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Basura moral jesuítico-separatista

¿Quiénes insultan, escupen, incendian, amenazan, golpean y persiguen a quienes no comulgan con sus ruedas de molino? ¿Unos y otros o sólo unos?

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Antonio J. España Sánchez, Provincial de España de los jesuitas | Europa Press

La verdad es que casi no merece la pena prestarle atención por aburrido. Y por previsible, pues no es otra cosa que una nueva dosis de esa peste eclesiástica que los españoles llevamos padeciendo desde hace demasiado tiempo. Porque, habiendo soportado durante tantas décadas las canalladas del obisparra Setién y similares, tan infinitamente comprensivos con los criminales etarras como infinitamente inhumanos con las víctimas, cualquier otra cosa parece una tontería.

El caso es que Antonio J. España Sánchez, Provincial de España de los jesuitas, acaba de enviar a sus subordinados una circular para instruirles sobre cómo deben tratar la cosa catalana ahora que se avecina el juicio por el golpe de Estado; concepto éste, por cierto, que, muy significativamente, no aparece ni una sola vez. Porque, según se deduce de las palabras del alto mando jesuita, lo que se va a juzgar en los próximos meses es un extraño delito, tan extraño que ni siquiera aparece en el Código Penal: el procés.

El Provincial explica con amables palabras su intención de colaborar en "suavizar los ánimos y reducir la crispación", motivo por el que comienza criticando la excesiva duración de la prisión preventiva de los encausados. Por lo visto, el sufrimiento de millones de catalanes, cuyos más elementales derechos lingüísticos y políticos llevan siendo pisoteados durante un tiempo algo mayor –unas cuantas décadas–, no merece ser tenido en cuenta.

Por otro lado, invita a sus colegas, presentes en un amplio número de instituciones, a ser "muy cuidadosos con el uso del lenguaje". Efectivamente, desde el mismo título se nota la cuidada selección de los términos, pues a la amenaza de ruptura de la nación la llama "cuestión territorial", como si de lo que se estuviese tratando fuese de una delimitación de fincas. Pero no se trata de fincas, no, sino de personas, pues son las personas las que habrían de sufrir, tanto en Cataluña como en toda España, las inmensas consecuencias políticas, económicas, jurídicas, internacionales, militares, morales, laborales y familiares que comportaría la destrucción de una comunidad humana forjada a lo largo de dos milenios. Obediente, sin embargo, a las directrices separatistas, el Provincial de los jesuitas no menciona ni una sola vez la palabra prohibida cuando se trata de España: nación. Pues, como pretenden demostrar cada día con sus ridículos contorsionismos palabreros, España no es más que un Estado y un territorio. Las naciones son las que los separatistas decidan: cualquier feudo, cualquier tribu, cualquier alucinación, pero nunca España.

Continuando con el "cuidadoso uso del lenguaje", señala varios términos, entre ellos los de "presos políticos" y "políticos presos", para señalar el peligro de suscitar con ellos "una lógica de buenos y malos". Pero aquí no se está hablando de una película de buenos y malos, sino de dilucidar las responsabilidades penales, o su inexistencia, de unas personas contra las que se han presentado querellas por haber vulnerado varios artículos del Código Penal. No se trata de determinar quiénes son buenos y quiénes malos, sino quiénes han delinquido y quiénes no.

La palabra más repetida en la circular es "reconciliación", exactamente doce veces, y con ella teje su argumento central, el de que los jesuitas han de ser agentes de reconciliación, de la no violencia y de la paz, pues su misión es la de crear una sociedad más justa, más fraterna y más evangélica.

Repugnante equidistancia, una vez más, la de estos hombres de iglesia que pretenden ubicarse tan lejos de los delincuentes como de los defensores de la ley, al igual que hicieron durante largas décadas con los asesinos y los asesinados. Aunque ni siquiera adoptaron una posición de equidistancia. Muy al contrario, sin su impagable contribución, ni ETA habría nacido, ni habría podido disfrutar del margen de maniobra que le facilitaron sus cómplices con sotana, ni habría contado con la legitimización emanada de los púlpitos.

Y ahora, llenándose la boca con palabras de paz, justicia y reconciliación, olvidan voluntariamente que quienes llevan muchas décadas sembrando en Cataluña la violencia, la injusticia y el enfrentamiento son los separatistas, ayudados, una vez más, por unos religiosos catalanes alejados de su labor evangélica y dedicados a tareas políticas más propias de regímenes totalitarios que de sociedades democráticas civilizadas.

¿Quiénes llevan décadas sembrando mentiras y agitando el odio contra sus opositores en todos los ámbitos de la sociedad? ¿Unos y otros o sólo unos? ¿Quiénes llevan décadas utilizando partidistamente los medios de comunicación públicos para envenenar a la gente? ¿Unos y otros o sólo unos? ¿Quiénes llevan décadas abusando de los niños para lavarles el cerebro desde parvulitos? ¿Unos y otros o sólo unos? ¿Quiénes acosan, abuchean, insultan, escupen, incendian, amenazan, golpean y persiguen a quienes no comulgan con sus ruedas de molino? ¿Unos y otros o sólo unos? ¿Quiénes han creado el caldo de cultivo necesario para arriesgarse al escalón final del golpe de Estado? ¿Unos y otros o sólo unos?

Unos se han dedicado durante cuatro décadas a apilar dinamita, con diabólica tenacidad, para hacer saltar por los aires la convivencia nacional cuando llegase el momento que creyesen oportuno. Y cuando finalmente ha llegado ese momento y han prendido fuego a la mecha, algunos hombres de Dios pretenden permanecer equidistantes entre los dinamiteros y las víctimas de la explosión.

"Conozco tus palabras y que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente; mas porque eres tibio, y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca!" (Apocalipsis, 3,15-16).

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