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El puño de Pablo y la V de Íñigo

La sonrisa de un país se quedó haciendo pucheros en un casting gratuito de extras para Cuéntame, porque alguien se lo tendrá que contar, claro.

Javier Somalo
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Íñigo Errejón no quiso cerrar el puño en la Noche Triste mientras entonaban a Quilapayún. Prefirió formar con los dedos la V de victoria, parecía más de La Roja en octavos que del rojo en funeral.

En casi todas las familias, en un momento u otro, se han dado derivas exploratorias izquierdosas cuando era debido, o sea, con Franco vivo o recién enlosado. Yo conservo, más por un descuido planificado que por herencia fraterna, el disco Basta de los Quilapayún, mucho más agraciados musicalmente que las llantinas de cuatro acordes, salvo excepciones, de Paco Ibáñez. Aquellos Patrón, Carabina 30-30, La Mina o esa Última Curda, tango revolucionario del que aún recuerdo de memoria la letra, cantada con aliento alcohólico y acento argentino: Tu lágrima de ron me lleva/hasta el hondo bajo fondo/donde el barro se subleva… resultaban ­­–hasta que Cheli sacaba el güisqui– tan melodiosos como clandestinos.

Cuando aquel Basta sonaba en un Werner monoaural que se convertía en maletita de madera –lo conservo intacto y sin tentaciones– España entera iba en pantalón de campana original –no retro–, camisa de cuadros de Pepe Domingo Castaño –el cantante–, bebía Fundador –"Está como nunca el coñac que mejor sabe"– y, por supuesto, algo haría por la noche que no fuera dormir porque la tele se apagaba sola y, después de Palmarés o Directísimo o más allá de Jiménez del Oso, no había nada. Bueno, el himno y la bandera grisiblanca que daba paso a la nieve catódica de Poltersgeist o al torturante pitido de un kilohertzio con barras, no recuerdo muy bien porque no me pilló precisamente en edad de militancia. Huele un poco a naftalina, ¿verdad? Entrañable quizá, depende de los recuerdos, pero indiscutiblemente viejo y, en todo caso, pasado. Pues ahí es donde se han quedado, y sin vivirlo siquiera, los modernos socialdemócratas que dominan las redes sociales y querían regenerar la cosa: con los de Quilapayún y Víctor Jara, cantando "El pueblo unido jamás será vencido" con el iPhone en el bolsillo. La sonrisa de un país se quedó haciendo pucheros en un casting gratuito de extras para Cuéntame, porque alguien se lo tendrá que contar, claro.

Pero mientras Pablo Iglesias ascendía al séptimo cielo sin asaltarlo cantando puño en alto la milonga de trinchera, Errejón vivía el fracaso con la V de la victoria. Quizá tras el tortasso, el liderazgo quedaba un poquito vacante… ¡Sí se puede! –pensó sin recordar a Trotsky–, y con el cadáver electoral aún caliente, el best boy vino a decir que el pueblo unido jamás será vencido, sí, pero que Unidos Podemos siempre fracasaremos y que el que avisa no es traidor aunque no rime. En ese momento es cuando la aguja del tocadiscos Werner tropieza del disgusto y suena el siempre doloroso rayajo. Silencio de Quilapayún. Nos quitamos los ponchos. Fin de la fiesta. La guerra ha comenzado.

El natural paso de menchevique a bolchevique es el echenique, clase transitoria y ambiciosa con capacidad de dispensar amor o herbicida. Por las buenas soy muy bueno… solían decir los profesores el primer día de clase en la época congelada en que vive Podemos. Y ahí está el pampero que lidera el soviet de los Monegros recabando informes diseñados por Arriolina Bescansa –que quizá sea reeducada en una granja del CIS– para la gran reunión secreta convocada por Iglesias: ¿Razones del Iglexit? Supongo que entre los documentos caerá algún papelito encriptado sobre el propio Errejón y su ámbito de influencia. El aludido tiene fácil su primera defensa, si le dejan: "Te equivocas, Pablo, el enemigo es Rajoy" ¿No fue eso lo que le dijo Pablo a Pedro en el debate de las cuatro esquinas que se quedó en dos?

Como buen agitador propagandista, Iglesias ha querido jugar al despiste en su tele iraní diciendo que tanto lo amaban que lo temían y se quedaron en casa en vez de votar, o sea, descartando culpas internas para que el infiltrado baje la guardia. También ha querido espantar a los fantasmas del pucherazo que él mismo invocó y que el amigo de Ho Chi Min puso a trabajar en directo con García Ferreras. No hagan caso al NO-DO, que las batallas las está contando como nadie una periodista de esta casa: Miriam Muro.

Lo importante a partir de ahora es no quedarse a dormir en lo anecdótico, en la noticia cotidiana, por divertida que parezca, sino en la estrategia de Podemos porque ya ha alcanzado una base electoral que hace muy difícil su disolución inmediata como algunos quieren creer. El batacazo electoral les hará crecerse y a todos los partidos les suele venir muy bien un par de años en la oposición, ese paraíso ideológico en el que se promete todo lo que se va a incumplir y se denuncia todo lo que se va a perpetrar. De hecho, es su gestión conocida en ayuntamientos lo que ha contribuido a hundirles.

Eso sí, dado su gusto por los tiempos pasados, como se descuiden van a llegar a las conclusiones preliminares para la nueva revolución justo ochenta años después del inicio de la Guerra Civil, la otra.

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