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Las transparencias del Gobierno

Y por encima de todo, y valga la machaconería, ¿transparencia?: un Poder Judicial independiente, puñetas. Con esto casi sobrarían las demás propuestas

Javier Somalo
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Lo que esta semana ocupó al Gobierno fue que los medios de comunicación se dedicaran a comparar el sueldo de Rajoy con el del resto de políticos. El presidente cobra poco, dicen. Pero callan que nada ha de pagar. Una cantinela con décadas de antigüedad que nos quieren vender como novedosa porque se puede consultar en un portal. Ya ven, aquí haciendo portales los que han echado a Google News de España. Siempre pioneros en lo peor.

En todo caso, el problema no sería lo que gane un presidente del Gobierno sino que lo gana para siempre: contrato infinito en vez de indefinido, o sea, carente de definición. Y que luego llegarán las conferencias, las asesorías internacionales, los consejos de Estado y los de administración. Me da lo mismo lo que cobren los presidentes y demás políticos. Esa no es la medida de la transparencia. Tanta insistencia en el dinero cobrado parecería la prueba de que llegan por eso a la política.

La nueva ley es como los programas electorales, escritos e incumplidos de forma tan flagrante como transparente. Sólo he advertido una novedad –de lo más transparente, por cierto– y es que el diario El País se ofrece como formulario, como Ventanilla Única de Cebrián y Soraya, como buzón del poder. Ahí tenemos a Cebrián volviendo a los tiempos del motorista de Franco que él tan bien conoció con Arias Navarro, que tuvo casi tanto poder como hoy Sáenz de Santamaría. Cristalina, la transparencia entre Prisa y La Moncloa.

¿Transparencia? Tribunales de Cuentas que de verdad lo sean en cada ejercicio, no cada cinco años, con menos medios que el juez Marino Barbero en tiempos de Filesa, Malesa y Time Export y sin carácter vinculante.

¿Transparencia? Que los ciudadanos puedan votar personas, no listas cerradas. En las próximas elecciones autonómicas y municipales sabremos cuántos PP y PSOE hay en España. Veremos más tarde –en noviembre, de momento– cómo un ciudadano puede elegir a un partido para su ciudad, a otro para su comunidad y a un tercero para La Moncloa. No son súbditos de un partido pero les puede convencer una persona a la que exigirán cuentas.

¿Transparencia? Que los militantes elijan al que mejor crean que representa su partido, o sea, su ideología, sus principios.

¿Transparencia? Que se acaben las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y patronales –lo prometía Rajoy cuando era oposición– y también los sueldos vitalicios y los funcionarios nombrados a dedo como cargos de confianza, que ya se sabe lo que pasa siempre donde hay confianza.

¿Transparencia? Que pongan fin al privilegio del aforamiento salvo para aquellos casos en los que de verdad supone una garantía para el ejercicio legítimo del poder. En España hay horda de aforados.

Y por encima de todo, y valga la machaconería, ¿transparencia?: un Poder Judicial independiente, puñetas. Con esto casi sobrarían las demás propuestas, o mejor, sin ello de nada sirven. Esta sería la única garantía de transparencia y por eso es lo único que no quieren abordar ni unos ni otros desde 1985. Esta semana, sólo lo ha defendido con contundencia Rosa Díez, que de momento no gobierna.

Aún no ha trascendido el que será el primer discurso de Nochebuena del rey Felipe. Supongo que podremos leer palabras como crisis, unidad, diversidad, juntos, España… Pero hay un párrafo que podría rescatar literalmente de su discurso de coronación:

(…) un Rey, en fin, que ha de respetar también el principio de separación de poderes y, por tanto, cumplir las leyes aprobadas por las Cortes Generales, colaborar con el Gobierno de la Nación -a quien corresponde la dirección de la política nacional- y respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial.

Pero claro, como en la moda, hay transparencias más arriesgadas que otras según lo orgulloso que esté uno de sus vergüenzas. Hoy, nuestro Gobierno prefiere jugar a las adivinanzas en el portal, sin dejarnos subir a casa.

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