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Juan Morote

Entre la demagogia y la complacencia

Los chicos de Roures están en contra de todo lo que significa Occidente y sus bases culturales. Así, lejos de alegrarse de la desaparición de uno de los mayores asesinos contemporáneos, se limitan a preguntarse quién será el sustituto del yemení.

Juan Morote
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Entre mis prioridades no está la de emplear mi tiempo viendo la televisión, y el poco que le dedico nunca es para recibir arsénico en forma de noticias de las cadenas progubernamentales. Sus contenidos deberían estar clasificados para evitar la corrupción de menores, en la mayoría de los casos. Sin embargo, vaya usted a saber por qué me ha dado por ver cómo cuenta la cadena de Roures el éxito de la CIA en la eliminación de Ben Laden, porque ya barruntaba que estos tíos no iban a ser muy partidarios.

Efectivamente, los chicos de Roures están en contra de todo lo que significa Occidente y sus bases culturales. Así, lejos de alegrarse de la desaparición de uno de los mayores asesinos contemporáneos, se limitan a preguntarse quién será el sustituto del yemení en el imaginario de enemigos de los americanos. En una noticia titulada "el nuevo Satán", desarrollan un ejercicio de demagogia que no se le habría ocurrido a nadie con la sindéresis mínima. Tras apuntar a Al Zawahiri como posible sucesor de Ben Laden, sienten que nadie que luche contra occidente, y especialmente contra Israel, puede adolecer de una causa justa. Para estos progres cualquier ataque a Israel está justificado, piensan que el pueblo hebreo siempre es merecedor de lo peor.

Piensan como el prosoviético Nasser, que en la Asamblea de la República Arabe Unida reunida en 1960, señalaba: "El peligro de Israel consiste en la existencia misma de Israel como es al presente y lo que representa", a lo que añadiría en 1965: "no entraremos en Palestina con su suelo cubierto de arena, entraremos con su suelo empapado en sangre". Así, estos progres de diseño imputan a la frustración que supuso que Israel no se dejase machacar por Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak, en la guerra de los seis días, el que Zawahiri haya sido hasta ahora el número dos de Al Qaeda.

Es evidente que, para estos indocumentados de la izquierda progre, la propia existencia de un bastión de democracia en Oriente Medio, como es Israel, constituye una provocación en toda regla, y dicha provocación es argumento suficiente para justificar cualquier ataque a la población civil israelí. Aunque gracias a Dios, no todos pensamos igual. No estamos dispuestos a admitir que las agresiones ilegítimas a occidente sean consecuencia de la opulencia del primer mundo. En muchas ocasiones, el tercer mundo lo es, a causa de sus propios gobernantes. Basta con ver las imágenes de los territorios entregados por Israel a la Autoridad Palestina, para comprobar cómo en el vergel que recibieron han restaurado el desierto. Somos muchos los que nos alegramos de la desaparición de Ben Laden, porque le pese a quién le pese, todavía quedan países en los cuales los atentados a la libertad, a los derechos fundamentales, ni son justificados, ni amparados, sino perseguidos. 

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