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Si Rabin hubiera llamado a un plebiscito...

Israel legitimó a una organización terrorista al negociar con la OLP. Colombia debería aprender de ese tremendo error.

Leandro Fleischer
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Isaac Rabin, Bill Clinton y Yaser Arafat | Wikipedia

En septiembre de 1993, el entonces premier israelí, Isaac Rabin; su ministro de Relaciones Exteriores, el recientemente fallecido Simón Peres, y el líder terrorista de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), Yaser Arafat, firmaban un tratado de paz en los famosos Acuerdos de Oslo y se estrechaban las manos ante la sonriente mirada del presidente estadounidense, Bill Clinton. Este paso dado por las partes llevó a que los tres participantes del mencionado acuerdo obtuvieran el Premio Nobel de la Paz. Lamentablemente, el 4 de noviembre de 1994 Rabin fue asesinado por un extremista judío. De todos modos, luego de aquella firma de la paz, hubo un brutal período de ataques por parte de la agrupación fundamentalista Hamás contra objetivos civiles israelíes, que la entonces flamante Autoridad Palestina de Arafat no ponía mucho empeño en detener. Y por si esto fuera poco, a fines de 2000 estalló la Segunda Intifada, que aumentó aún más la frecuencia de los atentados terroristas.

Recuerdo que en el año 2004 leí el libro Tierras por paz, tierras por guerra, del prestigioso analista internacional Julián Schvindlerman. Según el escritor, los Acuerdos de Oslo significaron un grave error de las autoridades israelíes que derivaron en un recrudecimiento mortífero del conflicto. El intelectual argumentó que, previamente, Arafat no tenía el visto bueno de Occidente debido a los ataques terroristas perpetrados por la OLP en medio mundo. Sumado a esto, el hecho de que durante la Guerra del Golfo Pérsico apoyara a Sadam Husein (seguramente por los misiles que lanzó contra Israel, a pesar de que este país no intervino en el conflicto) llevó a que incluso la dirigencia árabe le diera la espalda. Toda esta situación, asegura Schvindlerman en su libro, derivó en que la OLP estuviera muy debilitada, casi sin apoyo y con poca financiación. Es decir, casi ahogada. No obstante, señala Schvindlerman, allí estuvieron Rabin y Peres para arrojarle un salvavidas, creyendo erróneamente que la debilidad del líder terrorista palestino lo empujaría a dialogar para acabar con el conflicto.

¿Realmente ansiaba Arafat la paz? Lo dudo. Sin embargo, el líder de la OLP llegó a ser un símbolo de paz, un héroe; ya no solo para los palestinos, sino para Occidente. Recuerdo incluso laprofesionalidad de una periodista que lloró el día en que murió el venerado terrorista.

En los Acuerdos de Oslo, llevados a cabo con el noble fin de alcanzar la paz, Israel legitimó a los terroristas de la OLP del mismo modo que lo ha hecho el presidente colombiano Santos con las FARC. El Estado judío les dio una mano para salvarlos del ahogamiento, de igual forma que aparentemente ha hecho el Gobierno del país sudamericano. ¿De qué le sirvió al Estado judío? ¿Se alcanzó la paz? Evidentemente, no. ¿Serán las cosas distintas en Colombia? Probablemente, no.

Si bien Israel legitimó a una organización terrorista para que gobernara sobre otro territorio (quizá un futuro Estado palestino), mientras que Santos hizo lo propio con las FARC para que estas compitan por gobernar el mismo país, las consecuencias podrían llegar a ser similares. ¿Puede tanta gente que cometió tantos macabros crímenes realmente cambiar? ¿Se puede confiar en un verdugo del ISIS, por ejemplo? ¿Será todo un engaño de las FARC para poder atacar con mayor vehemencia en el futuro y recibir mayor legitimidad por sus aberraciones, del mismo modo que lo lograron los terroristas palestinos?

Pregunto: ¿qué hubiera pasado en caso de que el Gobierno israelí hubiera llamado a un plebiscito en el año 1993 y hubiera ganado el no, como acaba de suceder en Colombia? ¿Lo habría acatado el Gobierno? ¿Y qué hubiera sido de Arafat? ¿Habría desaparecido del mapa, junto a la OLP, a medio o largo plazo? Y si así hubiese sucedido, ¿habría sido mejor o peor para la paz en Medio Oriente?

Preguntas, preguntas que debe hacerse el Gobierno colombiano luego de haber recibido una dura opinión respecto del acuerdo de paz con las FARC en las urnas por parte de más de la mitad de los votantes. Aparentemente, la mayor parte de la población entiende que al terrorismo se lo elimina, que la paz no puede ser una tensa calma de corto plazo, menos cuando el promotor de la misma es la dictadura cubana, que aún no termina su propia guerra contra inocentes disidentes de su régimen totalitario.

Para terminar el artículo, dejo una frase de sir Winston Churchill que muchos de los opositores al mal llamado acuerdo de paz en Colombia están posteando en las redes sociales:

El que se arrodilla para conseguir la paz se queda con la humillación y con la guerra.

© Revista El Medio

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