dispuestos para ello a reformar un Código Penal igualitario; los laicistas, moderadamente anticatólicos y antijudíos, encantados con la idea de que se enseñe islam en las escuelas públicas; los pacifistas, moderadamente aliados de la Liga Árabe, a cuyas reuniones no asiste el rey de Jordania pero sí el presidente de la sonrisa, ejemplo de moderación, que vende armas pacíficas al indeseable Chávez, el de la OPEP. La lista es más amplia, pero esto sólo es un artículo y con los enumerados basta y sobra.
 
¿Puede uno oponerse moderadamente a todas esas barbaridades radicales? La respuesta es "no". Porque ni el ecologismo, ni el feminismo, ni el pacifismo, ni el laicismo son moderados, pese a sus apariencias. Por abundar en uno solo de los ejemplos: la enseñanza del islam con cargo a los presupuestos del Estado español no tiene nada que ver con la tolerancia ni con la incorporación del diferente a la sociedad española, sino con los intereses de Marruecos y otros países exportadores de población adoctrinada, y con la presión de Al Qaeda.
 
Si no recibimos bien a los inmigrantes musulmanes, de acuerdo con sus deseos y sus proyectos, se nos reducirán las áreas de pesca, se nos encarecerá el petróleo y quizá nos pongan unas cuantas bombas: frente a eso, creen algunos, que lo han entendido, es preferible ser moderado y argumentar con la tolerancia. "Tolerancia o muerte", propuso hace muchos años un humorista sueco. Mozarabismo o, lo que es peor, muladismo, digo yo. Chamberlainismo puro. Y la cabeza y el corazón me ponen de parte de Don Pelayo y de Churchill, claro. Radicalmente, sin moderación alguna. Entre otras cosas, porque los moderados no existen, como bien sabía y enseñó Lenin a sus correligionarios.
 
No faltó quien, en conversación sobre este tema, acusara al autor de estas líneas de "extremista del liberalismo", cosa que no es. El extremismo sitúa en los fascismos, en los comunismos, en el fanatismo idiota. Igual que el fundamentalismo. "Radical" es la palabra adecuada. Radical del liberalismo. Liberal radical. ¿Es que alguien puede ser el que es sin serlo radicalmente? ¿Es que se puede amar, vivir o morir moderadamente? ¿Se tienen ideas moderadas o se tienen ideas a secas, las que sean, y se actúa en función de ellas, se las promueve, se las ejerce sin concesiones?
 
Lo que se pretende al atiborrarnos de propaganda políticamente correcta no es convertirnos en moderados, sino en radicales de la moderación, que es una manera de hacer de la servidumbre un hábito. Cualquier exceso es nocivo, se reitera en los mensajes de la policía del pensamiento basura, esgrimiendo la porra de la vergüenza, amenazando con el desprecio y el aislamiento general a los que ya somos despreciados y aislados, para que, si judaizamos, lo hagamos en secreto; y, si somos denunciados, se nos pasee con capirote ante la burla de la plebe bienpensante. Cualquier radicalidad distinta de la oficial corre riesgos. Un motivo más para ser radical.
 
Radicalmente antiterrorista: la moderación se ha mostrado contraproducente.
 
Radicalmente globalizador: los proteccionismos moderadores se han mostrado vanos.
 
Radicalmente antinacionalista: los nacionalismos tienen efectos morales, económicos e intelectuales deletéreos.
 
Eso, para empezar. Y como contrapartida de una constatación: no hay islamistas moderados, no hay nacionalistas moderados, no hay laicistas moderados, no hay neofeministas moderados, no hay antiglobalizadores moderados.
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