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Niños hambrientos y calles franquistas

Es el NO-DO de Podemos, el que prepara la gloriosa venida de las tropas complutenses que, como antaño, alternan el combate al enemigo con el interno.

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Manuela Carmena | EFE

Reina el silencio en Madrid. En el gobierno municipal, que no informa de lo que hace porque no hace nada útil, y en la oposición, que no se opone a nada por si fuera mejor dejar hacer al que nada hace para que el ciudadano lo note.

El caso es que al día siguiente de bajarse del metro, el gobierno municipal de Manuela Carmena empezó a buscar el resorte que siempre hace al PP saltar por los aires. Lo activó Zapatero nada más llegar al poder mentando al abuelo: la memoria histórica. Luego resultó que el abuelo Juan Rodríguez Lozano tenía una memoria bien distinta, sobre todo durante las revueltas mineras de Asturias en 1934. Pero a la derecha democrática –a la izquierda le vale con el nombre de pila– siempre la cogen con el pie cambiado escuchando tan atónita como inmóvil que el Yugo y las Flechas de Ysabel y Fernando son franquistas y que los abuelos del PP mataron a Lorca.

Y así, la semana política de la capital transcurrió entre el hambre, Franco –tanto monta, monta tanto el Yugo como las Flechas–, la mentira, la manipulación y el escandaloso silencio.

Desayunando en el Hotel Ritz, la alcaldesa Manuela Carmena habló sobre la pobreza y malnutrición de los niños de Madrid. Sin leer un papel, sin echar una mala cuenta. Y es que "los ceros son los huevos de los que salieron las demás cifras", graciosa greguería de Ramón Gómez de la Serna, imputado por Carmena en la gran causa callejera. Pero una exhaustiva crónica de Domingo Soriano en Libertad Digital hizo una buena tortilla de tanto huevo: las cifras eran inventadas y el plan para reducirlas, inexistente. ¿La oposición? aquí, en internet. Haciendo los números de la alcaldesa y localizando la calle de Julio Camba.

Claro que hay niños, familias enteras, pasando dificultades y que necesitan ayuda silenciosa, discreta. Por eso el Ayuntamiento anterior puso en marcha un plan de envío de comida a domicilio que la propia Carmena, es un decir, bendijo en primera instancia. Pero la izquierda en el poder pasa de prohibir los bollos –Trinidad Jiménez–a denunciar hambrunas porque la incapacidad de gobernar sobre lo lógico y necesario les lleva a inventar mundos en los que puedan llevar la iniciativa. Sea con el hambre o con la selección de la memoria.

El caso es que los niños de Carmena son legión y deambulan por calles franquistas. Con pantalón corto y raído, rodillas huesudas, uñas negras, flequillo a tazón y un tronquito bajo el brazo para templar la cocina. Quizá en el corto camino desde el monumento a José Calvo Sotelo hasta la calle Agustín de Foxá se encuentren con una oveja famélica o peor, con un falangista pendenciero que hoy votaría a Carmena. No digamos si deciden transitar en la dirección contraria y, desde Capitán Haya, asomarse a Concha Espina o toparse con el mausoleo de Santiago Bernabéu. Tal es el Madrid que dibuja Manuela Carmena para hacerse necesaria a los suyos. El Madrid que rinde homenaje a los homosexuales si son de izquierdas y calla ante el orgullo homófobo que mana de las fuentes de las que bebe en La Habana, en Caracas, en Teherán. Un Madrid que, como pasó en Barcelona por el nacionalismo, perderá su identidad abierta y libre.

En su mente estará proponer que retiren el nombre al aeropuerto de Barajas, porque Adolfo Suárez fue secretario general del Movimiento. O el Parque Juan Carlos I y la propia universidad, ya que el emérito fue nombrado por Franco "sucesor a título de rey" y juró fidelidad a los Principios del Movimiento, los que guardó Suárez. Quizá obligue también a eliminar referencias a un antecesor suyo, más franquista que Franco y férreo enemigo de la democracia que se pergeñaba en el ocaso de la dictadura pero alcalde al fin y al cabo, Carlos Arias Navarro, aquel que hizo jefe televisivo a Juan Luis Cebrián, que tendría que abandonar la Academia también por esta causa de rancia filiación.

Estas son las cosas que ensucian el Madrid carmenita y no las humillaciones a víctimas vivas y muertas, los judíos en ceniceros, los asaltos a capillas o los deseos de tortura y ejecución. Los chicos de Carmena llegaron al poder desde el adoquín y sólo hay que desbravarlos un poco, según disculpó la propia alcaldesa cuando saltó el escándalo del todavía concejal Zapata. Estas cosas se resuelven junto a la mansa oposición consensuando textos "bellos" –así los calificó Carmena– y todos "caminaremos juntos" –también lo dijo– por la calle del olvido, principal arteria del Madrid regeneracionista. Borrón y cuenta vieja. Olvidar lo de anteayer y reavivar lo de hace ochenta años. La memoria histórica, la persistencia de la memoria, que pintó Salvador Dalí al que también quieren dejar sin placa por franquista y porque ahora el surrealismo no es él sino ella, Manuela Carmena, que no pinta nada.

¿Y la oposición? Ciudadanos, de momento, en el absoluto despiste, entre la bisoñez y la prepotencia y quizá haciendo examen de conciencia para septiembre, octubre o noviembre... o diciembre. Para las generales, vaya. Y el PP, salvo sorpresa de última hora, cambiando de logotipo. Dejan la gaviota en grajo y ponen firmes sólo a las siglas, rodeadas ahora por un círculo, dicen que en minúscula. Pero por mucho que lo enderecen, Rajoy sigue hablando como en la antigua marca, en cursivas, como decía Josep Plá de Eugeni D’Ors, ambos franquistas a los que habrá que eliminar de las calles y a saber si de las bibliotecas.

Pues con nueva estampa habrá que esperar por si el PP decidiera, como sólo por escrito hizo Esperanza Aguirre, si tiene derecho a existir o si le podrán quitar todo menos el miedo como parece que dijo en último sarcasmo Pedro Muñoz Seca –otro sincalle que como Calvo Sotelo no tuvo ni tiempo de ser franquista– cerca del paredón de Paracuellos.

Carmena está en que se rinde Madrid, cuajado de franquistas que llevan décadas matando a los niños de hambre. Carmena es el NO-DO de Podemos, el que prepara la gloriosa venida de las tropas complutenses que, como antaño, alternan el combate al enemigo con el interno. Carmena no sabe qué es la pobreza, propia o ajena. Menos aún sabe qué es Madrid y cómo gobernarlo.

Pero Carmena es experta en dictaduras. Y ahí no querrá competencia.

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