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Juan Morote

Adiós a un confiable

No podemos dejar de observar la conexión entre el abandono de Ángel Acebes y el de María San Gil o José Antonio Ortega Lara: todos abandonaron la política después de haber sido abandonados por su partido.

Juan Morote
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Pelo cano, como corresponde a su edad; raya a la izquierda ni alta ni baja, propia de su época; trajes oscuros reflejo de adusto castellano y carácter tímido; corbata siempre a juego, aunque casi nunca roja, desafiando la telegenia de Arriola; camisa clara y, en invierno, barbour verde como cualquier chico de casa bien. Camisas con puños dobles para gemelos las más veces, y reloj complejo con correa de piel. Ojos pequeños y vivos, de mirada franca; sonrisa abierta en un talante general serio y formal. Esta somera descripción corresponde a Ángel Acebes, un hombre que en español de Hispanoamérica definiríamos como confiable.

Ángel Acebes se ha marchado sin hacer ruido. Su decisión supone una gran pérdida para los que pensamos que la política en España aún tiene remedio. Se ha ido un valiente que ha no logrado ver su valor, ni sus desvelos, recompensados. Para muchos de los mediocres que pastan en Partido Popular habrá sido una ocasión de mirar cómo corre el escalafón; para los que conocimos su desempeño, un día triste. No podemos dejar de observar la conexión entre el abandono de Ángel Acebes y el de María San Gil o José Antonio Ortega Lara: todos abandonaron la política después de haber sido abandonados por su partido. Supongo que el abulense también se va decepcionado por la actuación de algunos de sus supuestos correligionarios.

Acebes, a diferencia de Rubalcaba, no sabe mentir; es el típico señor de quien uno piensa que jamás habrá intentado copiar en un examen. Quien fuera ministro durante los gobiernos de Aznar, se ha despedido con un comunicado sucinto, como corresponde a un castellano viejo. En él, señala como su mayor logro la Ley de Partidos, texto que ha sido dejado en papel mojado por mor de la conveniencia política de los mal llamados magistrados del Tribunal Constitucional. Tampoco es que el Partido Popular se haya precipitado a convocar una manifestación para protestar contra semejante desfachatez, si bien esto no lo dice Acebes. Con su salida de la vida política, el grupo parlamentario popular es un poco más inane que ayer, menos definido, más difuso en su ubicación y contorno. Tardaremos mucho en ver a otro político popular apelar verdaderamente a la defensa de la libertad como leit motiv de su acción. No nos engañemos: con la entrada de Bildtasuna en las instituciones, España es menos libre que antes. Y el Partido Popular, sin Ángel Acebes, menos confiable... al menos a priori.

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