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La consigna "Independencia", así como una indisimulada pedagogía del odio, atronó de nuevo el martes en los hogares catalanes.

José María Albert de Paco
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La consigna "Independencia", así como una indisimulada pedagogía del odio, atronó de nuevo el martes en los hogares catalanes.

La consigna "Independencia", así como una indisimulada pedagogía del odio trabajada con pinceles de diverso grosor, atronó de nuevo anoche en los hogares catalanes. Una vez más, la televisión pública TV3 presentó bajo la etiqueta de reportaje una especie de rueda de reconocimiento en que la que participaban más de treinta personalidades a sueldo de la Administración, o que operan bajo su zona de influencia, y que, una a una, proclamaban su adhesión al "No a España". En eso consistió, en resumidas cuentas, Hola Europa, la última salva doctrinaria de Dolors Genovès, de oficio docudramista. No se vieron por ningún lado los más de 100.000 euros que, según publicaba ayer El Mundo, ha costado la broma, pues, salvo por el despliegue infográfico, no había más cera que la que iban repartiendo, a cámara fija, nacionalistas confesos como el exconsejero Antoni Castells, el eurodiputado Raül Romeva, el catedrático de Ciencia Política Ferran Requejo o el exdirector del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona Josep Ramoneda. Rueda de reconocimiento, sí; para que, llegado el día, el archivo de ministrables esté bien provisto.

Ni un solo invitado, insisto, procedía de eso que la docta cursilería nacionalista llama las filas unionistas. Dice Genovès que invitó a participar a personalidaes contrarias al independentismo y que éstas se negaron, pero no da ningún nombre, por lo que, dado el tamaño de la manipulación, hay que dudar razonablemente de que lo hiciera. El resultado de sus aderezos retóricos es un remedo acomplejado de aquella pelota vasca que perpetrara Julio Medem; aquí, en lugar de la campiña cantábrica, se suceden los paisajes pirenaicos, pero la imitación es tan grotesca, tan sumamente cateta, que incluso provoca un cierto sonrojo. Cien mil euros, no se olvide, para recrear un circo donde ni siquiera había fieras: todos eran domadores. No en vano, y a diferencia del original, que incurrió en el despropósito de situar en pie de igualdad a víctimas y vergudos, Hola Europa deja sin representación a más de la mitad de la población. A Medem, que, pese a todo, tampoco logró la representatividad que cabría exigir a un documental de estas características, le cupo el atenuante de que se planteó sinceramente si merecía la pena seguir adelante. Es obvio que acertó al resolver el dilema, pero está bien así: su pelota dejó postales inimaginables, como la de Otegi ciscándose en internet, que son memoria viva del civismo ilustrado.

Hola Europa también tiene sus otegis, no crean. Ahí está el filósofo Ferran Sáez Mateu, que dirige el Centro de Estudios de Temas Contemporáneos (CETC) de la Generalitat de Cataluña. Esto dice: "Una vez que España se queda sin judíos, el antisemitismo se transforma en anticatalanismo". O el sociólogo Ramon Folch: "Lo que ha pasado estos últimos en Cataluña meses es que hemos llegado al punto de ebullición. Sin necesidad de ninguna consigna, lo que hasta hace poco eran moléculas de agua líquida devienen moléculas de vapor". Sin necesidad de ninguna consigna, dice el valiente.

En cualquier caso, y con ser alucinante lo que van diciendo los nacionales, la voz más alucinante es la voz en off, esto es, la del medio, la que conduce el punto de vista de TV3. Ésta: "Desde hace 150 años, el catalanismo político lo ha intentado todo, y la pregunta que se tendrá que formular es si ha fracasado el catalanismo o ha fracasado España". Ésta: "Año tras año, decretos y leyes, desde 1714, han intentado menospreciar el uso del catalán; ahora, como antes, el objetivo es hacer recular la lengua en el País Valenciano, las Baleares, Aragón y Cataluña". Ésta: "Hoy por hoy, los diferentes poderes en España han hablado claro: reivindican la Cataluña con un pasado folclórico, con una cultura y una lengua de feria, y un presente sin autonomía fiscal y financiera". Ésta: "Los ciudadanos de Cataluña tienen un gran reto: decidir qué futuro quieren para sus familias y su país". Ésta: "El siguiente paso es convocar un referendo". Ésta: "Para poder trasladar el proceso [independentista] al ámbito internacional, el papel de los medios de comunicación es básico". Ésta: "La UE deberá tener en cuenta que, si Cataluña no ingresa automáticamente como Estado miembro, tampoco será contribuyente neto a las arcas europeas". Ésta: "A pesar del discurso del miedo, las amenazas de división, la fabricación de dosieres y los recursos ante el Tribunal Constitucional, los representantes catalanes tendrán que seguir abriendo la vía del diálogo".

Sabemos que el independentismo está lastrado por la superstición, el mesianismo y su poquito de xenofobia. Ya falta poco para que, además, sea la expresión más genuina de atrofia intelectual. Un hecho, éste sí, diferencial como pocos.

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