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MUJERES QUE CUENTAN CRÍMENES: DOROTHY L. SAYERS

La maravillosa abuela del género negro

Cuando reseñamos la antología de Elizabeth George sobre las ‘Damas del crimen’ hicimos hincapié en el deslumbrante relato de Dorothy L. Sayers que la inauguraba. También subrayamos la formidable vigencia de su estilo, pese al olvido que pesa sobre esta primera gran contadora de crímenes de la Edad de Oro del género.

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Por razones difíciles de explicar, la segunda de estas fabulosas damas, Ngaio Marsh, ha tenido más suerte. Nunca ha dejado de reeditarse en inglés, y, para los lectores de lengua española, viene traduciéndose desde los años 30 hasta pasados los 80 de su siglo, tanto en América como en España. De Sayers yo no he encontrado nada en Iberlibro, vademécum de las librerías de viejo, aunque supongo que algún título se publicaría en vísperas o en las postrimerías de nuestra guerra civil. A lo peor, ni eso.
 
Sin embargo, por uno de esos azares no tan azarosos, es decir, porque de una u otra forma hay algo que flota en el ambiente y se manifiesta de pronto donde menos se espera, Editorial Lumen acaba de poner a la venta el primero de los volúmenes de lo que será una Biblioteca Dorothy L. Sayers, El misterio del Bellona Club, con un cuidado en las formas y un alarde de contenidos que honran la desacreditada y ya casi perdida profesión de editor.
 
Además de un buen ensayo de PD James sobre una de sus maestras, una introducción algo más flojita de Elizabeth George (que nos revela la existencia de una ignota serie televisiva sobre la obra de nuestra autora) y otro brillante ensayo de Sayers sobre Aristóteles y la novela policíaca, el editor nos ha facilitado una historia de su descubrimiento de Sayers, que parte de una referencia elogiosa del gran crítico Cyril Connolly (por cierto, tan curiosamente descrito en sus aficiones sadomasoquistas por Paul Johnson en Intelectuales). Sin embargo, era mucho más explícita al respecto PD James en sus memorias de un año tituladas La hora de la verdad, un libro valioso por sí mismo y también para esclarecer la genealogía del género literario más popular del siglo XXI. Que, casualmente, parece el mismo del siglo XX.
 
Sólo parece. Hoy, el héroe de una novela de serie negra es un policía o detective ex policía tirando a cincuentón, solitario, con problemas de alcoholismo, un divorcio traumático, un coche asmático, una hipoteca inextinguible, un sobrepeso visible y los problemas coronarios que acarrea la ingesta desordenada de rapideces grasientas, fumar cuando bebe, dormir a ratos y no tener nunca tiempo para cuidarse.
 
Detalle de la portada de EL MISTERIO DEL BELLONA CLUB.Ayer, es decir, antesdeayer, en tiempos de Sayers, ese conmovedor despojo humano con la halitosis vital del perdedor era todo lo contrario: un aristócrata inglés como Sir Peter Wimsey, con su incombustible mayordomo Buster al lado, que deslumbraba en el estilo de Sherlock Holmes a una policía demasiado rutinaria. En rigor, una generación después de Conan Doyle, ya no la humillaba mucho, sino que compartía con un policía una amistad a la inglesa (poco explícita) y una enemistad con la prensa en el desarrollo de una intrincada investigación por dentro y por fuera del Código Penal.
 
Wimsey sería hoy un detective insoportable: rico, apuesto, solterón, bibliófilo, pianista consumado, virtuoso de todos los esnobismos aristocráticos... un horror. Pero se salva porque en su exageración es auténtico, su humor es real, su forma de actuar es errática pero coherente en lo ético y lo estético, y porque su ambiente, todos los curiosos y estrambóticos personajes de su entorno, familiares y sociales, son interesantes. Vamos, que el personaje se salva porque su creadora es, como dice PD James, alguien que sabe escribir y escribir muy bien, cosa que puede decirse de muy pocos. 
 
Sayers es un personaje en sí misma: una de las primeras licenciadas por Oxford, traductora de Dante al inglés, de vida turbulenta en su juventud y pasión teológica en su madurez. En sus páginas aparece continuamente una forma inteligente de feminismo que, sin perder el humor, expresa con nitidez la humillante situación de las mujeres dentro y fuera del matrimonio, a través de unos diálogos crepitantes. Pero el escepticismo acerca de la naturaleza humana y, probablemente, un cierto sentido social y comercial limita su denuncia al desastre, sin llegar a la tragedia. Todo tiene una atmósfera tan grata que es imposible no dejar la novela antes de dormir con esa sonrisa del que sabe lo que debe pasar aunque no imagina cómo pasará, que es la garantía de la pervivencia del género.
 
Curiosamente, no es PD James la que hoy recoge en su obra el testigo de esta crónica de la aristocracia tolerable que de forma tan gentil nos regala Sayers, sino quizás Anne Perry, que no ahorra ya al lector el lado truculento y sórdido de aquel sistema atrozmente clasista y vilmente sexista. En primer lugar, porque así es hoy el género: salvaje y oscuro; en segundo lugar, porque el feminismo debe hoy ser más explícito; en tercer lugar, porque quizás hemos perdido de vista el aspecto moralmente curativo de la novela policial. El mismo que en sus memorias explica PD James. Ese que, entre Conan Doyle y Woodehouse, supo crear esta maravillosa abuela del género negro.
 
El misterio del Bellona Club, quizá su mejor obra, satisfará a todos los públicos y maravillará a los desavisados. Al lector severo le reconciliará, gracias a Lumen, hasta con los traductores al español de las editoriales barcelonesas. No se pueden pedir más milagros en una semana.
 
 
Dorothy L. Sayers, El misterio del Bellona Club. Lumen, 2005. 336 páginas.
 
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