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José García Domínguez

La guerra de papá

Serénense esos hijos predilectos del franquismo, digo, porque el propio Garzón sabe mejor que nadie que carece de cobertura legal para encausar a sus padres y allegados a cuenta de los excesos cometidos por el bando vencedor durante la inmediata posguerra

Cautivo y desarmado el más elemental sentido del absurdo, el narcisismo del juez Baltasar Garzón ha alcanzado sus últimos objetivos mediáticos: la guerra del primer tercio del siglo pasado acaba de estallar otra vez en la Audiencia Nacional. Así se podría resumir el disparate jurídico que ha servido de coartada al número dos de Míster X para coronar su genuino propósito, que por lo demás venía a ser el mismo de siempre: conseguir como fuera un minutito de gloria en las pantallas de todos los televisores.

Respiren hondo y sosiéguense, pues, Cándido Conde Pumpido, María Teresa Fernández de la Vega, Juan Luis Cebrián, Manuel Marín, el rojísimo Bermejo, José María Barreda, Pepe Bono, Alfredo Pérez Rubalcaba et altri, todos ellos descendientes en línea directa de entusiastas servidores del dictador y su régimen. Serénense esos hijos predilectos del franquismo, digo, porque el propio Garzón sabe mejor que nadie que carece de cobertura legal para encausar a sus padres y allegados a cuenta de los excesos cometidos por el bando vencedor durante la inmediata posguerra.

Y es que no sólo la Ley de Amnistía, aprobada por las Cortes en 1977 con el apoyo de todos los grandes partidos, cierra el paso a cualquier intento de continuar aquella carnicería incivil desde las trincheras de los tribunales. Sino que las propias resoluciones del amnésico Garzón así lo corroboran. De ahí que nuestro héroe archivara, por extemporánea, la querella presentada contra Santiago Carrillo por los deudos de sus personales e intransferibles víctimas en la matanza de Paracuellos.

En fin, hasta ahí, la postrera garzonada truculenta del verano, como con buen criterio titulaba su editorial sobre el asunto El Mundo. Apenas otra charlotada emanada de la complicidad estratégica entre dos psicopatologías crónicas. La una, individual: esa que retrata la inmadurez emocional de un alto servidor del Estado tan enganchado a los focos de la televisión como Pocholo, el Yoyas o una Bibiana Aído cualquiera. Colectiva, la otra: esa que deja traslucir la mala conciencia histórica de cierta progresía ridículamente pertrechada tras una hoja de servicios contra la dictadura en... blanco.

A partir de ahí, el corporativismo funcionarial más arcaizante y casposo que imaginar quepa. Así, resulta que los pares de Garzón reclaman amparo al CGPJ ante las "injustas y arbitrarias" opiniones vertidas contra él. Como si las opiniones subjetivas nacieran sometidas a la obligación de ser "justas", amén de estar su contenido pautado a priori en algún ignoto limbo de las ideas. Como si el Código Penal no marcara los límites de la libertad de expresión en una democracia diz que liberal. Como si... Pero no hay nada que hacer: Dios los cría y ellos se juntan.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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