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Escrache tributario

La novedad está en que, según esas mismas voces, es a Soraya a quien se le retira el obstáculo, no a Rajoy.

Javier Somalo
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Si Rodrigo Rato fue un gran ministro y ahora es un gran defraudador lo primero no ha de restar gravedad a lo segundo. Aburre tener que sentar la premisa pero es necesario porque operaciones como la perpetrada contra el ex vicepresidente del Gobierno no se han producido en otros casos de tanto o mayor escándalo y porque responde a varias estrategias electorales o, más bien, a una estrategia y un contraataque.

El Gobierno de Mariano Rajoy se ha empleado a fondo para dejar claro que los agentes que entraron en casa de Rodrigo Rato y que luego lo sacaron como hacía Eliot Ness –siempre acompañado de fotógrafo– dependían de Montoro. Por si quedan dudas, ahí está el distintivo de la Agencia Tributaria en el chaleco del agente que pone su mano sobre la cabeza del ex ministro para meterlo en el coche. El logotipo se asocia al Gobierno, a Montoro. Y el gesto de la mano, a la detención de un malhechor. Escena perfecta y, por otro lado, todo un aviso en plena campaña de la Declaración de la Renta.

Podrá parecer trazo grueso pero en época electoral esto es lo que impera. Son ideas fuerza: ¿quién detiene a quién? La Ley actúa. Un gobierno ha sido capaz de prender a su antiguo baluarte, al que fue amigo. Y cuanto más se propaga la especie de que la detención viene del Gobierno y que puede perjudicar a la campaña mejor resultará la operación electoral: uno de los nuestros –dirán– ha caído porque no nos tiembla la mano, esa mano que adentra en el coche al reo. Además, la operación fue casi anunciada en la mañana del día de autos por el propio Montoro. Vamos a por él. A ver quién iguala eso, Susana, Pedro, Albert, Pablo...

Soraya Sáenz de Santamaría ha dicho este viernes, en la rueda de prensa posterior al escrache: "Este gobierno cumple y hace cumplir la ley con independencia de procesos electorales". Claro, que se lo digan a los catalanes subyugados por el nacionalismo, por poner un solo ejemplo. En respuesta a otra pregunta sobre la operación Rato, levantando la barbilla, la vicepresidenta ha explicado: "Estamos ante un asunto particular, una investigación particular". Nunca antes había sido más sincera sin quererlo.

Pero aquel que no acostumbre a tragar con estos repertorios de sainete se dará de bruces con los matices de la realidad: Pantoja sí, la infanta no; Rodrigo sí, Jordi no. Y, por supuesto, Iñaki tampoco y los Chaves, Griñán, Zarrías y compañías, menos. No hay quien se lo trague. Hasta convendría, cuando haya más datos sobre los tejemanejes de Rato, hacer otra distinción entre el delito de robar dinero público y el de no declarar el propio, no para buscar eximentes o atenuantes sino para preguntarse por qué, habitualmente, se persigue más uno que otro.

Cómo ha cambiado la cosa, ¿verdad? Luis, sé fuerte… Rodrigo, ¡al coche! Entre el SMS presidencial y el escrache tributario media un periodo de aprendizaje y la más absoluta desinhibición con tal de conseguir lo que está más difícil que nunca: la victoria electoral, mantener el poder. Y aquí es donde llega el solapamiento de estrategias: Rajoy quiere ganar las elecciones corrigiendo con Rato el patinazo Bárcenas pero Soraya quiere ganar a Rajoy mostrando a un PP agotado, el de aquellos vicepresidentes de Aznar, Rato y Rajoy. La vicepresidenta necesitaría un PP como la España de Alfonso Guerra y en eso hay que reconocer que no va por mal camino. Prueben a preguntar en la calle si a Rodrigo Rato se le vincula o no al PP de Mariano Rajoy. La operación de esta semana puede servir pues, a dos intereses bien distintos.

No son pocos los populares que dicen que la defenestración de Ignacio González tenía por objeto evitar que formara tándem con Esperanza Aguirre constituyendo así un PP madrileño demasiado poderoso y poco afín. No es nuevo. La novedad está en que, según esas mismas voces, es a Soraya a quien se le retira el obstáculo, no a Rajoy. Dicen también que la vicepresidenta estará especialmente atenta a los resultados electorales –supongo que primero lo estará a la campaña– de María Dolores de Cospedal en Castilla La Mancha. Si cae en Toledo, cae del todo y para siempre.

Incluso ya hay quien se atreve a vaticinar que Mariano Rajoy no será el candidato para las elecciones generales de fin de año. Esto ya empieza a parecerse a aquel entrañable hipódromo de El Mundo de Pedrojota en el que los delfines de Aznar –Rato fue uno de ellos– iban ganando o perdiendo cuerpos cada semana y en cada curva. Ahora podría hacerse parodia de los Autos Locos, con Penélope Glamour recortando posiciones a bordo de un coche con todo tipo de gadgets de destrucción masiva.

Comenté la semana pasada que la clave de este año tan electoral estará en la enorme cantidad de escándalos que sucederán en muy poco tiempo. Así que, acomódense porque esto no ha hecho más que empezar y lo que hoy viene mañana va, en eterno vaivén. Un último detalle: por si algo fallara y el bumerán volara de vuelta hacia los cogotes pensantes, la vicepresidenta ya ha anunciado este viernes que convoca concurso para la adjudicación de nuevas TDT que se concederán… dentro de seis meses. Pero el que crea que esto tiene que ver con las elecciones está equivocado, claro.

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