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Los jueces y guardias civiles de Podemos

En cuanto les aúllan un poco en un mitin rompen a llorar orinocos y se les vierte el chavismo golpista y sincero, carajo.

Javier Somalo
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Pablo Iglesias se esforzó en parecer socialdemócrata y hasta zapaterista –¿el que asalta el cielo, pupilo del que cuenta nubes?– hasta que papá hippy, el genio de los impuestos, capimarxista donde los haya, lo devolvió a su realidad. Dice Juan Carlos Monedero que en Podemos "hay muchos jueces y guardias civiles porque están esperando un Gobierno presidido por Pablo Iglesias que les dé la orden de meter en la cárcel a todos estos sinvergüenzas del PP".

En cuanto les aúllan un poco en un mitin rompen a llorar orinocos y se les vierte el chavismo golpista y sincero, carajo. Al podemita sin cartera –se ve que quiere Gobernación– se le ha escapado el plan. He ahí, pues, un adelanto del Estado que preparan: jueces y guardias civiles esperando –en el mejor de los casos, que ya llegará justicia popular– la orden del caudillo. No es, ni mucho menos, para tomárselo a broma pues habla el asesor de Hugo Chávez y sabe muy bien cómo se forja un aparato represor ejemplar.

Nótese que mientras los melifluos andan acostumbrándose a decir "investigado" en vez de "imputado", el Lavrenti Beria de Iglesias prefiere ir directamente a la condena sin proceso y por expreso deseo del presidente del Gobierno: "Orden de meter en la cárcel", o sea, al pogromo. De momento, la ilusión de Monedero amenaza "a todos estos sinvergüenzas del PP". ¿Se refiere sólo a los corruptos? "A todos", está claro, incluso a los que les hacen de chófer. Y luego vendrá Ciudadanos y después el PSOE y así hasta completar la purga, que se lo pregunten a Leopoldo López, golpista, traidor y justo reo a ojos de Podemos.

Supongo que a muchos guardias civiles les habrá dolido la alusión de Monedero. Habrá miles de ellos que tengan en la retina a un compañero acribillado en plena calle, despedazado por un coche bomba o asesinado junto a su familia en una casa cuartel por ETA. Que un orgulloso aliado de Arnaldo Otegi presuma de albergar un retén para lanzar las redadas del cambio es la antítesis de la memoria, la dignidad, la justicia y la vergüenza. Es una provocación.

En cuanto a los jueces, asunto que no interesa demasiado a los partidos que los eligen y nombran, es tan preocupante como posible el sueño del bolivariano aunque nos resulte algo más familiar. Si hay un precedente paradigmático de acoso político togado es el que ha acabado con la condena a España por vulnerar la libertad de expresión: el Affaire Jiménez Losantos c. Espagne. Si no tienen a mano El Linchamiento, conviene refrescar la memoria con el artículo recordatorio que ha escrito Dieter Brandau. Como dice Javier Gómez de Liaño, que sufrió similar proceso y el mismo restablecimiento de su honor fuera de España, todavía quedan jueces… pero en Estrasburgo. Con el Plan Monedero la cosa podría incluso empeorar.

Teniendo claros los puntos del programa morado sobre Justicia y Orden Público, habrá que esperar al papel que Monedero tiene reservado para el ex JEMAD y repasar el panorama militar oficial venezolano por si arrojara alguna luz.

El asesor del narco-estado de Venezuela seguirá "amaneciendo con un Orinoco triste paseando por sus ojos" en cursi recuerdo del golpista y esnifando cocaína contra Rivera ante la carcajada pueril de estudiantes que insisten en cobrarnos sus matrículas a los treinta y tantos hasta que llegue la Orden de Pablo, la Kristallnacht, que no todo es soviético sino totalitario.

Dice Monedero que Ciudadanos le da "risa; el PP, rabia y el PSOE, pena". Risa, rabia y pena. Tres sentimientos en estas elecciones de cuatro. Falta uno. Asco.

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