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Con principios sí se gana

Pablo Casado en este tiempo ha firmado con sus electores un contrato que se puede resumir en un concepto: no sorayizarse.

Pablo Casado | Cordon Press

Pablo Casado ha ganado las elecciones internas del Partido Popular y es ya el nuevo presidente del partido y, por tanto, el jefe de la oposición al gobierno socialista. Se merece el aplauso y la enhorabuena, porque ha sabido plantar cara y ganar con una fuerza que era inesperada para todos los que creen que la política es un juego táctico de salón. Su victoria me parece decisiva para el futuro de los españoles, y es una excelente noticia. No sólo porque su alternativa –la cansina prolongación del sorayismo/rajoyismo- hubiera sido desastrosa. Sobre todo, porque lo que se dirimía era, en el fondo, dos concepciones antagónicas de la política. Una forma de hacer política desideologizada y subordinada a la izquierda, intentando siempre no arriesgar, ha sido derrotada por una alternativa que acentúa las ideas, los principios y las convicciones, que no teme arriesgarse al ser diferente. Pablo Casado ha demostrado que con principios sí se gana, si hay valentía y alegría para defenderlos.

Lo primero han sido las ideas. Desde el primer minuto Pablo Casado se comprometió a basar su acción política en un cuerpo de ideas sólido, expresamente definido como liberal. Es el mejor punto de partida. Son las ideas de la Libertad las que han dado siempre los mejores resultados, fuera y dentro de España. Por eso la victoria de Pablo Casado es también –y yo me alegro mucho de que así sea- una reivindicación de la política liberal de José María Aznar y de Esperanza Aguirre. Con los dos ha aprendido y con los dos ha crecido. Quizá esa sea una de las causas de que haya sabido cómo ganar.

Durante la campaña interna Pablo Casado ha entrado a fondo en los grandes debates. Por supuesto, en la reivindicación de España como espacio de libertad frente al nacionalismo liberticida. También en la definición de una España sólidamente occidental, que denuncia el totalitarismo en Nicaragua, en Venezuela y en Cuba. Han pasado ya diez años desde que Pablo Casado llamaba asesino al Che Guevara, y censuraba a quienes se ponen una camiseta con su rostro. Es un milagro escuchar esas cosas en estos tiempos de corrección política.

La definición liberal de Pablo Casado no se ha limitado a lo evidente, aunque por eso mismo muy importante: impuestos bajos, gasto público reducido, Estado no intervencionista, confianza en la libertad individual expresada en las decisiones en el mercado, y reformas en los servicios públicos. Todo eso es fundamental. Pero ha tenido el acierto de llegar aún más profundo, y lo ha hecho sobre todo en las dos entrevistas con Federico Jiménez Losantos en esRadio.

En la última entrevista dijo dos cosas muy importantes. Habló del nuevo "colectivismo social" de la izquierda, que va más allá del colectivismo económico, y que ahoga el individualismo para meter a las personas en colectivos identitarios, enfrentados entre sí. Habló también de la libertad individual como guía para cualquier toma de posición política: desde la imposición lingüística hasta la concepción de la educación, su criterio expreso es escoger la opción que permita más espacio a la libertad de cada persona.

Pablo Casado, en definitiva, ha demostrado que con principios es como se gana, y si no lo olvida ganará las próximas elecciones, y de ese modo podrá poner en marcha una alternativa total a la agenda zapaterista de la izquierda. Al final eso es lo importante. No se trata de ganar, sino de ganar para hacer, y hacer algo radicalmente distinto, que cambie el panorama y fije el debate en torno a una nueva agenda liberal.

Hay otro punto de análisis muy importante para valorar lo que significa la elección hecha en el congreso del Partido Popular. Pablo Casado ha ganado porque ha arriesgado. En política también es importante reconocer el momento y jugárselo todo. Eso requiere coraje. No basta el entusiasmo. Hace falta valentía.

El PP lleva demasiados años -14, para ser exactos- cooptado por una minoría de políticos firmemente decididos a esperar sentados a que el adversario cometa errores. Un PP reservón y cobardón, del que no podía salir sino lo que salió: una política triste y desdibujada que ha hecho que la mitad de los que votaban al PP hayan dejado de hacerlo.

Se puede recuperar todo ese electorado y más, si Pablo Casado continúa haciendo y diciendo lo mismo que ha hecho en este último mes y medio. El riesgo no es tanto lo que integre, sino que mantenga su integridad. Ahora le caerán encima toda clase de actores relevantes del mundo empresarial, mediático y político, y todos le recomendarán que haga lo contrario de lo que ha prometido. Pero Pablo Casado en este tiempo ha firmado con sus electores un contrato que se puede resumir en un concepto: no sorayizarse.

Javier Fernández-Lasquetty, vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.

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