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Así miente Pilar Rahola

La musa de Mas volvió a exhibir el otro día en TV sus modales propios del chequismo verdulero con el diputado Rivera.

José García Domínguez
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Dos pruebas, a cuál más penosa, certifican la definitiva decadencia provincial de Barcelona. La primera es el espectáculo desolador del Paseo de Gracia, el orgullo de la vieja burguesía rebajado a un triste pasaje de Lloret de Mar con su miríada de restaurantes de tercera ofreciendo paellas de sobre a los turistas en chancletas. La otra se refleja en el ocaso intelectual de La Vanguardia. Uno de los más antiguos y venerables diarios europeos encomendando la tribuna de opinión que fuera de Gaziel a Pilar Rahola. Algo así como si Leslie, el cantante de Los Sírex, recibiese el encargo formal de dirigir la Orquesta Sinfónica de Viena. Casos como el de Rahola, inopinado sincretismo entre el fiscal Vyshinski de los Procesos de Moscú y aquella célebre vedette cómica de El Molino, la Maña, solo son posibles en Barcelona, ciudad, no se olvide, que alberga más de media docena de mercados municipales de frutas y hortalizas, su gran escuela de estilo.

Unos modales, los propios del chequismo verdulero, que la Rahola volvió a exhibir hace unos días con el diputado Rivera en un tercer grado ante las cámaras de la televisión del Grupo Godó. Huelga decir que tratose del habitual surtido de astracanadas, berriditos histéricos, insultos gratuitos e interrupciones groseras a su interlocutor. Nada nuevo, pues, salvo por el añadido de una mentira tan flagrante, tan obscena, tan burda, que casi justifica perder cinco minutos escribiendo sobre la musa oficial de Artur Mas. Y es que armada con la audacia del ignorante, que como es sabido no conoce límites –y menos en su caso–, la Rahola procedió a recitar una supuesta sentencia del Tribunal de La Haya que avalaría el derecho a la secesión de Cataluña.

Luego, sin solución de continuidad, interpeló hasta doce veces a un atónito Rivera exigiendo que Ciudadanos acatase "el mandato de La Haya". Sentencia presunta que, naturalmente, no era más que una de tantas falsificaciones disparatadas que circulan a diario por internet. Para acabar de arreglarlo, resulta que la fuente última de tan soberana trola es el juez Santiago Vidal, que al parecer se la inventó en un instante de ocio poco antes de abrir una instrucción penal contra la República de Italia por… el bombardeo de Barcelona en 1939. ¿Para cuándo un debate sobre la Ley Seca?    

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