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Rajoy: el fin de una era

El régimen partitocrático del juancarlismo se enfrenta al juicio de la historia. Se acaba una era y Rajoy es el encargado de finiquitarla.

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Tenía que suceder algún día: el régimen partitocrático del juancarlismo se enfrenta al juicio de la historia, o lo que es lo mismo (y sin tanta retórica) se da de bruces contra la tozuda realidad jurídica y la justa ira de la ciudadanía. Un presidente del Gobierno sin salidas tras la explosión incontrolada de su partido a causa del contumaz estraperlismo ejercido por la cúpula durante decenios; un jefe de la oposición sin autoridad moral ni política de un partido que ha sido y es una máquina de crear voto cautivo a cargo de los presupuestos generales, además de tener un amplio currículo de corrupciones, festoneado ahora con la madre de todas ellas: los ERE de Andalucía; y una jefatura de Estado lastrada por escándalos familiares y comportamientos muy poco edificantes conforman la radiografía de un Estado en plena descomposición. Obviando las fuerzas negativas de los nacionalismos arrogantes y aprovechados, la situación exige una respuesta a la altura del desafío.

Rajoy ya puede irse porque, aunque no haya proceso penal en el caso de los papeles, la suerte ya está echada por los ciudadanos. Tantos años de bipartidismo asociado al vampirismo nacionalista han acabado en una crisis social y económica tan brutal como la de 1898. El tinglado se ha corrompido tanto que las herrumbrosas lanzas no están ya para dar ninguna batalla con el fin de conquistar mayor prosperidad y libertades civiles. Se precisa un harakiri que dé lugar a la creación de un nuevo Estado salido de la voluntad política de regeneración, transparencia, igualdad real de los ciudadanos y unidad democrática para garantizar las libertades individuales, la economía de libre mercado y los derechos sociales, armonizando la estructura administrativa para que el verdadero protagonista del devenir histórico sea la sociedad civil y no las castas salidas de un macroestado derivado en taifas autonómicas.

España es un escenario en donde la obra que se representa tiene un reparto deplorable. Es hora de que aparezcan renovadores y experimentados actores (E. Aguirre, R. Díez, A. Rivera, A. Vidal-Quadras, por ejemplo). Se acaba una era y Rajoy es el encargado de finiquitarla: él no se da cuenta de la trascendencia del momento porque presume de manejar los tiempos pero ahora son los tiempos quienes le manejan a él, a Rubalcaba, al jefe del Estado...

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