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La cabeza

Es con cabeza como habrá que valorar si la decisión de renunciar a dar cualquier batalla ideológica está teniendo mejores resultados que su contrario.

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Mariano Rajoy en la Moncloa | EFE

Hace diez años le escuché decir a Mariano Rajoy que su forma de hacer política era "con la cabeza, no con las vísceras". No era una ocasión cualquiera para decirlo. Quienes estábamos presentes percibimos con gran claridad hasta qué punto creía superior su forma de entender la política, y hasta qué punto consideraba que cualquier otra era menos inteligente que la suya.

El pasado domingo los electores catalanes relegaron al PP a la quinta posición. En mayo pasado el PP había sido ya desalojado del poder y, en muchos casos, de la primera posición en muchas ciudades españolas. De una sola vez perdió el gobierno en seis comunidades autónomas. En Navarra es prácticamente inexistente. Tiempo antes ya había pasado a una posición poco destacada en el País Vasco.

La cabeza alberga el cerebro, órgano que otorga al hombre la inteligencia, los afectos y la capacidad para la empatía. Es la cabeza la que nos permite evaluar si una conducta produce buenos resultados o estos son, en cambio, un fracaso. Es precisamente la cabeza la que sirve para analizar resultados, poner en relación acciones y resultados, omisiones y consecuencias, ausencias y frutos.

Con la cabeza se puede hacer un balance de la política seguida en relación con la escalada independentista que empezó en Cataluña precisamente en aquel año de 2005.

Con cabeza se puede valorar también cuál ha sido la reacción de muchos españoles ante la ausencia de una política en relación con la derrota de la banda terrorista ETA.

Ha de ser la cabeza quien guíe el análisis que explique por qué apareció primero un partido (UPyD), y luego otro (Ciudadanos), que han sido capaces de atraer a muchos votantes que no son nacionalistas ni socialistas.

Es apelando a la racionalidad cerebral como se debe reflexionar sobre las consecuencias de haber subido los impuestos a los españoles.

Usando la cabeza se podría ver si los años pasados han sido o no una oportunidad perdida de hacer reformas estructurales y profundas en las rígidas políticas que impiden a España salir adelante con la fuerza con la que saltan las economías europeas más libres y abiertas.

Y es igualmente con cabeza como habrá que valorar si la decisión abierta y clara de renunciar a dar cualquier tipo de batalla ideológica está teniendo mejores resultados que su contrario, aún en el caso de que aquellas batallas tuvieran algo de viscerales.

Llega un momento crucial para España. Y sí, es cierto, el PP debería usar la cabeza y ver si las cosas caminan en la dirección correcta.

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