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No hay dos PSOE. Hay dos Españas

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Esos golpistas algo chusqueros, Borrell dixit, que acaban de derrocar por las bravas al secretario general del PSOE con el auxilio del diario El País, ¿representan al ala derecha del partido o, por el contrario, a la facción más de izquierdas? La pregunta no resulta baladí, sobre todo, si se tiene en cuenta que las muchas querellas y desgarros internos que ha sufrido a lo largo de su historia el partido socialista pudieron explicarse, sin excepción, por el choque entre las corrientes posibilitas y otras más proclives al radicalismo esencialista. Así, desde el instante mismo de su fundación por Pablo Iglesias, siempre hubo una "derecha" del PSOE en disputa constante con los más izquierdistas. Y sin embargo, izquierda y derecha, los ejes de esa topología tradicional que durante un siglo largo sirvió para hacer inteligibles a la lógica las fricciones entre las distintas obediencias que han convivido en el seno del socialismo español, resultan hoy por completo inservibles a efectos de interpretar cuanto está sucediendo. Porque ni Susana Díaz es Julian Besteiro ni tampoco el verbo afectado de Pedro Sánchez recuerda demasiado a Largo Caballero.

Y es que quienes a estas horas mandan en la Comisión Gestora del PSOE, andaluces y extremeños fundamentalmente, no representan ni a la izquierda ni a la derecha, sino a la España pobre, algo distinto y previo. Una España, la pobre, que también resulta ser la más rural, la menos industrializada, la más envejecida y, corolario de todo la anterior, la más subsidiada por el Estado. Al respecto, podría pensarse que los habitantes de esa España preterida son los que han sufrido con intensidad mayor los efectos de la crisis. Sin embargo, ese prejuicio intuitivo no se compadece con la verdad estadística. Bien al contrario, quienes con superior dureza están arrostrando los efectos de la Segunda Gran Depresión no son los habitantes de las regiones meridionales y menos desarrolladas, sino los moradores de las grandes áreas urbanas de la mitad norte del país y, dentro de ellas, los más jóvenes y formados. Por paradójico que resulte, la diferencia entra renta familiar de la España próspera y la España atrasada se ha acortado durante la crisis a favor de la segunda.

Es fácil entenderlo si se repara en que mientras los salarios no han parado de caer durante estos años, las pensiones, en cambio, han mantenido su poder de compra. En consecuencia, los territorios con más pensionistas y clases pasivas han aproximado sus ingresos a aquellos otros que cuentan con más asalariados y desempleados entre su población. De ahí que no obedezca a la casualidad el hecho de que el PSOE esté resistiendo bastante bien de Despeñaperros para abajo y, al tiempo, se desmorone literalmente en Cataluña, País Vasco y Madrid, los núcleos más modernos de la península. Contra lo que ordenan todos los tópicos y lugares comunes al uso, la España meridional, y muy principalmente Andalucía, resulta ser la que menos ha padecido la crisis. Algo que explicaría el interés de los votantes socialistas de esos enclaves por no alterar los equilibrios de poder del actual orden político español. El Sur quiere que nada cambie, sin duda por la cuenta que le trae, mientras el Norte anda enfrascado en un motín de Esquilache permanente. Desengañémonos, no hay dos PSOE. Lo que hay son dos Españas.

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