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'BROOKLYN'

El sueño americano

Colm Tóibín (1955) es uno de los mejores novelistas irlandeses de la actualidad. Sus obras Crónica de la noche o El brezo en llamas, y sobre todo su espléndida The Master. Retrato del novelista adulto, en torno a Henry James, le han convertido en una de las voces más interesantes de la narrativa europea. La influencia de James, su maestro y modelo, se deja sentir de un modo especial en Brooklyn, una novela en la que indaga en la psicología de una joven que emigra a EEUU en los años 50.

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Eilis Lacey vive en Enniscorthy (pueblo natal del autor) con su madre y su hermana. Sus tres hermanos abandonaron el pueblo para irse a trabajar a Inglaterra. Sus perspectivas de encontrar empleo son prácticamente nulas, pero un sacerdote amigo de la familia le ofrece un trabajo en unos grandes almacenes de Brooklyn.

De este modo comienza el sueño americano para Eilis, que, como el resto de emigrantes, se encuentra con un panorama que dista mucho de ser idílico.

Miles de emigrantes desembarcaban a diario en el puerto de Ellis: irlandeses, italianos, polacos, judíos... cada grupo lleno de prejuicios y recelos hacia el resto, guardando las distancias para mantener su identidad. Algunos salían adelante, otros terminaban alimentándose en los comedores de caridad.

El racismo era aún descarnado, pero los negros habían pagado con su propia sangre algunos pequeños derechos, como comprar en los mismos almacenes (solo en algunos) que los blancos: "Puede que no nos gusten, pero los hombres negros lucharon en la guerra de ultramar y murieron igual que nuestros hombres. A nadie le importó su color cuando los necesitaron".

Las mujeres también comenzaban tímidamente a alcanzar su libertad. Lo habitual era que dejaran de trabajar al casarse, pero algunas comenzaban a reivindicar el derecho a un trabajo de media jornada.

Eilis se encuentra en un lugar lleno de prejuicios, debe trabajar muy duro, vive en una incómoda pensión de señoritas. Pero Tóibín sabe muy bien cómo era una joven irlandesa de los años cincuenta, y cuando la protagonista se deprime no es por las dificultades de su nueva vida, sino porque echa de menos a su familia, su pueblo... Ha comenzado el desgarro del emigrante, que Eilis superará estudiando contabilidad para progresar, porque la heroína de Tóibín es un modelo de esfuerzo y coraje. Posee una valentía discreta, sin aspavientos, pero poco a poco el lector se va dando cuenta de que pertenece a la casta de los que triunfan porque no cejan en el empeño.

Y cuando la vida discurre por su cauce y la joven irlandesa se ha enamorado de un chico italiano, de repente una tragedia familiar irrumpe en la novela como un crujido doloroso que parte la historia en dos. Eilis deberá viajar a Irlanda y tendrá que tomar una gran decisión: cumplir con lo que la familia espera de ella o volver a la vida difícil y dura de Brooklyn.

Tóibín organiza la historia en torno a pequeños microcosmos: la pensión de señoritas, los grandes almacenes, los bailes dominicales de la iglesia, la familia italiana. Todos estos escenarios se unen en un calidoscopio que ofrece una visión del Brooklyn de la época. Al mismo tiempo ofrece una visión panorámica del mundo tras la Segunda Guerra Mundial tan solo con unas pinceladas desperdigadas. Como ejemplo, el hecho curioso de que en los años cincuenta el Holocausto era prácticamente desconocido.

En cuanto a Eilis, su viaje, como todos, será iniciático. Ya nada será igual que antes. En la pensión le dan el cuarto del sótano y su llave, puesto que tiene entrada independiente desde la calle. Magnífica metáfora de lo que supone el sueño americano. Subir desde lo más bajo con las llaves de la libertad en el bolsillo.

 

COLM TÓIBÍN: BROOKLYN. Lumen (Barcelona), 2010, 256 páginas. Traductora: Ana Andrés Lleó.

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