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LA ECONOMÍA NO MIENTE

Manual de política posible (que aquí es prácticamente imposible)

El último libro de Guy Sorman tiene no pocos aciertos importantes, algunos errores de bulto y una virtud que me parece bastante reseñable: seguramente enfadará a muchos, a uno y otro lado del espectro ideológico, si bien los más vapuleados son, como era de esperar, los que todavía creen en los sistemas económicos planificados y en la intervención gubernamental masiva.

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No obstante, también algunos liberales se sorprenderán, y los habrá que lleguen a indignarse cuando lean a Sorman afirmar, tan campante: "A fin de preservar el librecambio es indispensable la intervención de los estados para gestionar las transiciones y compensar a los perdedores". Desde mi punto de vista, esta capacidad de enfadar a unos y a otros es más una virtud que otra cosa, pero no creo que se trate de algo buscado explícitamente por Sorman, sino que nace de su voluntad didáctica.
 
Porque La economía no miente puede ser leído más como un manual para políticos que como un ensayo político, un libro de texto que voluntariamente se decide por lo posible, por aquello que no resulta utópico, y por lo tangible: ofrece siempre un respaldo histórico a sus propuestas teóricas, recuerda y explica lo que ha pasado en diversos países (voluntariamente se escogen ejemplos de todas las culturas y latitudes) para demostrar la tesis central de estas páginas: la única política económica que funciona es la liberal, o lo que entiende Sorman por "política económica liberal" (eso sí, sin neos delante, conservadores detrás y demás apellidos distorsionantes).
 
Sólo dos sistemas, sólo uno funciona
 
La tesis central del libro vendría a ser que, tras el colapso del sistema socialista puro, sólo hay dos políticas económicas aplicables: una más socialdemócrata, con un grado mayor de intervención del Estado, y una abiertamente liberal, en la que el Estado cumple unas funciones mínimas pero imprescindibles. De hecho, Sorman considera liberales, en mayor o menor medida, prácticamente todas las economías occidentales, pero analiza y estudia las razones por las que unas funcionan mejor que otras, es decir, crecen más. Y ofrece este análisis con un buen puñado de ejemplos, tanto buenos: los dragones asiáticos, la India o Turquía, como los que señalan lo que no debe hacerse, entre los que brillan con luz propia Argentina (este capítulo es particularmente interesante: ¡los españoles tenemos tanto que aprender de los últimos decenios argentinos!), Rusia y, en no pocos aspectos, China.
 
Para cada uno de estos casos prácticos Sorman ha estudiado, se ha documentado y, sobre todo, ha hablado con expertos de gran relevancia, economistas de todo el mundo que han desarrollado las directrices teóricas de las políticas aplicadas, que han explicado los éxitos y los fracasos o que incluso se han encargado –desde elevadas responsabilidades gubernamentales– de poner en marcha lo que antes habían esbozado desde el plano académico.
 
No sólo eso, en muchas ocasiones Sorman da voz a visiones diferentes sobre el mismo problema, permitiendo así una discusión a distancia sobre la que él terciará más tarde (o no) pero que nos ofrece distintos puntos de vista con los que enriquecernos. Y así, de la confrontación de las historias de unos y otros obtenemos una conclusión bastante evidente: hay dos políticas, sí, pero la que realmente funciona es la liberal, con unas instituciones estables y sólidas, garantías para la propiedad privada, libre comercio, una moneda estable, posibilidades para la formación personal y la innovación empresarial...
 
Algunas políticas liberales...
 
La economía no miente tiene también algunos capítulos que resultarán de especial utilidad para los lectores que estén ávidos de herramientas dialécticas con las que defender sus ideas liberales, y más aún en un entorno como el español, en el que hablar de la privatización de las pensiones, del cheque escolar, de la legalización de las drogas o de la eliminación del salario mínimo puede ser considerado una auténtica herejía.
 
Las experiencias sobre el cheque escolar que se describen son francamente interesantes: se exponen varios casos y las razones por las que unos han tenido éxito y otros no tanto, así como las bases de las que debe partir el desarrollo de una experiencia de este tipo, que podría aplicarse con éxito en cualquier sitio. Bien explicado, el cheque es tan razonable que hasta para los más conspicuos estatistas resultará difícil encontrar objeciones válidas.
 
