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La Verdad Oculta

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El conocimiento inútil de Jean François Revel es uno de esos libros con un arranque tan poderoso que casi resume el resto de sus intenciones:

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira

Y la primera estrategia, la base de todas las demás, es dotar a la mentira de carácter orgánico y burocrático para promoverla, imponerla, como única verdad.

La desmemoria también se alimenta de mentiras. Quizá por eso, el protagonista de esta semana política española haya sido George Orwell y su extraordinario 1984. Porque no recordamos las mentiras más recientes: las del 11-M, las del fin de la negociación de Zapatero con ETA, las de los impuestos, las de las manos quemadas en apuestas de honor. La alcaldesa Carmena y su Madrid VO –Verdad Oculta– nos ha recordado a 1984 porque 1984 es una realidad: borramos el pasado para tropezar cada día en las mismas mentiras y sucumbir, rendidos ante ellas. No hacía falta Orwell aunque sea tan necesario y su doblepensar o crimental sean paradigma de lo que estamos a punto de revivir.

La verdad de Manuela Carmena –de Podemos, de la izquierda, de la sumisión– es la necesaria mentira, el apoyo irrenunciable al que alude Revel:

En los sistemas totalitarios, la mentira no es solamente una de las armas del poder político o de los intereses corporativos (…) Es el barniz que disimula el foso que se abre entre el dominio absoluto del partido único y su evidente incapacidad para gobernar la sociedad. La mentira no es sólo un ardid intermitente: es la afirmación permanente de lo contrario de lo que todo el mundo puede comprobar.

La famosa "glasnost" no fue sino confesar lo que todo el mundo sabía y echar la culpa, como bien indica Revel, al antecesor, en vez de al sistema. Pero el bueno de aquella historia resultó ser Mijail Gorbachov, el que quería cambiar la URSS manteniéndola; y el malo, el que de veras derrumbó la URSS aunque fuera entre vodka y vodka, Boris Yeltsin. La Verdad Oculta.

Tal incapacidad ha de llenarse con un decorado de novedades que nos haga vivir en una ilusión: la del cambio, término siempre esgrimido por la izquierda y tan contagiado a la derecha. ¿Qué cambio? De términos, de palabras, de la verdad por la mentira pero oficial. El afán de cambio ante la imposibilidad de gobierno se traduce en callejeros proscritos y en Ministerios de la Verdad. Pero, no hay sorpresas, siempre ha ocurrido. Estamos entre Mesidor y Termidor –cuánto calor– y las elecciones generales parece que serán entre Frimario y Nivoso, meses robesperrianos que no esconderían el Terror detrás de la poesía. Hasta puede que celebremos el día de la Opinión, o el de la Verdad. Visto lo visto, la sede del Ayuntamiento de Madrid, el imponente edificio de Correos del que quería huir Esperanza Aguirre de haber conseguido el bastón, se quedará pequeño. Mejor, a Nuevos Ministerios, denominación idónea, pues nuevos serán si Podemos llega al poder global, no nacional: el de la Verdad, del Amor, de la Abundancia, de la Paz, que siempre significan lo contrario. Otra vez Orwell, sí, y su neolengua que se quedó corta a juzgar por los primeros ensayos de Ada Colau y su Concejalía del Ciclo de la Vida. Y bajo el cambio nominal, el totalitario.

La iniciativa de la Verdad Oculta de Manuela Carmena ha dado un paso más mientras entretiene a los periodistas negando y afirmando, desmantelando y consolidando pero siempre avanzando. Ahora pide alguaciles voluntarios que delaten al prójimo. El mensaje, en Twitter, dice así: Podéis enviar noticias dudosas para que investiguemos su origen.

Si alguien se escandaliza es porque nunca ha preguntado a la media Cuba delatada por la otra mitad o porque no ha querido enterarse de cómo caían muchos ucranianos o polacos o bielorrusos en los infaustos años 30. O porque no oyó hablar de la BPS o de la Stasi. Pilla lejos, eso aquí no llegará o no volverá…

Y entretanto, Podemos promete "liberar a los periodistas de sus medios" a los que se supone que han llegado por condena a trabajos forzados a cambio de un catre sin luz ni agua. Una tal Lola Bañón, ex trabajadora de la Televisión Pública Valenciana y ahora alineada por Pablo Iglesias, lanzó las bases del proyecto: "liberar a los medios de sus estructuras de propiedad para que el discurso sea real y no impuesto por las grandes corporaciones". Ojo a la sentencia, que tiene miga y necesita relectura. Dicen que el modelo, que ya había esbozado el propio Iglesias, está inspirado en Ecuador, el de Rafael Correa. Toda una garantía.

En el fondo, la respuesta está en el dilema de los calcetines rojos de Juan Carlos Monedero. "Qué difícil es emparejarlos. Los colorados –no rojos– son todos parecidos y todos distintos". Maldita sea, ¡han de ser iguales! Esta es la misión de Podemos. En ello están. Kiko Ledgard, el peruano que dio con uno de los formatos televisivos de mayor éxito en España, nunca tuvo el problema de Monedero y, además de varios relojes de muñeca, siempre vestía un calcetín negro y otro rojo.

El PP y Ciudadanos –descarto al PSOE de Pedro Sánchez, marca blanca de Podemos– tienen ante sí el reto de frenar lo que cada vez está más cerca. No sirve atrincherarse en el Partenón, bella y alegórica ruina. Podemos ya gobierna en algunos lugares de España y puede alcanzarnos a todos. Esto no es mentira. El PP y Ciudadanos –insisto en excluir, de momento, al PSOE de Sánchez– y quien se pueda sumar cuando reorganice sus filas tienen una enorme responsabilidad de aquí a Frimario, fecha aproximada, o no, de las elecciones generales, quizá las más importantes de nuestra cuarentena democrática. Con el coraje de la verdad desacomplejada se les puede hacer frente. Abusaré un poco más de la cita a Revel:

Todos los autores que han narrado esta inmersión en la mentira, los Orwell, Solzhenitsin, Zinoviev, han insistido en la idea de que la mentira no es un simple coadyuvante, sino una componente orgánica del totalitarismo, una protección sin la cual no podría sobrevivir.

No hacían falta Revel, Solzhenitsin, Zinoviev, Grossman ni Orwell para lamentar lo sucedido pero sólo visitándolos de vez en cuando se da uno cuenta de cómo sus libros supieron explicar lo que muchos se resisten a creer que sucedió o creen que no volverá.

LA GUERRA ES LA PAZ

LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD

LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

(Orwell. 1984)

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