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Javier Somalo

Trece escaños sin piedad

Esta vez, las cosas sí son como parecen: hubo un golpe de Estado en 2017 pero Pedro Sánchez necesita hoy los escaños de los que lo perpetraron.

Javier Somalo
Esta vez, las cosas sí son como parecen: hubo un golpe de Estado en 2017 pero Pedro Sánchez necesita hoy los escaños de los que lo perpetraron.
Congreso de ERC | EFE

Trece escaños. Ese ese el precio. Trece escaños de un partido cuyo líder está en prisión por el golpe de Estado –inconcluso– del 1-O. Sin ellos, Pedro Sánchez no conseguirá ser investido presidente de un gobierno comunista-separatista, que se salta al segundo y al tercer partido en escaños y votos, síntoma inequívoco de que no es, como dicen ellos, "el gobierno que han elegido los ciudadanos". No lo es, ni por asomo, pero es el que quiere Sánchez y el que le están sirviendo sin oposición en la oposición del centro-derecha al no forzarle a elegir. Como el PP "no juega de farol", ganará la partida el que juega de tramposo.

Los trece escaños dependen ahora de la Abogacía del Estado gracias a la inestimable ayuda –para hacer el mal– del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. ¿Era inmune Oriol Junqueras y debió tomar posesión de su acta de eurodiputado o su delito de sedición ya había sido visto para sentencia para entonces y, en cualquier caso, ahora ya es un condenado? ¿Es esto lo que están evaluando en la Abogacía del Estado a la luz de la sentencia europea? Sinceramente, me importa un bledo porque salta a la vista que lo que deliberan es si acatan las órdenes de un señor que dijo que la Fiscalía es él. ERC quiere que Oriol Junqueras salga de prisión e inaugure una ampliación del Camp Nou, cual Nelson Mandela con barretina. Y, por descontado, que se anule el juicio por el golpe de Estado. Es lo que ahora llamamos "gestos" para que el Señor de los Fiscales pueda gobernar España. Por trece escaños, que ni siquiera deberían ser legales porque ese partido no debió presentarse jamás a unas elecciones al violar flagrantemente la Ley de Partidos.

Doce hombres sin piedad, con Henry Fonda en el cine, o más de una década después con José Bódalo en el teatro televisado de Estudio 1, sigue siendo una interesante reflexión sobre los juicios y prejuicios. Las cosas no siempre son como aparentan y todo esfuerzo deductivo es poco cuando está en juego la vida de un posible inocente y requiere un veredicto unánime. Pero, sea con José Bódalo o con Henry Fonda; con Sancho Gracia o con Peter Falk, el problema que nos ocupa no es de piedad sino de decencia y, por supuesto, de Justicia. Y esta vez, las cosas sí son como parecen: hubo un golpe de Estado en 2017 pero Pedro Sánchez necesita hoy los escaños de los que lo perpetraron. No hay dudas razonables, no hay prejuicios del jurado por el origen racial del muchacho acusado de asesinar a su padre, nadie discute cómo se empuña una navaja automática para provocar la mortal herida, no hay testigos que vieran la escena desde la ventanilla de un tren en marcha. El golpe del 1-O no es tan interesante como el guion adaptado de aquella película. Se perpetró y se proclamó una república dentro de un Estado democrático. Y, como recuerdan siempre que pueden, "ho tornarem a fer". Ahora, se nos vende un juicio paralelo instruido desde Bruselas y cuyo veredicto parece que deben firmar unos abogados del Estado.

Edmundo Bal sabe muy bien cómo funcionan las lealtades en la Abogacía del Estado porque le echaron a patadas por negarse a firmar enjuagues piadosos prefiriendo la Justicia, que es lo que sustenta una democracia. No hay garantía jurídica que no se haya observado y hasta inventado para llegar a condenar a los golpistas. Tanto es así, que el propio Tribunal Supremo se impuso la innecesaria unanimidad a la baja para firmar la sentencia y condenar por sedición en vez de por rebelión. No operó la objetividad sino el miedo, como siempre, a un reproche europeo desde Estrasburgo a cuenta de los derechos humanos de quienes los conculcan. El prurito jurídico no tardó en llegar desde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, base ahora de la negociación con la Esquerra para formar un gobierno del PSOE y Podemos. Jamás ha habido mayor orgía entre Poderes.

Como ha relatado Bal en entrevista con Rosana Laviada en esRadio, es casi una certeza que el escrito de la Abogacía tenga que pasar la censura previa de ERC antes de darse a conocer. Por eso, tal y como adelantó en exclusiva en Libertad Digital Miguel Ángel Pérez, no se encuentra abogado firmante para el cambalache aunque no falte quien asegure que la jefa, Consuelo Castro, tiende al autógrafo fácil. Y mientras, todos en vilo por si las condiciones para formar gobierno llegan en Nochevieja o en Reyes, con las campanadas o a lomos de camellitos. Tal es el estado de salud de la democracia en el Reino de España, miembro de la Unión Europea y Piadosa.

Porque lo más asqueroso de este paréntesis de la democracia es que si Pedro Sánchez no necesitara a ERC para seguir en el poder, Junqueras no sería objeto de piedad alguna. Ni siquiera habría merecido una complicada deliberación bajo una insoportable presión del cliente, el Estado. Es más, si no fueran necesarios esos trece escaños, Junqueras sería indiscutiblemente un golpista y Torra no habría dejado de ser un "xenófobo".

Pero la piedad mal entendida dejó herida de muerte a la Justicia desde que un Fiscal General del Estado –del Gobierno, como ya ha acuñado Sánchez– llamado Cándido Conde Pumpido reclamó que las togas tenían que mancharse con el polvo –y la sangre– del camino para negociar con la banda terrorista ETA.

El éxito completo del golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña llegará pues, cuando gobierne Pedro Sánchez gracias a los escaños de ERC en una rediviva "Solución Armada" contra la Democracia. Esto es lo que está a punto de suceder.

De nada servirá que PP y Ciudadanos busquen la censura de los barones socialistas que critican sin romper filas o que Vox delegue el sacrificio en otros. Si Pablo Casado cree que hay una alternativa, no puede ser tan corta como la que insiste en proponer referida a Ciudadanos y Navarra Suma, que sólo excluiría aparentemente a ERC y permitiría el gobierno del PSOE con los comunistas. No creo que 89 diputados sirvan para tan poco cuando es tanto lo que hay en juego.

La intolerable confusión de Poderes que ha pergeñado Pedro Sánchez se aleja mucho de lo que es un sistema democrático y nos aboca a todos a un riesgo cierto. Si en enero hay gobierno, una cosa es segura: por su parte no habrá piedad.

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