Al Gore.Hay un capítulo que muchos de los potenciales lectores del libro encontrarán blando, pero que resulta bastante útil y que es un buen ejemplo de esa confrontación de distintos puntos de vista de que hablaba antes: el dedicado al cambio climático. En él, Sorman destroza a Al Gore con la poca piedad que el apóstol del apocalipsis climático merece. Pero además de mostrar la falta de rigor y las mentiras de Gore, Sorman da voz a científicos tan lejanos en sus posiciones como Rajenda Pachauri, el director del IPCC, Nicholas Stern, autor de un ambicioso (en muchos sentidos) estudio sobre el impacto económico del cambio climático, o el llamado "ecologista escéptico", Bjorn Lomborg, la bestia negra de los apocalípticos del clima.
 
... y algunos errores
 
Hablábamos al principio de esta reseña de que Sorman ha cometido algunos errores de bulto, y supongo que esperarán que se los cuente, así que allá vamos.
 
He de admitir, no obstante, que el primero de ellos no es directamente imputable al autor (¿o quizá sí?), sino más bien una cuestión de mala suerte: resulta extremadamente chocante leer un libro sobre economía con una innegable relación con la actualidad pero en el que prácticamente no se hace mención a la crisis financiera que ha colocado a los principales países del mundo en recesión o al borde de la misma. En realidad, esta carencia no afecta a la base doctrinal del libro, por así decirlo, pero párrafos como éste:
Parece que desde entonces [los años 80] ya no existen ciclos verdaderos ni grandes crisis; las fluctuaciones de las cotizaciones de la bolsa, los accidente transitorios –como los que afectaron a los créditos hipotecarios en 2007– no son crisis, sino depuraciones del sistema que expulsan a las malas empresas y a las malas deudas. En Estados Unidos y en el resto del mundo desarrollado el crecimiento es lento y rápido, pero globalmente ininterrumpido. ¿Cuál es el motor de este crecimiento sin fin y sin precedentes?
resultan casi sonrojantes a estas alturas, aunque no seamos de los que piensan que la actual crisis es el fin del liberalismo, que hay que refundar el capitalismo y chorradas por el estilo. Esa ausencia, ese pasar por encima de la principal cuestión económica de los últimos años puede restar no poca credibilidad al libro.
 
Milton Friedman.Digo que quizá este error no pueda imputarse completamente a Sorman, ya que parece propiciado en buena parte por las fechas en que ha sido publicado en España, pero al mismo tiempo no podemos dejar de señalar que ya en enero de este año, cuando fue terminado, no pocos economistas estaban advirtiendo de los riesgos que se estaban corriendo.
 
Esta laguna es más sorprendente, si cabe, porque uno de los apartados más interesantes del libro es el dedicado a la necesidad de frenar la inflación y a la importancia de las políticas monetarias, en el que Sorman hace una encendida defensa de las teorías de Milton Friedman, cuyos seguidores han sido de los que primero y con más insistencia han advertido del vendaval económico que estaban causando la FED y el BCE.
 
Políticos con mucho que aprender
 
No es casual que La economía no miente se haya publicado en una editorial como Gota a Gota, que es parte de una fundación, la FAES, dedicada al análisis político y muy vinculada al desarrollo práctico de la acción política. Porque, como decía más arriba, parece un auténtico libro de texto para aquellos que quieran tomar las decisiones correctas, pero también para los que deseen explicarlas y los que quieran convencer a la opinión pública de que, más allá de unas etiquetas superficiales con poco más recorrido que el mitin dominguero o la demagogia parlamentaria, hay una manera correcta de hacer las cosas, que crea empleo y riqueza para todos, y otras incorrectas, que lo único que son capaces de generar es pobreza, paro y países que una y otra vez se despeñan por los mismos barrancos del populismo.
 
Lamentablemente, o mucho me equivoco o las interesantes enseñanzas que nos ofrece Sorman caerán en saco roto por estos lares. Me temo que ni siquiera tendrán mucho eco en ese partido tan cercano a la FAES y que cuenta, se supone, con algunos liberales.
 
 
GUY SORMAN: LA ECONOMÍA NO MIENTE. Gota a Gota (Madrid), 2008, 368 páginas.
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