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Desafío definitivo al Estado

No tienen más proyecto que la explosión controlada de la España constitucional

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"No os obedecerán si no os temen", le dice Lady Olena a Daenerys Targaryen en Juego de Tronos (T7, 2), la serie de TV que Pablo Iglesias regaló al jefe del Estado, Felipe VI, en 2015. La escena de este obsequio se interpretó por parte de la opinión pública como una extravagancia más de un proyecto político desastrado y anecdótico. Nada más lejos de la realidad. Los líderes de Podemos vienen desarrollando toda su estrategia de toma de poder desde hace años en las dachas castristas de La Habana (Siboney) y Venezuela (Isla Margarita); huéspedes del G2 cubano (unos servicios secretos sinuosos e inquietantes) y del gorila rojo, Chávez.

Y así, después de perpetrar el golpe de Estado en Venezuela, el podemismo llega a España con Zapatero para unificar toda la izquierda comunista, nacionalista y antisistema en una plataforma asamblearia que recoge el voto abstencionista de la juventud (adoctrinada en la escuela pública marxista y tribal) y se aprovecha de un partido como el PP que jugaba con el PSOE a odiarse mutuamente para repartirse el régimen bipartito (un constante duelo entre Opus y masonería). Como en cualquier guerra de desgaste lo primero que tomaron los líderes podemitas fue la televisión, y después vinieron los votos, aprovechándose de la cascada de corrupción que asolaba el PP y también al PSOE (la de este último no les interesaba por ser compañeros de viaje). De este modo los chicos tutelados por el socialismo caribeño se erigieron en salvapatrias, ayudados por una mayoría de medios de comunicación visiblemente tendenciosos hacia el izquierdismo, tanto públicos como privados, que hacen constante apología de movimientos alternativos de género, del nacionalismo, de la migración descontrolada o la religión no cristiana. Y la débil sociedad civil española se ve constantemente amedrentada por toda esta corriente antisistema que cuestiona toda su escala de valores.

El factor miedo estaba apuntado en la agenda de Pablo Iglesias y su pandilla. Sólo había que esperar que un tonto útil los condujera al poder; y en eso llegó ZPedro Sánchez, en segundas náuseas, a hacerles el trabajo de aritmética parlamentaria. Era cuestión de tiempo que esto pasara al no convocarse elecciones por parte de un necio como Rajoy, porque no podía ser, según el PP, que un partido como Ciudadanos, reformista y reformador, inspirado en el liberalismo de 1812, accediese al poder y desmontase el tinglado bipartito-nacionalista.

Ahora están instalados y ya empiezan a helarnos el corazón: la empatía con las alimañas etarras, las cesiones anticonstitucionales a los separatistas, el guerracivilismo pertinaz, la economía impositiva, el adoctrinamiento escolar y académico, el sectarismo mediático y zafio en los medios de comunicación públicos (RTVE), etcétera. En fin, un desafío golpista en toda regla al Estado social y de Derecho por parte de 22 facciones empeñadas en la destrucción de las libertades y la igualdad entre territorios. No tienen más proyecto que la explosión controlada de la España constitucional, cuya única defensa está basada en un partido parlamentario (Ciudadanos), uno extraparlamentario (Vox) y organizaciones de la sociedad civil aunadas en torno a las redes sociales.

Ahora se echa en falta una Jefatura del Estado con poderes ejecutivos ante este atentado contra la democracia por parte de un Gobierno que se rebela contra el mismo sistema constitucional y, además, se niega a convocar elecciones. El Rey sólo puede pronunciar discursos y no se vislumbra horizonte alguno, porque este irracional Estado Profundo, que ha sido gestado por la izquierda durante años, agotará la legislatura para tener tiempo de perpetrar la demolición constitucional y llegar a 2020 con perspectivas de triunfo electoral bajo el lema "Nos temen, luego nos obedecen".

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