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Otra vez Irán

Cada barril de crudo vendido en yuanes por Teherán supone una herida potencialmente mortal en el corazón mismo de la economía de Estados Unidos.

Cada barril de crudo vendido en yuanes por Teherán supone una herida potencialmente mortal en el corazón mismo de la economía de Estados Unidos.
Europa Press

La pausa de hidratación ha durado hasta que Trump descubrió que no había conseguido nada de lo que quería. Ahora, tras anunciar la reanudación de las operaciones militares, el barril de petróleo subió un 8% en menos de 60 minutos. Y ahí, en esos minutos escasos que no llegaron ni a una hora, radica la explicación para entender esta guerra. Porque esto va de quién controla el grifo de la energía que requieren China, Europa y Japón para levantar la persiana todas las mañanas.

Estados Unidos, gracias al fracking, se abastece solo. Pero necesita que los demás dependan de ellos para acceder al grifo. La hegemonía planetaria del dólar se sustenta en eso.

Un país que fabrica cosas compite. Un país que vive de lo que De Gaulle llamó el privilegio exorbitante, el monopolio de la emisión de una moneda que todo el planeta se ve obligado a usar, quiera o no, no necesita producir: le basta con que el mundo acepte ese papel moneda. Y cuando ese papel empieza a cuestionarse, lo único que queda como instrumento de persuasión es la Sexta Flota. Por eso los bombardeos. Irán lo sabe. Cada barril de crudo vendido en yuanes por Teherán supone una herida potencialmente mortal en el corazón mismo de la economía de Estados Unidos. Es un asunto existencial para Washington. Por eso Estados Unidos no puede ganar, pero tampoco puede perder.

Hay además una aritmética política que Donald Trump conoce bien: la de los ataúdes que vuelven a casa. Bombardear desde el aire resulta barato en votos. Poner botas sobre el terreno sería distinto. Sus votantes del cinturón de óxido, los que perdieron familiares en Irak y Afganistán, nunca le darían un cheque en blanco para otra aventura terrestre. Por eso, aunque no se diga en voz alta, la carta nuclear sigue encima de la mesa. Pero hay una paradoja de la que tampoco nadie habla. Arabia Saudí ha prometido aceptar yuanes para cobrar su crudo. Si cumple, el imperio global del dólar empezaría a desmoronarse sin que Irán disparara ni un solo misil. Esto solo acaba de empezar.

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